Sintiendo todavía el espíritu de la Navidad, celebramos hoy la fiesta de tu bautismo. En la Navidad, te manifestaste como un niño, el Hijo de Dios. En la fiesta de Epifanía te manifestaste a los gentiles como el Salvador de todos. Hoy, en la fiesta de tu Bautismo, te nos revelas como el Hijo amado intensamente por el Padre celestial, acogiendo al Espíritu Santo que viene a morar y a guiarte en tu nueva misión pública. Te pedimos que nos hagas conscientes de cómo también nosotros, por medio de nuestro propio bautismo, somos hijos queridos del Padre, y cómo el fuego del Espíritu debe inflamarnos para continuar tu misma misión.
Cólmanos con el Espíritu Santo que te guio y te fortaleció en todos los momentos de tu vida. Que ese mismo Espíritu nos haga libres para servirte a ti y para servir a nuestros hermanos con un amor desinteresado, generoso y agradecido. Gracias al Padre celestial y a Ti, por hacernos hijos de adopción y herederos del Reino de la Verdad y del amor. Gracias al Padre que nos sigue mirando con ojos de ternura a pesar de nuestras debilidades. Guía nuestros pasos y coloca tus palabras en nuestros corazones para llevar el gozo que sentimos también a nuestros hermanos. Bendícenos abundantemente en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Feliz y santificado domingo.
PALABRA DEL PAPA
Esta fiesta nos hace redescubrir el don y la belleza de ser un pueblo de bautizados, es decir, de pecadores —todos lo somos— de pecadores salvados por la gracia de Cristo, inseridos realmente, por obra del Espíritu Santo, en la relación filial de Jesús con el Padre, acogidos en el seno de la madre Iglesia, hechos capaces de una fraternidad que no conoce confines ni barreras. Que la Virgen María nos ayude a todos nosotros cristianos a conservar una conciencia siempre viva y agradecida de nuestro Bautismo y a recorrer con fidelidad el camino inaugurado por este Sacramento de nuestro renacimiento. Y siempre humildad, docilidad y firmeza. (Francisco - Ángelus, 8 de enero de 2017)
ORACIÓN
Dios Padre, en el Bautismo de tu Hijo, nos revelaste el misterio de nuestra propia filiación. Te damos gracias por el don del Espíritu Santo que descendió sobre Jesús y que también recibimos en nuestra agua bautismal.
Señor, ayúdanos a recordar siempre quiénes somos a tus ojos: hijos amados, en quienes Tú te complaces. Que el Espíritu Santo nos guíe para que vivamos cada día en obediencia y amor a tu voluntad, como lo hizo Jesús al iniciar su misión.
Que la voz del Padre resuene en nuestros corazones, confirmándonos en nuestra fe y dándonos el valor para seguir a Jesús en su camino de servicio y amor. Amén.
Reflexión del Evangelio por Pbro. Ernesto María Caro
El bautismo de Jesús nos deja ver que éste es para Él, como ha de serlo para nosotros, el inicio de una misión; este es el primer acto de una obediencia filial perfecta al Padre, que a Jesús lo llevará hasta la cruz.
Hoy, en esta fiesta del bautismo del Señor, Él nos pregunta, a propósito de nuestro bautismo: ¿estás dispuesto a sumergirte en las aguas de su voluntad, como Él lo hizo? Es que el bautismo es el momento en el que el bautizado entra de lleno en la alianza del Señor y se compromete, como Jesús, a obedecer a Dios.
Vemos cómo, ante la negativa de Juan de bautizarlo, Jesús replica: ‘Es necesario que cumplamos todo lo que Dios quiere’. Hoy es necesario que cada uno recuerde que en el bautismo nos hemos comprometido a cumplir la voluntad de Dios, aun cuando esto pueda llevarnos a sufrir humillaciones y rechazo de la sociedad.
Y es que el texto original dice: ‘Porque es conveniente que así cumplamos toda justicia’ Esta justicia a la que se refiere Jesús no es un legalismo frío, sino fidelidad total a la voluntad de Dios. Solo en esta obediencia podremos ser parte del misterio de Dios en el mundo. Es, pues, la invitación a participar con Él en el misterio de la redención de la humanidad. Unámonos a esta voluntad salvífica, viviendo siempre conforme a la voluntad de Dios.
Y recuerda, tu bautismo no fue solo un rito vacío, sino un compromiso claro y patente con el cual te comprometías a obedecer a Dios, aun cuando esto pudiera traer problemas a tu vida.

