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28-ago.-viernes de la 21.ª semana del T. O.

En cada uno Dios ha dejado una luz particular, una luz que le hace ser él mismo. Por eso, en el Reino de los cielos cada uno tiene que ser él mismo

Al darte gracias, Señor, por este día en el que prácticamente culminamos un mes en el que hemos realizado nuestras labores; nuestros sentimientos son esperanzadores, ha dado fruto abundante en la mayoría de nosotros. Algunos frutos no alcanzaron a madurar, por muchos motivos: inconstancia, desconfianza, desesperanza. Pero no nos desilusionamos porque tú nos regalas palabras de aliento: «déjala otro tiempo a ver si madura, si no, la cortas». Con ilusiones esperanzadoras iniciamos este día colocados en tus manos, porque Tú eres la fuente de toda sabiduría y nos invitas a ser sabios y previsores y a encontrarte con lámparas encendidas en nuestras manos.

Ayúdanos a prepararnos para encontrarte en los acontecimientos de nuestro diario vivir y en la gente que nos rodea, para que podamos entrar contigo en el banquete celestial. No permitas que ninguno de nosotros permanezca indiferente o insensible ante ninguno de nuestros hermanos que espere una palabra o un gesto de esperanza, de simpatía y aliento. Que nuestras alcuzas estén llenas de buenos sentimientos de amor, bondad y solidaridad, para que nuestras lámparas de fe y optimismo permanezcan encendidas y nos ayuden a ser luz para nuestros hermanos. Por ningún motivo permitas que seamos necios e imprudentes y por pereza dejemos el aceite y nuestras lámparas se vaya apagando y no podamos encontrar el camino que nos señalas. 

A san Agustín, nacido en Tagaste en el año 354 y que pasó por muchos momentos como joven sediento de la verdad, que cayó en el maniqueísmo y en la pasión de la carne, y que  por las oraciones y lágrimas de santa Mónica. su madre se convierte y es bautizado en Milán por san Ambrosio, consagrado, sacerdote y luego obispo de Hipona fue filósofo y teólogo y uno de los santos más influyentes en el cristianismo y en la filosofía occidental murió el 28 de agosto de 430 en Argelia. Gracias por la vida de san Agustín y por sus grandes escritos especialmente las Confesiones y la Ciudad de Dios. Gracias por el testimonio de vida no solo de Santa Mónica sino también del mismo san Agustín. Te pedimos señor que permanezcas con nosotros para que lleves a la perfección tu obra y cumplamos tu voluntad. Bendícenos, Señor, abundantemente. 

Un muy alegre y santificado viernes, pleno de luz por las lámparas encendidas. 

Palabra del Papa

La lámpara que tenemos es la mejor. Cuántas veces uno se despista y vive en la oscuridad. Y a veces unos se quieren poner a la luz del otro, como estas jóvenes que buscaron poner en sus lámparas el aceite de las otras. Pero cada uno tiene su luz. En cada uno Dios ha dejado una luz particular, una luz que le hace ser él mismo. Por eso, en el Reino de los cielos cada uno tiene que ser él mismo. «La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital…—, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón» (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 10 de junio de 2016, en Santa Marta).

ORACIÓN 

Señor, hoy te quiero dar gracias porque siempre has pensado en positivo, en querer alegrarnos la vida, en que fuéramos felices. Tus palabras, tus gestos, tu vida, así nos lo manifiestan. Si por definición, el gozo es la posesión del amor, te pido que dilates cada día mi corazón para amar cada vez más y mejor, hasta llegar a participar del gozo perfecto que eres Tú. Amén. 

¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración
PENSAMIENTOS DE SAN AGUSTÍN

“Ama a Dios, y haz lo que quieras”. 

“Nada conquista excepto la verdad y la victoria de la verdad es el amor.” 

Victoria veritatis est caritas.” 

“El amor es la belleza del alma”.

“Tarde te amé, Oh Belleza siempre antigua, siempre nueva. Tarde te amé. Tú me has llamado, y me has llamado insistentemente, y has suprimido mi sordera. ¡Tú has brillado con luz y has puesto mi ceguera a volar! Tú has emanado fragancia, y me he quedado sin aliento, y he suspirado por ti. Te he conocido, y he tenido hambre y sed de Ti. Tú me has tocado, y he sido encendido por tu paz”. 

“yo te buscaba fuera y tú estabas en mi corazón”.

"¡Oh verdad, verdad, cómo suspiraba ya entonces por ti desde las fibras más íntimas de mi corazón!"

¡Pobre de mí, que me creí apto para el vuelo, abandoné el nido y caí antes de poder volar!" 

"La medida del amor es el amor sin medida". 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-28-de-agosto-de-2026 

Lo menos que se puede pedir a unas muchachas que van de boda es que se pongan guapas; que no vayan con un vestido viejo o sucio. Y eso es lo que les pasó a las vírgenes necias. Llevaban la antorcha, el palo con los trapos, pero al no impregnarlos de aceite, se chamuscaron, se quemaron y quedaron negros, sucios, feos. Lo que hermosea una fiesta de bodas es el amor. Sin amor, no puede haber fiesta, ni menos fiesta de boda. Pero no es lo malo eso, lo peor fue la decepción del esposo que esperaba a las diez vírgenes acompañando a la novia, con las lámparas del amor bien encendidas. La vida cristiana, vivida con la lámpara del amor bien encendida, es una fiesta de boda. Pero, cuando falta el aceite, se van apagando las lámparas y se acaba la fiesta. Jesús, que sólo quería que todos viviéramos felices, al morir, sólo nos dejó un mandato: «que os améis como yo os he amado». Si os amáis, habrá alegría y fiesta. Si no os amáis, podéis convertir este mundo en un infierno. Permaneced con las lámparas del amor bien encendidas, pero para eso no sirve un aceite cualquiera, el aceite lo pone el Señor. El mismo que usó Él para mantener siempre encendida la lámpara del amor al Padre y a los hermanos.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.