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8-abr.-2026, miércoles de la Octava de Pascua

No lo olviden: La voluntad de Dios es nuestra felicidad

Alegría, gozo y felicidad en esta mañana que nace para nosotros por bondad y misericordia de nuestro Padre celestial.

Del mismo modo que con los discípulos de Emaús, a nosotros nos puede pasar que estemos como peregrinos desalentados, sin ilusión, incapaces de reconocer tu presencia en el camino cotidiano de nuestra vida —mientras viajamos, comemos, conversamos con extraños o con amigos—. A causa de la tristeza y de la decepción, tenemos poca esperanza, cerramos los ojos del corazón, somos indiferentes… Sin embargo, nuestro corazón arde cuando somos cuestionados por tus palabras y por tu presencia. A partir de ello, podemos reconocerte en nuestros hermanos para ser hombres y mujeres de esperanza. Te reconoceremos también al partir y repartir el pan, al amar y servir, al compartir. 

Hay situaciones dolorosas y penosas que nos hacen pedir un milagro, aunque a veces no nos damos cuenta de que el milagro más grande está en nosotros mismos, gracias a la fe y la esperanza, en nuestra confianza en ti. Ayúdanos a entender que también hoy sigues haciendo prodigios, que no nos abandonas, sino que a través de la oración y la fe nos socorres con intervenciones extraordinarias, pero las haces, como lo atestiguan las hermosas y confiadas palabras de Pedro: «no tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesús Nazareno levántate y anda»

Gracias por caminar a nuestro lado, por ser el compañero ideal, por darnos esperanzas y ante todo hacer arder nuestros corazones con tu presencia en nuestras vidas: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?» A ti te alabamos, te bendecimos y te damos gracias. 

Un muy esperanzador miércoles de servicio, generosidad y solidaridad. 

Palabra del Papa

El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna les ayudará a conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús, la voz de Jesús hará arder su corazón y les abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas. Algunos de ustedes sienten o sentirán la llamada del Señor al matrimonio, a formar una familia. Hoy muchos piensan que esta vocación está «pasada de moda», pero no es verdad. Precisamente por eso, toda la Comunidad eclesial está viviendo un período especial de reflexión sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Además, les invito a considerar la llamada a la vida consagrada y al sacerdocio. Qué maravilla ver jóvenes que abrazan la vocación de entregarse plenamente a Cristo y al servicio de su Iglesia. Háganse la pregunta con corazón limpio y no tengan miedo a lo que Dios les pida. A partir de su «sí» a la llamada del Señor se convertirán en nuevas semillas de esperanza en la Iglesia y en la sociedad. No lo olviden: La voluntad de Dios es nuestra felicidad. (S.S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).

ORACIÓN 

Señor, hoy sigues caminando conmigo aun cuando no logro reconocerte. Como aquellos discípulos en el camino de Emaús, muchas veces avanzo con dudas, cargando tristezas y preguntas sin respuesta, olvidando que Tú estás a mi lado, sosteniendo cada paso. Abre mis ojos para descubrirte en cada gesto de amor. Quédate conmigo cuando el cansancio aparece, cuando la fe parece debilitarse. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-23-de-abril-de-2025 

San Lucas, en una espléndida catequesis, nos hace ver la situación de una comunidad que no se ha encontrado vitalmente con Jesucristo y otra que ha experimentado la fuerza y el poder del Señor Resucitado. Y nos habla de cuatro presencias del Resucitado.

1.– En el diálogo. Aquellos discípulos iban caminando y, como dice el texto original, “iban buscando juntos”.  Si de corazón buscamos la verdad y no “mi verdad”; si acepto que la Verdad Absoluta sólo la tiene Dios y nosotros estamos sembrados de verdades; si estamos dispuestos a aceptar la verdad del otro hasta el punto de decir: estaba equivocado; si acepto democráticamente la opinión de la mayoría, en ese diálogo sincero está presente el Señor.

2.– En la Palabra de Dios. Una palabra que está en la Biblia y a través de la oración pedimos que el Espíritu Santo nos ayude a profundizar en ella y abrirnos a su profundo significado. Si nos dejamos interpelar por ella, sentiremos, como los discípulos de Emaús, que “nuestro corazón arde por dentro”.  Y en ese fuego interior descubriremos que está presente el Señor.

3.– En la “fracción del pan”. Si acudimos a la Eucaristía, no a recitar de rutina credos ya sabidos, sino a hacer presente el gesto de Jesús de “partir el pan” y nos comprometemos a darnos, a entregarnos, a vivir desviviéndonos por nuestros hermanos, especialmente por los más débiles y necesitados, podemos estar seguros de que está presente el Señor.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.