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12-jun.-2026, viernes de la 10.ª semana del T. O.

Nos introduces en tu escuela de humildad y mansedumbre que, lejos de implicar despreocupación o pasividad, nos enseña a vivir desde la sabiduría del corazón.

Radiante y bello amanecer en este último día laboral, en la Solemnidad del Sagrado Corazón, con la que nos disponemos un nuevo fin de semana, vivido y compartido en el amor y la ternura de tu misericordia. Gracias, Señor, por darnos la ocasión de amar como tú nos amas y como nos dice hoy san Juan: «amémonos los unos a los otros, ya que el amor es d Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios».

En la solemnidad de tu Sagrado Corazón, tu palabra nos revela la profundidad del amor de Dios manifestado en ti. Te presentas como el que ora sencillamente desde la gratitud por todo lo que acontece en tu vida y en la de quienes te escuchan y siguen. Admiras en los pobres y más incultos su capacidad para que la Buena noticia encuentre espacio y eco en sus vidas. El Padre de todos, el Señor de nuestra historia, por puro amor y benevolencia se revela a quienes, vaciados de sí mismos, acogen con sencillez la bondad de Dios.

Recordamos que, a pesar de tu condición divina, te anonadaste, te hiciste “pequeño” para acoger todo lo que el Padre te había confiado, y de esta manera, nos enseñas el camino para crecer en la fe, entender tu Palabra y descubrir tu voluntad.

Nos introduces en tu escuela de humildad y mansedumbre que, lejos de implicar despreocupación o pasividad, nos enseña a vivir desde la sabiduría del corazón. Como Hijo amado del Padre, quienes nos encontramos agobiadas por el peso de la vida, cansados de la carga que nos ocasionan otros, con la inquietud que impone la incertidumbre del futuro… encontramos acogida en tu Corazón. Sin que la carga sea suprimida, contigo, se hace más llevadera. Sin que el yugo desaparezca, ya no se lleva en solitario, sino que es sobrellevado por ti. Gracias, Señor, por tu amor y tu bondad, pero sobre todo por llevarnos de tu mano y siempre en tu sagrado corazón. Alabamos te bendecimos y te glorificamos. Hoy te decimos: “sagrado corazón de Jesús, en vos confío”. Amén.

sagrado corazón de Jesús, en vos confío

Palabra del Papa

Servir. ¿Qué significa? Servir significa acoger a la persona que llega, con atención; significa inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a lavar los pies a los apóstoles. Servir significa trabajar al lado de los más necesitados, establecer con ellos ante todo relaciones humanas, de cercanía, vínculos de solidaridad. Solidaridad, esta palabra que da miedo al mundo desarrollado. Intentan no decirla. Solidaridad es casi una mala palabra para ellos. Pero es nuestra palabra. Servir significa reconocer y acoger las peticiones de justicia, de esperanza, y buscar juntos los caminos, los itinerarios concretos de liberación. (Papa Francisco, Discurso durante la visita al Centro Astalli de Roma para el servicio de los refugiados, 10 de septiembre de 2013).

"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29). Quizá una sola vez el Señor Jesús nos ha llamado con sus palabras al propio corazón. Y ha puesto de relieve este único rasgo: "mansedumbre y humildad". Como si quisiera decir que sólo por este camino quiere conquistar al hombre; que quiere ser el Rey de los corazones mediante "la mansedumbre y la humildad". Todo el misterio de su reinado está expresado en estas palabras. La mansedumbre y la humildad encubren, en cierto sentido, toda la "riqueza" del Corazón del Redentor, (…) Pero también esa "mansedumbre y humildad" lo desvelan plenamente; y nos permiten conocerlo y aceptarlo mejor; lo hacen objeto de suprema admiración. Las hermosas letanías del Sagrado Corazón de Jesús están compuestas por muchas palabras semejantes, más aún, por las exclamaciones de admiración ante la riqueza del Corazón de Cristo. Meditémoslas con atención (…)  Así, al final de este fundamental ciclo litúrgico de la Iglesia, que comenzó con el primer domingo de Adviento, y ha pasado por el tiempo de Navidad, luego por el de la Cuaresma, de la Resurrección hasta Pentecostés, domingo de la Santísima Trinidad y Corpus Christi, se presenta discretamente la fiesta del Corazón divino, del Sagrado Corazón de Jesús. Todo este ciclo se encierra definitivamente en Él; en el Corazón del Dios-Hombre. De Él también irradia cada año toda la vida de la Iglesia. Este Corazón es "fuente de vida y de santidad" (san Juan Pablo II - Audiencia general, 20 de junio de 1979).

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-12-de-junio-de-2026

Hoy es la fiesta del corazón, es la fiesta del amor. No de un amor humano, pequeño, mezquino, interesado, posesivo. Es la fiesta del corazón de Jesús: abierto siempre para que nadie se quede fuera, a la intemperie, sin casa y sin abrigo.  Tal vez esta fiesta se haya vivido con más intensidad en otros tiempos, pero hay que volver a ella porque es necesario volver siempre al amor. Lo que no podemos es hacer de esta fiesta una “devoción pietista” sin repercusiones en la vida de las personas. El corazón es un órgano que siempre está en movimiento. Siempre lanzando sangre arterial, sangre roja, a todo el organismo. Si se para, llega la muerte. La fiesta del corazón de Jesús tiene pleno sentido dejándonos llenar del infinito amor que Dios nos tiene y dándolo a los demás con un servicio desinteresado a los más pobres. Santa Teresita, inmediatamente después de comulgar, se abandonaba a la invasión del amor infinito para que, desde ella, se desbordase sobre el mundo.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.