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4-jun.-2026, martes de la 9.ª semana del T. O.

Hoy te damos gracias por tu amor, tu bondad y misericordia, por este nuevo día en el que esperamos vivir de acuerdo con tu voluntad y al gran amor que

Hoy te damos gracias por tu amor, tu bondad y misericordia, por este nuevo día en el que esperamos vivir de acuerdo con tu voluntad y al gran amor que nos regalas. Gracias, Señor, por esa palabra que nos impulsa a seguir creyendo y esperando en ti. Ayúdanos a comprender que nuestra oración no sea poética y gustosa, sino como la tuya en el Huerto de Getsemani: angustiada, gritada y en medio de lágrimas, porque Dios no es sordo a nuestras súplicas. Él nos escucha y está cerca de nosotros. Danos la fortaleza de Espíritu para que te amemos con el amor que esperas de nosotros: amor de fe, de esperanza y caridad; de consuelo, fraternidad y solidaridad. Que te amemos con todas las fuerzas de nuestro corazón y a nuestros hermanos de la misma manera. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén. 

Un muy amoroso, servicial y confiado jueves vocacional. 

Palabra del Papa

Para conocer a Dios nuestro intelecto, la razón, es insuficiente. Dios se conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón no basta. Hace falta algo más: ¡Dios es amor! Y sólo por el camino del amor puedes conocer a Dios. Amor razonable, acompañado de la razón. ¡Pero amor! ‘¿Pero ¿cómo puedo amar lo que no conozco?’; ‘Ama a los que tienes cerca’. Y esta es la doctrina de los dos mandamientos: El más importante es amar a Dios, porque Él es amor; Pero el segundo es amar al prójimo, pero para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: es decir, a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor. Sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a este amor. Es por eso por lo que debemos amarnos los unos a los otros, porque el amor es de Dios y quien ama ha sido engendrado por Dios. Para conocer a Dios hay que amar. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 8 de enero de 2015, en Santa Marta).

¿Pero ¿cómo puedo amar lo que no conozco?; Ama a los que tienes cerca
ORACIÓN 

Señor, hoy llego a la oración consciente de que se trata de un tema muy importante: el amor. En otros temas, me puedo permitir el lujo de equivocarme, pero en este, no. Dame la gracia de entender que no se pueden vivir estos mandamientos por separados. Son como vasos comunicantes y si sube uno debe ponerse el otro al mismo nivel. Nunca como aquí la ascética debe ir penetrada de la mística. Dejarme amar por Ti es mística, me encanta; amar a los demás sólo con un amor humano, es ascética, me cuesta, me cansa. Sólo puedo amar de corazón a los hermanos cuando me he sentido antes amado por Ti. Que yo no rompa lo que Tú has unido.

Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-4-de-junio-de-2026

En el evangelio se nos habla de dos mandamientos: el amor a Dios y el amor al hombre. Estos dos mandamientos estaban ya en el A.T., pero en libros distintos. El primero [está en] el famoso Shemá que recita todo judío al levantarse: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt. 6,5). El segundo se encuentra en el libro del Lev. 19,18: «Amarás al prójimo como a ti mismo».  Y nos preguntamos: Si ya existían estos dos mandamientos en el A. T. ¿qué novedad aporta Jesús? La gran novedad consiste en juntarlos. de modo que se haga entre ellos una especie de “vasos comunicantes”. ¿Crece el amor de Dios? Automáticamente crece el amor a los hermanos. Y, al contrario. Desde ahora ya no se puede amar a Dios sin amar también al hombre. Y si no basta amar a Dios con el corazón sino con todo el corazón; si no basta amar a Dios con el alma, sino con toda el alma; si no basta amar a Dios con desgana sino “con todas las fuerzas”, el amor a los hombres debe también tener estas mismas características. Y nos preguntamos: ¿es esto posible? Desde un punto de vista humano no es posible. Necesitamos que Dios nos ayude. Necesitamos que sea el mismo Jesús quien nos ayude a amar como Él nos amó. Por eso los cristianos no amamos para ser amados, sino porque somos amados.  Sólo cuando “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Ro. 5,5) estamos capacitados para amarnos “como Él nos amó”.

El salmista nos habla de un cántico nuevo.  A nuestro Dios no le va lo viejo, lo cansado, lo aburrido. Al salmista le pone un cántico nuevo. Quiere que su Dios le sepa a nuevo cada día, que no se quede viejo en sus manos, que cada día que amanece esté cargado de sorpresas. Nos preguntamos: ¿Qué género de canto pondrá Dios en boca del salmista? El único canto que Dios sabe cantar es el canto del amor: «Voy a cantar un canto de amor dedicado a mi viña» (Is 5,1). Dios sólo sabe cantar canciones de amor.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.