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16-feb.-2026, lunes de la 6.ª semana del T. O.

Es Cristo, quien vuelve todas las cosas de la Creación más maravillosas, es la razón de nuestra esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Él es fiel.

Un nuevo amanecer, una nueva semana, nuevas expectativas y quizá nuevos caminos. Permite, Señor, que iniciemos esta nueva semana llenos de fe lo hagamos, de esperanza y, ante todo, llenos de tu presencia. Danos la paciencia y la perseverancia para que todas nuestras buenas acciones sean bendecidas en tu nombre y no permitas, Señor, que nuestra falta de constancia nos lleve a un camino de debilidad o de pesimismo; al contrario, que confiando en ti podamos realizar las obras que tú nos regalarás durante esta semana; que no pidamos más signos que tu presencia ni más señales que las de tu amor; y, ante todo, Señor, que no te pidamos más que los dones de la sabiduría y de la inteligencia para poder realizar nuestras labores. 

Hoy con mucha alegría vamos a retomar el camino que traemos, pero ayúdanos a no caer en negativismos ni en angustias. Perdónanos porque por nuestra fe débil pedimos a veces señales y milagros. Sabemos que tú eres nuestro Señor y Salvador. Danos ojos de fe para percibir el signo de que tú estás con nosotros en tu palabra. Purifica nuestra confianza en ti para que logremos madurar en nuestra fe. 

Sea el inicio de este día y de esta semana un motivo muy especial para poder servir amando y guiar reconciliando. Los santos Cirilo y Metodio nos den también la capacidad de vivir la felicidad de tu seguimiento.  En Ti confiamos y en Ti esperamos. Amén. 

Feliz y santificado inicio de semana. Nuestros signos y señales sean la humildad la sencillez el servicio y el amor. Los abrazos y los bendigo. Feliz lunes. 

Meditación del papa Francisco

Cuando Jesús cura el sábado la mano paralizada de un hombre, lo que provocó la condena por parte los escribas y fariseos. Con su milagro Jesús libera la mano de la enfermedad y demuestra a los "estrictos" que el suyo "es el camino de la libertad". Libertad y esperanza van de la mano: donde no hay esperanza no puede haber libertad. Jesús libera de la enfermedad, del rigor y de la mano paralizada de aquel hombre; recupera la vida de estos dos, las hace de nuevo.

Jesús, la esperanza, rehace todo. Es un milagro constante. No sólo hizo milagros de curación, sino tantas cosas: estas eran solo signos, señales de lo que está haciendo ahora, en la Iglesia. El milagro de volver a rehacer todo: lo que Él hace en mi vida, en tu vida, en nuestras vidas. Reconstruir. Y Él rehace la razón de nuestra esperanza. Es Cristo, quien vuelve todas las cosas de la Creación más maravillosas, es la razón de nuestra esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Él es fiel. Él no puede negarse a sí mismo. Esta es la virtud de la esperanza. (S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2013, homilía en Casa Santa Marta). 

ORACIÓN 

Señor mío, ayúdame a demostrarte mi fe a través de mis buenas obras. Yo quiero ser un hombre de fe y al mismo tiempo quiero ayudar a mis hermanos a crecer en la fe. Tú sabes, Señor, que sin el don de la fe nos convertimos en náufragos y nos alejamos del puerto seguro de tu amor. «La falta de fe en Dios, la pérdida del sentido de Dios que lacera nuestro mundo, las percibo y vivo como la indigencia mayor, la amenaza más grave y de más desastrosas consecuencias para nuestro tiempo» (Card. Antonio Cañizares, Discurso en la universidad católica de Valencia, 10 de diciembre de 2010). Dios mío, ayúdame a entender que la fe no es esperar que se cumpla lo que yo quiero o lo que me resulta más fácil sino aceptar tu voluntad con amor y profundo sentido sobrenatural.

Reflexión (Catholic.net)

Nuestra vida está llena de señales que nos hablan de la presencia de Dios. Cuando somos hombres de fe resulta fácil encontrar a Dios en la belleza de una rosa y en la majestuosidad de un paisaje. Sólo con la fe estaremos en grado de ver a Jesucristo en el rostro de nuestros hermanos. La fe nos lleva a dejar las diferencias y las asperezas en el trato con el prójimo. Nuestras relaciones con las demás personas deben estar impregnadas de una profunda fe, pues, cada ser humano es la señal más grande de la presencia de Dios en mi vida.

"Uno puede incluso tener una recta fe en el Padre y en el Hijo, como en el Espíritu Santo, pero si carece de una vida recta, su fe no le servirá para la salvación" (San Juan Crisóstomo).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.