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30-ago.-domingo de la 22.ª semana del T. O.

Gastar los talentos propios, las energías y el propio tiempo solo para cuidarse, custodiarse y realizarse a sí mismos conduce en realidad a perderse

Último domingo de agosto. El amanecer de este día es radiante porque es dedicado a ti y quizá nos da tiempo suficiente para pensar y meditar lo que ha sido este mes vivido en medio de angustias y alegrías, de consuelos y esperanzas. 

Esperanza por este nuevo gobierno que inició en este mes y que te pedíamos señor, que guiaras con sabiduría, inteligencia y discernimiento aquel que nos habrá de guiar. Pero también nuestro corazón se llenó de incertidumbre y desconsuelo ante este terremoto que nos despertó y nos llevó a meditar profundamente el sentido de la vida y también de los bienes materiales. Nos regalaste una bendición grande en medio del dolor y la tristeza. Descubrir en tantos corazones. La generosidad, solidaridad y fraternidad. Allí vamos saliendo adelante ahora con mucha fe y confianza en ti. Vamos encontrando bellas palabras que tú nos diriges por medio del profeta «me sedujiste señor y me dejé seducir», porque siempre has estado a nuestro lado. En la respuesta del salmo decíamos.: «mi alma está sedienta de ti, señor, Dios mío». Y en este mismo salmo 62 nos llenas de confianza: «porque fuiste mi auxilio y a la sombra de tus alas, canto con júbilo. Mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene». Allí también encontramos las palabras que tú dirigiste a Pedro: «ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres no como Dios». Ahora nuestro corazón está lleno de optimismo y fe en ti porque no nos abandonas, sobre todo en los momentos más difíciles de nuestra vida. A ti nos acogemos y en ti confiamos danos un corazón grande para amar y fuerte para luchar. Que sea un muy feliz y esperanzador Domingo dedicado a ti. 

Los abrazos y los bendigo y deseo anticipadamente un muy feliz fin de mes y fin de semana. 

PALABRA DEL PAPA

Siempre, también hoy. Está la tentación de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo (…) Pero Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no existe el verdadero amor sin sacrificio de sí mismo. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar siempre a contracorriente y cuesta arriba. Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Él exhorta: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará». (v. 25). En esta paradoja está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla de que solo el amor da sentido y felicidad a la vida. Gastar los talentos propios, las energías y el propio tiempo solo para cuidarse, custodiarse y realizarse a sí mismos conduce en realidad a perderse, o sea, a una experiencia triste y estéril. En cambio, vivamos para el Señor y asentemos nuestra vida sobre su amor, como hizo Jesús: podremos saborear la alegría auténtica y nuestra vida no será estéril, será fecunda. (…) María Santísima, que siguió a Jesús hasta el calvario, nos acompañe también a nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús crucificado, no una cruz sin Jesús, la cruz con Jesús, es decir la cruz de sufrir por el amor de Dios y de los hermanos, porque este sufrimiento, por la gracia de Cristo, es fecundo de resurrección (papa Francisco, Ángelus, 3 de septiembre de 2017).

Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no existe el verdadero amor sin sacrificio de sí mismo

ORACIÓN 

Pedro, que acababa de ser reconocido como la «roca» del grupo, es llamado ahora «piedra» de tropiezo, incluso «Satanás», es decir, «adversario» diabólico. Había contestado bien —estaba en la ortodoxia—, pero en su seguimiento efectivo se hallaba diametralmente opuesto al Maestro. No pocas veces, los cristianos hemos podido pensar que la fe se ventilaba en creer lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica, sin preocuparnos de que nuestra vida se ajustara a las actitudes y valores del Evangelio. Amén. 

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-22-tiempo-ordinario-30-de-agosto-de-2026

El seguimiento, es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y con los demás, y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es identificarse con Jesús en su entrega total a los demás, sin buscar para sí nada que pueda oler a poder o gloria. Es hacer un viaje fantástico del yo al Tú; de mi “yo” al “Tú” de Jesús.

1.– Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Y Pedro recibe de Jesús las palabras más duras, las que no dirigió nunca ni a sus enemigos. ¿Por qué? Este texto hay que relacionarlo con las tentaciones de Jesús.  Todas comienzan de la misma manera: “Si eres Hijo de Dios…” Si eres hijo de Papá-Dios, ¿Por qué no conviertes las piedras en pan? ¿Por qué no te tiras del alero del Templo?  ¿Por qué te empeñas en vivir “como hombre” y no vives como Dios?  Es una tentación que persiguió a Jesús a lo largo de su vida. En realidad, Jesús nos hubiera salvado lo mismo “muriendo tranquilamente en su cama”. ¿Por qué tuvo que morir en la Cruz? Y ahí nos perdemos. Solamente nos queda el “abismarnos en un Misterio de Amor”. “Nadie ama más al amigo que el que da la vida por Él” (Juan 15,13).

2.- “El que quiera venirse conmigo, que cargue con su cruz y me siga”.  Al pie de la letra, cargar con la cruz significaba iniciar un recorrido llevando el palo trasversal hasta llegar al final donde estaba ya hincado en tierra el palo vertical. Y todo este recorrido hecho con desprecios, mofas, insultos, vejaciones. Eso significaba seguir a Jesús. Más tarde el evangelista Lucas lo matiza hablando de “la cruz de cada día”. Es decir, aceptar esas astillas de cada día que nos molestan y nos hacen sufrir (Lc 9, 23). Con todo hay que mantener que el evangelio nunca hay que entenderlo en sentido negativo, como negación de lo humano, sino para disfrutar de los dones creados por Dios. No podemos aceptar una ascesis que consiste en “fastidiarse aquí para merecer la vida eterna allá”. Se trata de   saber perder, viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien sino también el bien de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su plena realización.

“Tomar nuestra cruz y seguirle no es un asunto que pueda evadirse. Es un llamado de Jesús. Según nuestro texto, la vida cristiana no es cuestión de vida o muerte, sino de vida y muerte. Es morir para poder vivir. No significa cualquier renunciamiento. El llamado de Jesús no trata de un masoquismo o de sufrir por gusto. El mandato de Jesús trata de que nos comprometamos de tal forma con el Reino y su justicia que estemos dispuestos/as a soportar los sufrimientos que inevitablemente siguen a tal compromiso”. (Pablo E, Rojas Banuchi).

3.- Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. Es la paradoja de Jesús: perder para ganar. A David María Turoldo le gustaba llamar a Jesús: “Mi dulce ruina”. Es Jesús quien arruina mi vida mediocre, mi fe barata, mi vida a ras de tierra.  Vivir para el yo no sólo nos mantiene en la ignorancia, sino que nos hace infelices: la búsqueda insaciable de gratificaciones no hará sino aumentar la frustración porque –como ya advertía Freud- lo que puede satisfacerse «está llamado a extinguirse en la satisfacción». Una y otra vez, reaparecerá la insatisfacción. Buscamos insaciablemente bienestar, pero ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos “progresar” cada vez más, pero ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humanos en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar, cerrando nuestras fronteras a los hambrientos? Tal vez estos años en que nos toca a todos “apretarnos el cinturón” comprendamos un poco más a los que no tienen lo más elemental para vivir. Los cristianos tenemos una ley: La ley del “grano de trigo que, si no muere, no puede dar fruto”. (Juan 12,24)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.