«Llegará el día en que se lleven al novio y entonces ayunarán» (Lc 5, 34). Con estas palabras que nos regalas hoy, queremos iniciar nuestra jornada laboral el último día de la semana, colocados en tus manos y dándote gracias por todas las cosas hermosas que hemos recibido a través de esta semana, porque nos has enseñado en tu palabra a confiar en ti, a esperar en ti y a glorificarte. Hoy nos invitas a que comprendamos que nadie puede tener algo nuevo en algo viejo, que nadie puede tener esos sentimientos antiguos, sino que debemos tener el pleno convencimiento de tu infinito amor y tu bondad. No se trata que nosotros ayunemos o no. El ayuno que tú nos pides es totalmente diferente al que exigían los fariseos; el ayuno que tú quieres es que nuestro corazón esté totalmente renovado, que nuestro corazón sea como el odre nuevo para echar vino nuevo de amor, de esperanza y de caridad.
Al terminar una semana más lo hacemos en tu amor, en tu bondad, pero ante todo en tu presencia. Gracias, Señor, por todo lo que nos has concedido y nos concederás; permite que lleguemos al final de la jornada llenos de felicidad, de alegría y de optimismo. Amén.
Que este viernes sea un día lleno de satisfacciones, de generosidad, de fraternidad y de solidaridad. Los abrazo y los bendigo.
