Domingo, día del señor, día que nos prepara a una nueva semana que iniciaremos con mucha esperanza, porque nos abre un nuevo tiempo en nuestra vida de Iglesia, como el tiempo de la Cuaresma; tiempo para prepararnos y abrir nuestro corazón y tener sentimientos de generosidad de reconciliación y ante todo de comprensión.
Hoy en tu palabra nos invitas a cumplir el mandato del amor: «si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante, fuego y agua. Extiende tu mano a lo que quieras ante los hombres está la vida y la muerte y a cada uno se le dará lo que prefiera». Son palabras que nos hacen reflexionar y pensar el camino que cada uno de nosotros hemos escogido el camino de la vida, del bien, de la entrega, de la disponibilidad y la respuesta que recibimos en el salmo 118: «dichoso el que camina en la ley del señor».
Este pasaje nos recuerda la radicalidad en tu seguimiento; es muy parecido al momento en que nos dices: «Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, es decir, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca». (cf. Ap 3, 16). Ésta es una clara invitación a la coherencia de vida. Ahora nos regalas un tiempo propicio para la reflexión en el camino que hemos de seguir, que iniciaremos en la Cuaresma. Es una bella ocasión y un momento adecuado para definir el camino que hemos de seguir teniendo muy en cuenta tus palabras: «habéis oído…. Pero yo os digo…». Siguiendo tu divina voluntad y la del Padre celestial, nos colocamos en tus manos y te pedimos que el Espíritu Santo nos regale los dones de la sabiduría, de la inteligencia y del discernimiento. Amén.
Un muy feliz y esperanzador domingo, lleno de amor y de deseos de seguir tus caminos.
PALABRA DEL PAPA
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 5, 17.20). Pero ¿en qué consiste esta «plenitud» de la Ley de Cristo, y esta «mayor» justicia que él exige? Jesús lo explica mediante una serie de antítesis entre los mandamientos antiguos y su modo proponerlos de nuevo. Cada vez comienza diciendo: «Habéis oído que se dijo a los antiguos...», y luego afirma: «Pero yo os digo...». (…) Y así seis veces. Este modo de hablar suscitaba gran impresión en la gente, que se asustaba, porque ese «yo os digo» equivalía a reivindicar para sí la misma autoridad de Dios, fuente de la Ley. La novedad de Jesús consiste, esencialmente, en el hecho que él mismo «llena» los mandamientos con el amor de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en él. Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que nos hace capaces de vivir el amor divino. Por eso todo precepto se convierte en verdadero como exigencia de amor, y todos se reúnen en un único mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo. (Benedicto XVI - Ángelus, 13 de febrero de 2011)
Oración – Responder al Señor
Señor Jesús, reconozco que muchas veces cumplo por fuera mientras mi corazón permanece endurecido. Dame un corazón nuevo, capaz de amar sin medidas, de vivir la verdad con misericordia y de dejarme purificar por tu Palabra en lo más profundo de mi interior. Amén.
La propuesta de Jesús para la ley es una invitación a dejar que Jesús toque primero nuestro corazón y nos haga descubrir nuestras intenciones, lo profundo, aquello que puede incluso ser una herida que se manifieste con agresiones de todo tipo.
Meditación – ¿Qué me dice el Señor?
Jesús me revela que la santidad no es una suma de normas, sino una coherencia interior, una vida unificada, donde corazón, palabra y obras caminan en la misma dirección.
No basta no matar: ¿qué hago con la ira, con el desprecio, con la palabra que hiere? No basta la fidelidad exterior: ¿qué lugar ocupan mis deseos, mis miradas, mis afectos? No basta cumplir lo justo: ¿busco la reconciliación o me conformo con tener razón? No basta decir la verdad bajo juramento: ¿mi palabra es limpia, sencilla, fiable?
«Poned los ojos en el Crucificado, y haráseos todo poco» (Santa Teresa de Jesús). Mirar a Cristo para aprender mansedumbre y verdad.
«Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas» (San Juan de la Cruz) La verdad purifica, libera del engaño.
