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11-jun.-2026, jueves de la 10.ª semana del T. O.

Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador

Ese amanecer de este jueves vocacional te damos gracias por el don de la vida de la salud y el bienestar. 

Hoy nos regalas la memoria obligatoria de san Bernabé, apóstol (llamado hijo de la consolación), un levita de Chipre que vendió un campo y dio el dinero a los apóstoles; considerado apóstol —como san Pablo— junto a los Doce. Pasó buen tiempo en Jerusalén y junto a Pablo fue a Antioquía, donde por primera vez recibieron el nombre de “cristianos”. Cada fiesta de los apóstoles es una fiesta para cada uno de nosotros, que somos enviados por tu amor a ser discípulos de esperanza. Hoy nos presentas una exigencia muy hermosa: procuren no llevar ni oro ni plata, tampoco alforja ni dos túnicas ni sandalias. Y nos aseguras que el obrero merece un sustento, que vayamos a llevar amor, consuelo y, sobre todo, el don de la paz a cada uno de los que saludemos. 

Bernabé recibió a manos llenas el caudal de gracia que se derramó como un torrente en Pentecostés, fruto del misterio pascual; se dejó transformar por esa gracia y supo transmitirla a los demás a lo largo de toda su vida. Haciendo honor a su apodo, llevó el consuelo del Evangelio a muchos. 

Hoy nos exhortas a permanecer unidos a ti, nos invitas a asociarnos a la vida y misión de los Apóstoles, como él lo hizo, porque todo bautizado es depositario de la gracia, templo del Espíritu Santo, apóstol, misionero, enviado de Cristo y portador de su consuelo.  Gracias, Señor, porque al igual que Bernabé somos enviados, llenos de esperanza de optimismo y de fe. Amén. 

Muy feliz y vocacional jueves llenos de buenas obras y acciones. 

Palabra del Papa

“A los que están heridos por divisiones históricas, les resulta difícil aceptar que los exhortemos al perdón y la reconciliación, ya que interpretan que ignoramos su dolor, o que pretendemos hacerles perder la memoria y los ideales. Pero si ven el testimonio de comunidades auténticamente fraternas y reconciliadas, eso es siempre una luz que atrae. Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos? Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo! A cada uno de nosotros se dirige la exhortación paulina: “No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien”. Y también: “¡No nos cansemos de hacer el bien!”. Todos tenemos simpatías y antipatías, y quizás ahora mismo estamos enojados con alguno. Al menos digamos al Señor: “Señor yo estoy enojado con éste, con aquélla. Yo te pido por él y por ella”. Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador. ¡Hagámoslo hoy! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!  (S.S. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 100-101).

No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien
ORACIÓN 

Jesús, hoy reconozco que muchas veces me conformo con no hacer daño visible mientras guardo enojo y distancias que hieren. Perdona mi falta de amor. Tú, que pides dejar la ofrenda para reconciliarnos primero con el hermano, dame valor para dar ese paso sin demora, aunque me cueste humillarme o pedir perdón. Quiero vivir como hijo tuyo, sembrando paz donde antes sembré resentimiento. Ayúdame a sanar mi corazón y que nada pendiente me impida ofrecerte una vida sincera y libre.

Amén.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-11-de-junio-de-2026 

Nos hemos acostumbrado a una moral de mínimos. Y cuando queremos probar lo buenos que somos, decimos: “Yo ni robo ni mato” En la ley de Jesús, uno no es bueno simplemente por evitar el mal. Dios no se conforma con que dejemos de ser malos. Quiere de nosotros algo más. Uno de los elogios más bellos que se han dicho de Jesús es éste: “Pasó por la vida haciendo el bien” (Hch 10,38). Qué bella sería mi vida si, desde que me levanto hasta que me acuesto sólo tuviera una preocupación, es más, una obsesión: “hacer el bien”.  Hacer el bien a todo el que se me ponga por el camino: sea blanco o negro; sea hombre o mujer; sea cristiano o no lo sea. El sol no sale sólo para los buenos, sino también para los malos. La lluvia no cae sólo sobre los campos de los que alaban al Señor; también sobre los campos de los que le blasfeman. En el A.T. estaba prohibido presentar a Dios para el sacrificio “víctimas defectuosas” (Lev. 22,20). Allí se trataba de defectos físicos. En la Nueva Ley, no se puede ofrecer a Dios nada “si carece de amor”. La falta de amor es un defecto sustancial.

No se entiende el amor a Dios si no lleva consigo el amor al prójimo. Es como si soñase que estaba caminando. Es un sueño, no se camina. (San Juan Clímaco. Escala del paraíso 33).