«Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo».
Te damos gracias por estas esperanzadoras palabras que hoy nos regala Pablo en su carta a los Efesios. Porque con ella llenamos el corazón de la fortaleza necesaria para afrontar nuestras labores cotidianas. Salimos con las armas de Dios que son: la comprensión, la solidaridad, la fraternidad y el servicio, todo reunido en la principal arma: el amor. Todo este combate debe sostenerse con la oración perseverante. San Pablo nos pide orar «en toda ocasión», por todos los santos y también por quienes anuncian el Evangelio. La oración, no es una fórmula mágica, sino una relación filial con Dios, que nos hace humildes y disponibles para su voluntad. Ayúdanos, señor, para que esta invitación que nos haces a vivir nuestra propia vida como un éxodo obediente, seamos tus verdaderos discípulos llamados a no vivir distraídos con falsas seguridades. La advertencia de Herodes hoy puede tomar la forma de miedos de individualismo que intentan desviarnos de nuestro propósito. La imagen de ser acogidos bajo tu sala nos recuerda que nuestra verdadera paz y amor no proviene de la ausencia de conflictos, sino de la comunión contigo que has vencido al mundo. Bendícenos guárdanos y protégenos en tu amor. Amén.
Feliz jueves vocacional.
PALABRA DEL PAPA
¡Tienes que defenderla! Y, como escribe Pablo, para hacerlo se necesita revestirse con la armadura de Dios, porque «no se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana» sin «resistir a las tentaciones, sin luchar contra el diablo». (…) Y pensar que han querido hacernos creer «que el diablo fuese un mito, una figura, una idea, la idea del mal». En cambio, «el diablo existe y nosotros tenemos que luchar contra él». Lo recuerda san Pablo, «la Palabra de Dios lo dice», sin embargo, parece que «nosotros no estamos muy convencidos» de esta realidad. Pero ¿cómo está hecha esta «armadura de Dios»? Algún detalle nos lo da el apóstol: «Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad». (…) la vida cristiana puede considerarse «una milicia». Pero es «una lucha bellísima», porque nos da «esa alegría de que el Señor ha vencido en nosotros, con su gratuidad de salvación». Sin embargo, concluyó, todos somos «un poco perezosos» y «nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones». Pero, aunque «somos pecadores» no debemos desalentarnos, «porque el Señor está con nosotros, quien nos ha dado todo» y nos hará «vencer también este pequeño paso de hoy», nuestra batalla cotidiana, con la «gracia de la fuerza, de la valentía, de la oración, de la vigilancia y la alegría». (Francisco – Homilia Santa Marta, 30 de octubre de 2014)
