Queridos amigos y hermanos en el amor. Hoy, tenemos lecturas de la Vigilia Pascual, por eso los invito a que tomemos hoy nuestra reflexión a partir del amor de la Virgencita Dolorosa. A ella acojámonos.
Permite que este día sea esperanzador porque en él nos regalas, Señor, tu resurrección. Tú nos has dado esa buena noticia la buena nueva que el sepulcro no te podía dominar. Este tiempo es tiempo de encuentro contigo Resucitado. Experiméntenoslo a nuestro lado. Sintamos su fuego de amor. La muerte no pudo acabar con el Mesías de los pobres. El Padre te dio la última palabra levantándote de la tumba. Su presencia entre nosotros sigue siendo actual: Él anima nuestras vidas, a nuestras familias y a nuestras comunidades. Jesús les dijo a las mujeres: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán» (Mt 28, 10). Esa misma palabra se dirige hoy a nosotros; estamos llamados a ser mensajeros de buenas noticias para nuestros hermanos que aún viven en la oscuridad.
Comprometámonos a ser sembradores de esperanza hasta los últimos rincones de la Tierra. Este es el tiempo oportuno. Ojalá cada uno de nosotros en este sábado logremos resucitar a la verdadera vida. La vida que se da a partir de morir al hombre viejo y resucitados en un corazón totalmente renovado.
Madre del amor y la soledad, en ti el Señor quiso experimentar el dolor, pero también la esperanza al dejarte como madre nuestra.
Señora mía de los Dolores, yo te quiero y tú lo sabes, yo te adoro y siento tu presencia en mí, por ello acudo a ti buscando refugio y fortaleza, y por el poder con que te encumbró Nuestro Padre y Señor te pido que escuches estas peticiones que con esperanza hago: ruega por todos los que sufrimos, virgen Dolorosísima, y solicita para nosotros los beneficios y favores de los Cielos, de los que siempre estamos necesitados, y en especial ayúdanos a aliviar los problemas de amor que en estos momentos nos causan dolor y angustia. Bienaventurada Virgen María, piadosísima Señora y Madre nuestra, que seguiste a tu Hijo en su vida terrenal con triunfante fortaleza y cuya alma atravesó una espada de tristeza y dolor en la hora de la Pasión de nuestro Señor, te damos las más sinceras gracias por la generosidad que demostraste estando junto a él y por recibirnos como madre en tu corazón, y damos gracias al Padre por elegirte como Madre del Redentor que dio su vida por nuestra salvación. Amadísima Señora del Silencio.
Madre de los dolores ruega por nosotros.
PALABRA DEL PAPA
Sábado santo es el día del silencio de Dios. Debe ser un día de silencio, y nosotros debemos hacer de todo para que para nosotros sea una jornada de silencio, como fue en ese tiempo: el día del silencio de Dios. Jesús puesto en el sepulcro comparte con toda la humanidad el drama de la muerte. Es un silencio que habla y expresa el amor como solidaridad con los abandonados de siempre, que el Hijo de Dios alcanza colmando el vacío que sólo la misericordia infinita del Padre Dios puede llenar. Dios calla, pero por amor. En este día el amor —ese amor silencioso— se vuelve espera de la vida en la resurrección. Pensemos, el Sábado Santo: nos hará bien pensar en el silencio de la Virgen, «la Creyente», que en silencio esperaba la Resurrección. La Virgen deberá ser el icono, para nosotros, de ese Sábado Santo. Pensad mucho cómo la Virgen vivió ese Sábado Santo; en espera. Es el amor que no duda, sino que espera en la palabra del Señor, para que se haga manifiesta y resplandeciente el día de Pascua. (Audiencia general, 23 de marzo de 2016)
Oración introductoria (Catholic.net)
Gracias, Virgen María, por tu maternal protección. Pongo en tus manos esta oración para sacar de ella el mayor fruto para mi alma. Permíteme acompañarte en estos momentos de dolor. Dime qué puedo hacer para consolar tu corazón de Madre que sufre por la muerte de tu Hijo Amado. Mira lo que he hecho a Jesús, que mal le he tratado cuando he rechazado su compañía prefiriéndome a mí mismo antes que a Él. Llena mi corazón, Madre de Dios, de esa esperanza de salvación para que yo pueda experimentar el amor que me ha tenido Cristo al dar su vida por mí. Amén.
Reflexión (Catholic.net)
Dios tenía preparada una vocación para aquellas mujeres, les encomienda una misión muy importante: anunciar a los discípulos la noticia que les devolvería la esperanza en Jesús. Cristo HA RESUCITADO de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán. El anuncio de la resurrección fortalece nuestra fe y le da sentido, porque dirá San Pablo: “Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes” (1Co 15, 14).
