Al darte gracias, Señor, por este día en el que prácticamente culminamos un mes en el que hemos realizado nuestras labores; nuestros sentimientos son esperanzadores, ha dado fruto abundante en la mayoría de nosotros. Algunos frutos no alcanzaron a madurar, por muchos motivos: inconstancia, desconfianza, desesperanza. Pero no nos desilusionamos porque tú nos regalas palabras de aliento: «déjala otro tiempo a ver si madura, si no, la cortas». Con ilusiones esperanzadoras iniciamos este día colocados en tus manos, porque Tú eres la fuente de toda sabiduría y nos invitas a ser sabios y previsores y a encontrarte con lámparas encendidas en nuestras manos.
Ayúdanos a prepararnos para encontrarte en los acontecimientos de nuestro diario vivir y en la gente que nos rodea, para que podamos entrar contigo en el banquete celestial. No permitas que ninguno de nosotros permanezca indiferente o insensible ante ninguno de nuestros hermanos que espere una palabra o un gesto de esperanza, de simpatía y aliento. Que nuestras alcuzas estén llenas de buenos sentimientos de amor, bondad y solidaridad, para que nuestras lámparas de fe y optimismo permanezcan encendidas y nos ayuden a ser luz para nuestros hermanos. Por ningún motivo permitas que seamos necios e imprudentes y por pereza dejemos el aceite y nuestras lámparas se vaya apagando y no podamos encontrar el camino que nos señalas.
A san Agustín, nacido en Tagaste en el año 354 y que pasó por muchos momentos como joven sediento de la verdad, que cayó en el maniqueísmo y en la pasión de la carne, y que por las oraciones y lágrimas de santa Mónica. su madre se convierte y es bautizado en Milán por san Ambrosio, consagrado, sacerdote y luego obispo de Hipona fue filósofo y teólogo y uno de los santos más influyentes en el cristianismo y en la filosofía occidental murió el 28 de agosto de 430 en Argelia. Gracias por la vida de san Agustín y por sus grandes escritos especialmente las Confesiones y la Ciudad de Dios. Gracias por el testimonio de vida no solo de Santa Mónica sino también del mismo san Agustín. Te pedimos señor que permanezcas con nosotros para que lleves a la perfección tu obra y cumplamos tu voluntad. Bendícenos, Señor, abundantemente.
Un muy alegre y santificado viernes, pleno de luz por las lámparas encendidas.
Palabra del Papa
La lámpara que tenemos es la mejor. Cuántas veces uno se despista y vive en la oscuridad. Y a veces unos se quieren poner a la luz del otro, como estas jóvenes que buscaron poner en sus lámparas el aceite de las otras. Pero cada uno tiene su luz. En cada uno Dios ha dejado una luz particular, una luz que le hace ser él mismo. Por eso, en el Reino de los cielos cada uno tiene que ser él mismo. «La lámpara, cuando comienza a debilitarse, tenemos que recargar la batería. ¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia —una universidad católica, un colegio, un hospital…—, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia, pero si no rezas todo esto no aportará luz. Cuántas obras se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración de corazón» (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 10 de junio de 2016, en Santa Marta).
ORACIÓN
Señor, hoy te quiero dar gracias porque siempre has pensado en positivo, en querer alegrarnos la vida, en que fuéramos felices. Tus palabras, tus gestos, tu vida, así nos lo manifiestan. Si por definición, el gozo es la posesión del amor, te pido que dilates cada día mi corazón para amar cada vez más y mejor, hasta llegar a participar del gozo perfecto que eres Tú. Amén.
