Alabamos, bendecimos y proclamamos tu nombre y te damos gracias por un nuevo amanecer en el que podemos realizar nuestras labores trabajando para no ser carga para los demás, como nos dice san Pablo.
Permite, Señor, que al celebrar la fiesta del martirio de Juan el Bautista llevemos palabras de verdadero testimonio a nuestros hermanos.
San Juan Bautista preparó y siguió tu camino tanto en su nacimiento como en su muerte. Murió como mártir porque se alzó con valentía en favor de la integridad y de la verdad. Danos la fortaleza y la valentía para hablar claro cuando sea necesario y para dar testimonio de tu palabra y de tus acciones. Danos el valor de Juan para preparar y para ser un camino recto hacia ti.
Que tu mensaje en nuestro diario vivir no sea como una voz en el desierto sino una humilde y eficaz manera de llegar a ti.
«No os canséis de hacer el bien». Esta recomendación de san Pablo nos ayuda a comprender nuestra misión en todo lo que realizaremos. No permitas que decaigamos en nuestra ánimo y optimismo y haz que procuremos vivir la alegría y la felicidad que únicamente nos viene cuando servimos y amamos de corazón y con verdaderos sentimientos de solidaridad, generosidad y bondad. Que nuestra Madre nos acompañe y sea nuestro auxilio constante.
Un muy feliz y edificante fin de semana y prácticamente fin de mes. Bendiciones abundantes y buen descanso.
Palabra del Papa
Una misión requiere valor heroico. Juan era tu precursor. Su misión marcó su vida desde antes de nacer. Además, murió proclamando la Verdad, preparando el camino para que llegara tu Reino, Jesús. Anunciar tu nombre no es fácil. A muchos les costó la fama; otros eran expulsados de la sinagoga; a Juan su valentía le costó la cárcel, y poco después la cabeza. Su audacia, sin embargo, no cayó en vano: Tú mismo, Señor, lo reconociste ante todos como el más grande de los profetas. ¡Qué contraste tan grande hacen Herodes y Juan! Uno, decidido y sin ningún miedo; el otro, víctima de la imagen, temeroso de perder la reputación, incapaz de abandonar el pecado… Ser fiel a Ti, Dios mío, es ante todo un don. Sabes que ser profeta ante el mundo sobrepasa mi capacidad humana. Por eso hoy te pido la gracia de ser fiel. Cueste lo que cueste, quiero que puedas contar conmigo y que haya alguien que anuncie tu Nombre ante los demás. Por eso, Señor, hazme valiente, hazme perseverante. ¡Que tu fuerza sostenga mi misión en la extensión de tu Reino! (Homilía de S.S. Francisco, 12 de abril de 2016, en Santa Marta).
