Al abrir nuestros ojos, Señor, y contemplar un nuevo amanecer en nuestras vidas te damos gracias por esta nueva semana que iniciaremos; que ojalá lo hagamos en tu presencia, bajo tu bendición y protección. Que desde hoy y toda la semana tengamos sentimientos de entrega, disponibilidad, servicio y amor sobre todo con los enfermos y necesitados.
En la actualidad la medicina ha avanzado mucho y, cuando nos enfermamos, lo primero que hacemos es ir al médico, pero no podemos olvidar que Dios puede devolvernos la salud, por eso hay que acudir a Él con confianza. Además de las enfermedades del cuerpo existen otras enfermedades mucho más complejas y no tan fáciles de reconocer por quienes las padecen, son las enfermedades del alma.
No olvidamos, Señor, que hemos sido creados por y para Dios y nuestro corazón vive inquieto mientras no descanse en Ti, como escribió san Agustín; ansiamos ser felices, pero buscamos la felicidad donde no está, y en ocasiones nos dejamos atrapar por los espejismos de felicidad que nos conducen la mayoría de las veces a la insatisfacción y a desviar el camino.
Santa Escolástica, a quien celebramos, nos ayude en este día a tener la fe que tuvieron aquellos que, con sólo tocarte, quedaron sanos. Ayúdanos a encontrar el sendero del bien y a confiar muchísimo más en Ti. Señor, que podamos tocar al menos la orla de tu manto para encontrar en ti la salud integral y que aprendamos a ser solidarios como Tú con el que sufre. Permite, Señor, que nuestro optimista y esperanzador inicio de semana sea para cada uno de nosotros, fuente de Bendición. Nuestra Madre Santísima nos proteja y auxilie. Amén.
Feliz y santo inicio de semana.
PALABRA DEL PAPA
En el camino del Señor están admitidos todos: ninguno debe sentirse un intruso o uno que no tiene derecho. Para tener acceso a su corazón, al corazón de Jesús, hay un solo requisito: sentirse necesitado de curación y confiarse a Él. Yo os pregunto: ¿Cada uno de vosotros se siente necesitado de curación? ¿De cualquier cosa, de cualquier pecado, de cualquier problema? Y, si siente esto, ¿tiene fe en Jesús? Son dos los requisitos para ser sanados, para tener acceso a su corazón: sentirse necesitados de curación y confiarse a Él. Jesús va a descubrir a estas personas entre la muchedumbre y les saca del anonimato, los libera del miedo de vivir y de atreverse. Lo hace con una mirada y con una palabra que los pone de nuevo en camino después de tantos sufrimientos y humillaciones. También nosotros estamos llamados a aprender y a imitar estas palabras que liberan y a estas miradas que restituyen, a quien está privado, las ganas de vivir. (Francisco - Ángelus, 1 de julio de 2018)
ORACIÓN
Señor, tú eres el máximo ejemplo de sufrir por amor, y las enfermedades son una bendición que nos das para vivir lo que tú viviste, creer que están ahí porque te has fijado en nosotros y nos quieres decir o dar algo, es difícil de entender, porque nos preguntamos, si nos amas, ¿porque nos haces sufrir?, pero es ahí lo hermoso, es ver la enfermedad como un encuentro donde muchos se unen en oración en torno a nosotros que somos tu cuerpo, y que quienes nos quedamos aquí, es para dar testimonio de ti, y quienes parten a tu casa, es para verlos como unos santos, tenerlos en nuestros recuerdos, en nuestros corazones, aprender de ellos y confiar que algún día nos volveremos a ver, porque tú eres el camino y este es el caminar. Amén.
Reflexión (Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi)
A quienes tocaba quedaban curados. Ése es mi Señor, ése es nuestro Dios: no puede ver a gente sufrir, no a quien llega con el corazón herido, con el alma atribulada y necesitada de consuelo. Leemos que los enfermos salían a la calle y los ponían en la orilla para que Jesús pasara y aunque sea tocaran la orla del manto para ser curados.
Mi Jesús, aquí estoy, a tus pies, vengo enferma, vengo cansada, vengo débil, vengo atribulada; quizá algo herida, pero vengo con la certeza que Tú, mi Señor, regresarás el aliento a mi corazón y vida a mi alma; y si es lo mejor para mí, también salud a mi cuerpo.
Postrarme ante ti, para que puedas tocarme y sanarme. Recuerden, a quienes tocaba quedaban curados. Dejémonos tocar por el amor misericordioso de nuestro Señor.
