Pasar al contenido principal

29-oct.-jueves de la 30.ª semana del T. O.

«no se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana» sin «resistir a las tentaciones, sin luchar contra el diablo». 

«Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo».

Te damos gracias por estas esperanzadoras palabras que hoy nos regala Pablo en su carta a los Efesios. Porque con ella llenamos el corazón de la fortaleza necesaria para afrontar nuestras labores cotidianas. Salimos con las armas de Dios que son: la comprensión, la solidaridad, la fraternidad y el servicio, todo reunido en la principal arma: el amor. Todo este combate debe sostenerse con la oración perseverante. San Pablo nos pide orar «en toda ocasión», por todos los santos y también por quienes anuncian el Evangelio. La oración, no es una fórmula mágica, sino una relación filial con Dios, que nos hace humildes y disponibles para su voluntad. Ayúdanos, señor, para que esta invitación que nos haces a vivir nuestra propia vida como un éxodo obediente, seamos tus verdaderos discípulos llamados a no vivir distraídos con falsas seguridades. La advertencia de Herodes hoy puede tomar la forma de miedos de individualismo que intentan desviarnos de nuestro propósito. La imagen de ser acogidos bajo tu sala nos recuerda que nuestra verdadera paz y amor no proviene de la ausencia de conflictos, sino de la comunión contigo que has vencido al mundo. Bendícenos guárdanos y protégenos en tu amor. Amén. 

Feliz jueves vocacional. 

PALABRA DEL PAPA

¡Tienes que defenderla! Y, como escribe Pablo, para hacerlo se necesita revestirse con la armadura de Dios, porque «no se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana» sin «resistir a las tentaciones, sin luchar contra el diablo».  (…) Y pensar que han querido hacernos creer «que el diablo fuese un mito, una figura, una idea, la idea del mal». En cambio, «el diablo existe y nosotros tenemos que luchar contra él». Lo recuerda san Pablo, «la Palabra de Dios lo dice», sin embargo, parece que «nosotros no estamos muy convencidos» de esta realidad. Pero ¿cómo está hecha esta «armadura de Dios»? Algún detalle nos lo da el apóstol: «Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad». (…) la vida cristiana puede considerarse «una milicia». Pero es «una lucha bellísima», porque nos da «esa alegría de que el Señor ha vencido en nosotros, con su gratuidad de salvación». Sin embargo, concluyó, todos somos «un poco perezosos» y «nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones». Pero, aunque «somos pecadores» no debemos desalentarnos, «porque el Señor está con nosotros, quien nos ha dado todo» y nos hará «vencer también este pequeño paso de hoy», nuestra batalla cotidiana, con la «gracia de la fuerza, de la valentía, de la oración, de la vigilancia y la alegría». (Francisco – Homilia Santa Marta, 30 de octubre de 2014)

Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad
ORACIÓN 

Señor, hoy tu evangelio ha calado muy hondo dentro de mí. A veces me he conmovido ante tus palabras; otras veces, ante tus gestos; hoy ante tus palabras y tus gestos. El gesto de la gallina cobijando y defendiendo a sus polluelos me enternece. Y las palabras de queja ante nuestra ingratitud es como una espina de dolor clavada en el corazón. Sólo cabe decir con San Pablo: ¿Qué quieres que yo haga? No quiero que mi vida se llene de palabras. Que sean mis obras de ternura y delicadeza las que den pleno sentido a mi existencia. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-29-de-octubre-de-2026 

Recuerdo que cuando estuve en Tierra Santa en mis bodas de plata sacerdotales me emocionó el lugar donde Jesús pronunció estas palabras. Era una capilla curiosa: No tenía retablo sino un cristal desde donde se divisa la ciudad de Jerusalén. ¿Puede haber retablo mejor?  Allí Jesús se enterneció, allí Jesús lloró. Qué bien me cae este Dios tan cercano, tan íntimo, tan verdadero. Tiene cercanía, cariño, ternura, sufrimiento, compasión. Un Dios así me conmueve, me incentiva, me motiva a seguirle. Lo que más le duele a Jesús es que el maravilloso proyecto de su Padre de “pasar por la vida haciendo el bien” sea rechazado. Uno se pregunta: Pero ¿qué quieren los hombres y mujeres de este mundo? Jesús elegirá la muerte antes que dejar de cumplir su misión. Hay algo que vale más que la misma vida: la misión que Dios nos ha encomendado a cada uno. Haz que yo ame mi tarea, mi vocación, mi misión. Es verdad que da miedo, pero Dios no nos abandona. El mismo que dice: «Como el Padre me ha enviado así os envío» (Juan 20,21), también nos dice: «Como el Padre me ha amado a mí así os he amado yo» (Juan 15, 9).  Las locuras de Jesús sólo se entienden desde el amor.

«Durante la persecución religiosa en España, en el año de 1936, un grupo de milicianos llegó a un convento de carmelitas descalzas con la orden de subir a todas las monjas a un camión y llevarlas a fusilar. La sorpresa de los soldados fue mayúscula cuando escucharon a la madre superiora comunicar a las religiosas que "estos señores nos llevan al cielo porque nos van a hacer mártires, como los primeros cristianos" y acto seguido ver a las monjas felicitarse alegremente porque recibían el mayor don de Dios. A los ojos de Cristo eran de las pocas que habían entendido lo que significa amar a Dios hasta dar la vida por él». (P. Clemente González. C.NET)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.