Último domingo de agosto. El amanecer de este día es radiante porque es dedicado a ti y quizá nos da tiempo suficiente para pensar y meditar lo que ha sido este mes vivido en medio de angustias y alegrías, de consuelos y esperanzas.
Esperanza por este nuevo gobierno que inició en este mes y que te pedíamos señor, que guiaras con sabiduría, inteligencia y discernimiento aquel que nos habrá de guiar. Pero también nuestro corazón se llenó de incertidumbre y desconsuelo ante este terremoto que nos despertó y nos llevó a meditar profundamente el sentido de la vida y también de los bienes materiales. Nos regalaste una bendición grande en medio del dolor y la tristeza. Descubrir en tantos corazones. La generosidad, solidaridad y fraternidad. Allí vamos saliendo adelante ahora con mucha fe y confianza en ti. Vamos encontrando bellas palabras que tú nos diriges por medio del profeta «me sedujiste señor y me dejé seducir», porque siempre has estado a nuestro lado. En la respuesta del salmo decíamos.: «mi alma está sedienta de ti, señor, Dios mío». Y en este mismo salmo 62 nos llenas de confianza: «porque fuiste mi auxilio y a la sombra de tus alas, canto con júbilo. Mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene». Allí también encontramos las palabras que tú dirigiste a Pedro: «ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres no como Dios». Ahora nuestro corazón está lleno de optimismo y fe en ti porque no nos abandonas, sobre todo en los momentos más difíciles de nuestra vida. A ti nos acogemos y en ti confiamos danos un corazón grande para amar y fuerte para luchar. Que sea un muy feliz y esperanzador Domingo dedicado a ti.
Los abrazos y los bendigo y deseo anticipadamente un muy feliz fin de mes y fin de semana.
PALABRA DEL PAPA
Siempre, también hoy. Está la tentación de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo (…) Pero Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no existe el verdadero amor sin sacrificio de sí mismo. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar siempre a contracorriente y cuesta arriba. Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Él exhorta: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará». (v. 25). En esta paradoja está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla de que solo el amor da sentido y felicidad a la vida. Gastar los talentos propios, las energías y el propio tiempo solo para cuidarse, custodiarse y realizarse a sí mismos conduce en realidad a perderse, o sea, a una experiencia triste y estéril. En cambio, vivamos para el Señor y asentemos nuestra vida sobre su amor, como hizo Jesús: podremos saborear la alegría auténtica y nuestra vida no será estéril, será fecunda. (…) María Santísima, que siguió a Jesús hasta el calvario, nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una cruz sin Jesús, la cruz con Jesús, es decir la cruz de sufrir por el amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección (papa Francisco, Ángelus, 3 de septiembre de 2017).
