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10-ene.-2026, sábado después de la Epifanía del Señor

... en los pobres, en los enfermos, en los encarcelados, en los refugiados: ellos son carne viva del Cristo que sufre e imagen visible del Dios invisible.

Termina una nueva semana para nosotros y hoy nuestros sentimientos son de agradecimiento por lo concedido durante estos días. Hemos compartido momentos de alegría, de satisfacción y momentos difíciles pero que hemos superado gracias a tu presencia y fortaleza. 

Gracias por el ejemplo y testimonio de Juan Bautista que nos enseña que tenemos que imitarlo en su empeño de que Tú eres “el que tiene que crecer y nosotros menguar”. Nunca nos hemos de predicar a nosotros mismos sino a Ti. No somos superiores a tu amor y menos en tu presencia ya que hemos sido llamados a ser tus discípulos servidores en humildad y sencillez y no tener más sentimientos que de amor, entrega y servicio. Gracias, Señor, por estos días de descanso que nos ayudan a reponer fuerzas y tener fortaleza para realizar tus buenas obras y acciones. Guárdanos y protégenos en tu amor y tu bondad. Amén. 

Un muy feliz sábado y prolongado descanso. 

Palabra del Papa

Este disminuir de Juan el Grande, continuamente hasta la nada, me hace pensar que estamos sobre este camino y vamos hacia la tierra donde todos terminaremos. También yo terminaré. Todos terminaremos. Ninguno tiene la vida ‘comprada’. También nosotros, queriendo y no queriendo, vamos sobre el camino de la aniquilación existencial de la vida, y esto, al menos a mí, me hace rezar que este aniquilamiento se parezca lo más posible a Jesucristo, a su aniquilación. «Así la tierra se ha convertido en la casa de Dios entre los hombres y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de encontrar al Hijo de Dios, experimentando todo el amor y la misericordia infinita. Lo podemos encontrar realmente presente en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en particular en los pobres, en los enfermos, en los encarcelados, en los refugiados: ellos son carne viva del Cristo que sufre e imagen visible del Dios invisible. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 6 de febrero de 2015, en Santa Marta y Angelus, 11 de enero de 2015).

ORACIÓN 

Dios de toda gracia, te damos gracias por la vida de Juan el Bautista, quien nos enseñó la verdadera medida del servicio.

Señor, te pedimos el don de la humildad para reconocer que tu obra es más importante que nuestro propio protagonismo. Ayúdanos a alegrarnos sinceramente cuando vemos que otros son bendecidos o que tu reino avanza a través de medios que no son los nuestros.

Concédenos el espíritu de desprendimiento, para que estemos dispuestos a "menguar" en nuestra vanidad, ambición o deseo de reconocimiento, para que Jesús crezca en el centro de nuestras vidas, nuestras familias y nuestra comunidad. Amén. 

Reflexión del Evangelio por P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo

Es necesario que él crezca y que yo venga a menos. Cuántas veces hemos oído esta cita o este Evangelio y, aunque nos gusta, no somos capaces de dar pasos concretos para que Cristo crezca y nosotros vayamos a menos. Ésa es la gran enseñanza de san Juan el Bautista; él fue llamado por el Padre para preparar la venida de Cristo y, cuando Cristo inició su ministerio, san Juan no se llenó de celos ni trató de reivindicar la importancia de su ministerio, no quiso hacer un grupo paralelo al de Jesús por miedo a pasar a ser insignificante para los judíos. Juan lo tenía claro, había llegado el momento de que Cristo creciera y él viniera a menos, y se alegraba con ello.

¿A ti te queda clara la grandeza de Cristo o has hecho de Él un amigo a tu imagen y semejanza? ¿Te queda claro que todo fue creado por Él y todo se mantiene en Él o crees que su persona es importante, pero no fundamental? ¿Te queda claro y has asumido que, tu vida sin Cristo y sin estar enfocada en Él y regida por Él, pierde todo sentido y consistencia?

A veces parece que estamos jugando a las vencidas con el Señor o que estamos en competencia para ver quién es más importante, para ver si su voluntad o la nuestra es la mejor y la que nos hace más plenos; o si estamos en grupos de Iglesia, a veces nos olvidamos del Señor y buscamos estar en el primer lugar.

Pero, san Juan lo tenía claro, era tiempo de que Cristo creciera y él viniera a menos y es que para eso, no solo él, sino todos nosotros, hemos venido al mundo: para despojarnos de nuestro ego y para llenarnos de Cristo, de su amor, de sus criterios y de su persona. 

Hoy te invito a reconocer cuáles son las áreas de tu vida en las que no quieres que Cristo entre o reine y puedas hacer un acto de liberación, de despojo y de amor, pidiéndole al Señor que Él sea el amor de tu corazón y que sus criterios, sus miradas y sus palabras sean las tuyas; que Él crezca en ti y en todos los tuyos. Que Él crezca en el mundo y en la Iglesia y que el mundo y los hombres y mujeres de Iglesia, disminuyan y se ordenen a Cristo. 

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.