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1-ene.-2026, jueves de la Octava de Navidad

Solemnidad de Santa María, virgen, Madre de Dios

Feliz Año Nuevo a todos ustedes.

Que la gracia y la paz de Dios nos acompañe a lo largo de todo el año que hoy comenzamos y que Tú, Señor, estés siempre con nosotros. 

Hoy comenzamos un nuevo año y sinceramente nos deseamos unos a otros todas las bendiciones: buena salud, bienestar, armonía en la familia, felicidad. En este día, al celebrar la solemnidad de María, Madre de Dios, incluimos también, con esperanza e insistencia, deseos y plegarias por una verdadera paz, profunda y duradera, en cada una de nuestras vidas y familia acosados muchas veces por el egoísmo, la indiferencia y la soledad. 

Madre de ternura y amor, que nos das a tu Hijo, Príncipe de la Paz, intercede por nosotros y danos ocasión de vivir en sentido de justicia y unidad, de perdón y aceptación mutua. Danos la gracia de tu auxilio para que podamos vivir intensamente a través de este año momentos de servicio, entrega y solidaridad, de fraternidad y comprensión, tanto en nuestros hogares como en nuestros sitios de trabajo y en nuestra comunidad. 

Señor nuestro, al iniciar este camino, te suplicamos que seas la luz que ilumines nuestros momentos de oscuridad que te pedimos sean mínimos. Que seas la fuente de agua viva donde podamos calmar nuestra sed de amor y solidaridad. Que seas la Roca que nos dé fortaleza ante nuestras debilidades. Que tu corazón nos inspire para realizar las obras que coloques en nuestras manos y que ante todo cumplamos la voluntad del Padre de amarnos como Tú nos amas. 

Iniciamos nuestra travesía de 365 maravillosos y esperanzadores días, colocándonos en tu presencia y pidiendo en cada uno de ellos tu santa bendición y tu grata compañía. Que cada palabra sea inspirada en Ti, cada acción sea generosa y que el amor sea el aliciente necesario para HABLAR BIEN DE TODOS, HACER EL BIEN A TODOS, Y PENSAR BIEN DE TODOS. 

Un muy feliz, santo e inspirador inicio de año. 

Tomando las palabras de Moisés a Aarón, seamos bendecidos en este día: «El Señor te bendiga, te guarde y te proteja, ilumine su rostro sobre ti, guíe tus pasos, y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz, te colme de sabiduría e inteligencia». Amén 

ORACIÓN 

 Absortos en el «misterio» a maría festejamos, la «madre de Dios», tallada por el espíritu santo. Y recordamos con gozo al niño «circuncidado», a quien pusieron por nombre «Jesús», en «sangre» bordado. María madre apretó al Dios-hombre entre sus brazos. También nos lleva a sus hijos agarrados de su mano. Si la invocamos con fe siempre estará a nuestro lado: nos sana con sus palabras y con besos de sus labios. El nombre «Jesús» indica: «Dios nos salva del pecado». Para nosotros, Jesús es salvación, don, regalo … Jesús es luz en la noche, alegría en el trabajo, amor en la soledad y paz en nuestros enfados. Señor, ¡que, en el año nuevo, vivamos acompañados por maría, nuestra madre y por Jesús, nuestro hermano! (Compuso estos versos José Javier Pérez Benedí) 

Santísima Madre de Dios, Santa María, tú que fuiste elegida para ser la cuna del Verbo Eterno. Te aclamamos y te honramos en este primer día del año.

Te pedimos que, como Madre amorosa, intercedas por nosotros ante tu Hijo Jesús. Que tu ejemplo de fe inquebrantable nos impulse a decir «sí» a la voluntad de Dios en nuestras vidas, incluso cuando no comprendamos plenamente su camino.

Madre, al comenzar este nuevo año, te confiamos nuestros planes, nuestras alegrías y nuestras preocupaciones. Cúbrenos con tu manto protector para que caminemos seguros bajo la mirada de tu Hijo. Ayúdanos a crecer en sabiduría, edad y gracia, como Él lo hizo en Nazaret.

Que tu intercesión nos mantenga firmes en la esperanza y nos guíe hacia la santidad. Amén. 

Reflexión del Evangelio fue escrita por P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo 

María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. María, la Madre de Dios, contemplaba silenciosamente la grandeza del misterio del que, por voluntad divina, fue hecha parte. Después de dar a luz a su Hijo y su Dios, en condiciones de extrema precariedad, junto a San José, acoge a los pastores y escucha de ellos cómo, frente a la humana sencillez del alumbramiento, la gloria de Dios se les había manifestado para anunciarles la grandeza del misterio que estaba aconteciendo. 

El Cristo que todo Israel esperaba era su Hijo, los pastores ya lo sabían y lo anunciaban, los ángeles lo proclamaban Señor y Salvador y el cielo entero glorificaba a Dios por el nacimiento de Jesús.

Cuánto contraste, cuántas aparentes contradicciones: las cortes celestiales proclamaban la gloria del Verbo encarnado, cuando lo que humanamente se percibía era la precariedad en su máximo esplendor; el Rey del universo tenía por trono un abrevadero de animales de granja. ¿Qué querría comunicar Dios con todo eso? ¿Cuál iría a ser el destino de su Hijo? ¿Cómo sucedería la salvación? ¿Qué habría visto Dios en ella y en san José para hacerlos partícipes del acontecimiento central de la historia humana? 

Dios te invita a decirle siempre "sí" al Señor, aunque no lo entiendas todo, Dios te pide valorar lo que te regala en el cumplimiento de su voluntad, a contemplar desde el silencio cómo Dios va obrando de maneras misteriosas y cómo la gloria de Dios se manifiesta en lo sencillo de la vida vivida con Cristo. Dios te invita a atesorar su obra en tu vida y en la vida de los que te rodean y a guardarlo en tu corazón. 

He aquí otro punto importantísimo: guardarlo todo en tu corazón. Y es que muchas veces somos de memoria corta y, aunque hemos sido testigos de la presencia y acción de Dios en nuestra vida, fácilmente olvidamos lo sucedido, lo que hemos visto, tocado y experimentado. Pero María nunca olvidó, guardó y atesoró todo lo que Dios hacía a su alrededor y, justamente eso, fue lo que la capacitó para estar siempre con Jesús; eso fue lo que la capacitó para acompañar a Cristo, incluso en el doloroso momento de la cruz. 

Así que ya sabes, para poder estar siempre con Jesús y acompañarlo o dejarte acompañar por Él, como María, guarda y medita con el corazón toda la obra de Dios en tu vida.  

Pregunta:

¿Guardo y medito la Palabra de Dios en mi corazón o la olvido con facilidad?

 

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gál 4,4).
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.