Al colocarnos en tus manos, Señor, e iniciar nuestras labores de este nuevo año que nos regalas, queremos experimentar tu presencia en nuestras vidas y hacer que todo lo realizado tenga tu bendición. Este día es el comienzo de una nueva siembra, una nueva semilla que tú nos quieres regalar y que sembraremos en nuestros corazones y el de nuestros hermanos. Haz que esta semilla vaya creciendo cada día porque te prometemos que la cuidaremos, la regaremos con agua de esperanza, le pondremos el abono de la caridad y la ternura de nuestras buenas acciones y servicios. Que al iniciar nuestras labores todas las podamos realizar con la plena conciencia que Tú nos regalas todos los talentos necesarios para nuestro diario vivir. Que seamos tu voz silenciosa y sencilla, pero que sea fuerte cuando la escuchen porque va llena de tu bondad, de compasión y perdón. Danos una fe viva y profunda, para que vivamos en Ti y nos sintamos cercanos en todo lo que decimos y hacemos, porque Tú eres nuestro Señor y nuestro hermano que nos amas. Fortalécenos en tu amor y bendícenos abundantemente.
Hoy, al celebrar a san Basilio y san Gregorio Nacianceno, permite que sean ellos nuestra fortaleza y testimonio de amor, entrega y disponibilidad.
Ayúdanos, Señor, e inspíranos con tu Espíritu para que nuestra oración llegue al Padre:
Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí, y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo. Y necesito darme, ponerme en tus manos sin medida, con una infinita confianza, porque Tú eres mi Padre. (Charles de Foucauld)
PALABRAS DEL PAPA
El Evangelio nos habla de Juan el Bautista (…) y nos lo describe como «voz del que grita en el desierto» (v. 3). El desierto, lugar vacío, donde no se comunica, y la voz, medio para hablar, parecen dos imágenes contradictorias, pero en el Bautista se conjugan. El desierto. Juan predica allí, a orillas del río Jordán, cerca del punto en el que su pueblo, muchos siglos antes, entró en la tierra prometida (cf. Jos 3,1-17). Haciendo así es como si dijera: para escuchar a Dios debemos volver al lugar en el que durante cuarenta años Él acompañó, protegió y educó a su pueblo, en el desierto. Este es el lugar del silencio y de la esencialidad, donde uno no puede permitirse entretenerse con cosas inútiles, sino que es necesario concentrarse en lo que es indispensable para vivir. Y esto es un reclamo siempre actual: para proceder en el camino de la vida es necesario despojarse del “demás”, porque vivir bien no quiere decir llenarse de cosas inútiles, sino liberarse de lo superfluo, para excavar en profundidad dentro de uno mismo, para captar lo que es verdaderamente importante ante Dios. Solo si, a través del silencio y la oración hacemos espacio a Jesús, que es la Palabra del Padre, sabremos liberarnos de la contaminación de las palabras vanas y de la palabrería. El silencio y la sobriedad –en las palabras, en el uso de las cosas, de los medios y de las redes– no son solo “adornos” o virtudes, son elementos esenciales de la vida cristiana. (Papa Francisco, Ángelus, 10 de diciembre de 2023)
ORACIÓN
Padre lleno de amor, que nos has dado como don tuyo a tu Hijo amado, te pedimos que nos conduzcas por medio del Espíritu Santo a la obediencia de la fe y profesemos, junto con toda la iglesia, que Jesús es Señor para gloria tuya y para bendición de todos los hombres que nos hemos adherido a él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Reflexión del Evangelio por Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo
En este pasaje que leemos hoy, vemos a los líderes religiosos preguntándole directamente a Juan el Bautista: ‘¿Tú quién eres?’ Me llama mucho la atención su honestidad y su humildad. Él no trató de adornarse o de hacerse pasar por alguien que no era. De hecho, fue muy claro al decir: ‘yo no soy el Cristo’.
Muchas veces nos preocupamos demasiado por nuestro prestigio o por lo que piensen de nosotros. ¿Te puedes imaginar cuánta paz tendríamos si dejáramos de intentar ser los protagonistas de nuestra vida y dejáramos que Jesús ocupara el lugar principal?
Finalmente, Juan muestra una humildad profunda al decir que no es digno ni de desatar la correa de las sandalias de Jesús. Al comenzar este año, esta actitud es clave para nosotros. Juan no se sentía menos por servir a alguien más grande que Él, al contrario, encontraba su propósito en eso. Nuestra realidad es que a veces nos falta esa humildad para reconocer que todo lo bueno que tenemos viene de Dios.
Que este año que empieza no se trate de que nosotros brillemos por nuestras fuerzas, sino que Jesús brille a través de nosotros. Que seamos como Juan, personas que sean la voz, que anuncien y den testimonio de Cristo con su forma de vivir, reconociendo que Él es el único que puede salvarnos.
Pregunta:
¿Cómo puedo ser una voz que señale a Cristo en mi familia, comunidad o entorno?

