Hoy tú gritas, gritas como quien dice palabras que deben ser escuchadas claramente por todos. Tu grito sintetiza tu misión salvadora, pues has «venido al mundo para salvarlo», pero no por Ti mismo, sino en nombre del Padre que te ha enviado y te ha mandado lo que tienes que decir y hablar. Tú has venido como la luz que iluminas las tinieblas de los que vivimos en incredulidad; tantas veces sentimos en el corazón que nuestro pensamiento y nuestra fe hacia ti son débiles y tratamos de adormecernos, pero tú vuelves a gritar para que creamos en ti, en tu palabra, en tus obras y en tus milagros. Gracias, Señor, porque nuevamente mueves nuestros corazones para que creyendo en ti realicemos las obras que también el Padre celestial nos ha encomendado, primero que todo creer en ti y creer en nosotros mismos para que todo lo que realicemos de palabra y de obra bendiga y glorifique tu santo nombre.
Un muy feliz y descansado miércoles lleno de satisfacciones.
Las palabras de los Papas
Jesús promete dar «descanso» a todos, pero pone una condición: «Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí». Yo, que soy manso y humilde de corazón. ¿Qué es este “yugo” que aligera en lugar de cargar, que eleva en lugar de aplastar? El “yugo” de Cristo es la ley del amor —su mandamiento— que dejó a sus discípulos (cf. Jn 13,34; 15,12). El verdadero remedio para las heridas de la humanidad, tanto las materiales —como el hambre y la injusticia— como las psicológicas y morales causadas por un falso bienestar, es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su origen en el amor de Dios. Por ello, debemos abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para alcanzar posiciones de poder cada vez mayores, para asegurar el éxito a cualquier precio. Incluso con el medio ambiente, debemos renunciar al estilo agresivo que ha predominado en los últimos siglos y adoptar una “mansedumbre” razonable. Pero sobre todo en las relaciones humanas, interpersonales y sociales, la regla del respeto y la no violencia, es decir, la fuerza de la verdad frente a todo abuso, es lo que puede asegurar un futuro digno de la humanidad. (Benedicto XVI - ángelus, 3 de julio de 2011)
