Bendecida mañana y alegre despertar para concluir nuestra semana laboral dándote gracias por los momentos vividos y compartidos.
Juan el Bautista arriesgó su vida por lo justo, lo verdadero y por lo bueno. Que él nos inspire a dejar que tu palabra actúe en nosotros asumiendo los riesgos de nuestra fe y viviendo tal como creemos. Como Juan el Bautista podemos y debemos mostrar a otros el camino hacia Ti. Hoy nos das dos lecciones importantes para nuestro diario vivir: en el campo de nuestro corazón hay trigo y cizaña. En ningún corazón hay solo trigo o solo cizaña, Un ejemplo es el rey Herodes. En su corazón había trigo, que le llevaba a «respetar a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto». Pero también en su corazón había cizaña, la inclinación al mal. Dejándose llevar por esta parte de su corazón, abusando de su poder real, mató a Juan —a quien consideraba “honrado y santo”— por seguir la injusta petición de Herodías.
Después de mirar a Herodes en su actuación, nos tenemos que preguntar cada uno de nosotros si luchamos para que nuestro trigo venza siempre a nuestra cizaña. En definitiva, si después de nuestro encuentro contigo, a quien prometimos seguir, te seguimos realmente. Si nuestros pasos van por tu camino y no por lado contrario.
En el Eclesiástico se hace un gran elogio del rey David; se pensaría de él que todo lo hizo bien, es más, que todo lo hizo muy bien y buscando siempre agradar a Dios y amarle de todo corazón. En esta línea, podemos seguir elogiando a David porque cuando pecó, y pecó, deshaciéndose de manera injusta de Urías, para quedarse con su mujer Betsabé que había dejado embarazada, se arrepintió de verdad y pidió perdón a Dios, que se lo concedió. Una lección para todos nosotros.
No esperemos al final, para que se hable bien de nosotros. Ya en esta vida, a pesar de nuestros fallos y limitaciones, busquemos siempre seguir el camino que nos has trazado, el camino del bien, del amor, de la justicia, de la alegría. Danos la gracia de ser verdadero trigo para que ahí sí tengamos la alegría que los demás hablen bien de nosotros, por nuestras buenas obras y acciones. Concédenos la gracia de tu amor para hacer tu santa voluntad. Amén.
Un agradable y servicial viernes para todos.
Las palabras de los Papas
El martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana exige, por decirlo así, el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario: sólo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, confiada, será Dios mismo quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía. Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre el primado de Dios en nuestra vida. (Benedicto XVI - Audiencia general, 29 de agosto de 2012)
Reflexión (Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo)
Es impresionante lo fácil que podemos perder el rumbo cuando dejamos que el orgullo y la opinión de los demás influyan en nuestras decisiones. Herodes es el ejemplo perfecto de alguien que, aunque sentía curiosidad por lo espiritual y sabía que Juan era un hombre justo, vivía encadenado a sus propios vicios y al “qué dirán” de su círculo social.
En un momento de euforia y bajo la presión de sus invitados, hizo una promesa absurda que lo obligó a elegir entre quedar mal frente a sus amigos o cometer un asesinato. Al final, eligió su reputación por encima de su conciencia, demostrándonos que el miedo a perder el prestigio puede convertirnos en esclavos de nuestras debilidades.
En la otra cara de la moneda está Juan el Bautista, un hombre que entendía que la verdad no se negocia, ni siquiera para salvar la vida. Vivimos en una sociedad donde se nos pide constantemente suavizar nuestras convicciones o creencias para no incomodar a nadie o para encajar en el molde de lo popular. Juan, en cambio, nos enseña que la vida espiritual no tiene nada que ver con la comodidad o con tener a todos contentos. A veces ser fiel a Dios implica enfrentar el rechazo, pero es preferible vivir con la integridad intacta que con mentiras y complicidades. La historia termina mal, con una muerte injusta y un banquete manchado de sangre.
Pero el verdadero perdedor no fue Juan. Mientras el profeta cumplió su misión con coherencia hasta el último aliento, Herodes quedó atrapado en una jaula de oro atormentado por la culpa y el miedo constante.
Cuando más adelante escucha sobre Jesús, su primer pensamiento es de terror, creyendo que el pasado ha vuelto para cobrarle factura. Al final, este relato nos invita a elegir qué tipo de vida queremos construir, una que brilla por fuera, pero está vacía por dentro, o una que, aunque enfrente tormentas, tiene la paz de saber que se mantuvo firme y congruente en lo que es correcto.
