Alegre despertar y feliz amanecer el que nos regalas. Ante todo, gracias por el don de la vida y de tu presencia. Nos invitas, Señor, a conservar la esperanza con paciencia: El reino de Dios está cerca. No solamente hay signos de desesperanza como conflictos y tensiones, que surgen tanto desde dentro como desde fuera, sino que también hay signos de esperanza; y nosotros deberíamos percibirlos, ya que vienen de Ti. Tú nos has confiado a nosotros tu proyecto de amor. No permitas que hagamos retrasar tus planes por nuestras propias limitaciones. Haznos conscientes de que lo único que podemos hacer es ser levadura y ser un signo de que la semilla que tú has sembrado crecerá. Consérvanos esperando con paciencia que el amor y la justicia, la bondad y solidaridad lleguen como don tuyo, cuando tú quieras. Al término de la semana nos colocamos en tu presencia y te pedimos que nos ayudes a abrir nuestros corazones a tu querer y a la voluntad del Padre celestial para que sirvamos a nuestros hermanos, no sólo en lo material, sino en lo espiritual llevando palabras de fe y esperanza iluminados por el Espíritu Santo. Amén.
Un muy feliz y bendecido viernes.
PALABRA DEL PAPA
«El cielo y la tierra pasarán, dice Jesús, pero mis palabras no pasarán"» (v. 31). El verdadero punto crucial es este. En ese día, cada uno de nosotros tendrá que entender si la Palabra del Hijo de Dios ha iluminado su existencia personal, o si le ha dado la espalda, prefiriendo confiar en sus propias palabras. Será más que nunca el momento en el que nos abandonemos definitivamente al amor del Padre y nos confiemos a su misericordia. ¡Nadie puede escapar de este momento, ninguno de nosotros! La astucia, que a menudo utilizamos en nuestro comportamiento para avalar la imagen que queremos ofrecer, será inútil; de la misma manera, el poder del dinero y de los medios económicos con los que pretendemos, con presunción, que compramos todo y a todos, ya no se podrá utilizar. No tendremos con nosotros nada más que lo que hemos logrado en esta vida creyendo en su Palabra: el todo y la nada de lo que hemos vivido o dejado de hacer. Solo llevaremos con nosotros lo que hemos dado. (Papa Francisco - Ángelus, 18 de noviembre de 2018)
ORACIÓN
Señor, hoy me invitas a descubrir, en las señales de cada jornada, la certeza de que tu Reino está cerca. Hazme sensible a tu paso silencioso, para reconocer en los pequeños gestos de bondad, en los momentos de luz. Concédeme la serenidad para vivir sin temores, confiando en que tus promesas nunca fallan. Amén.
Reflexión del Evangelio escrita por Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo.
Hoy el Evangelio nos hace una llamada a ser vigilantes y a tener confianza en que la Palabra de Jesús se cumplirá con certeza en cada uno de nosotros. Nada de lo que Él nos prometa dejará de cumplirse. A veces decimos que creemos en Dios, pero ¿será que realmente le creemos y estamos dispuestos a hacer lo que Él nos pide, aunque a veces no nos guste? En esta vida tan agitada en la que vivimos es difícil tener momentos para poder contestar esto conscientemente.
La mayoría de las veces hacemos las cosas sin tener en cuenta a Dios. Jesús quiere enseñarnos a ser atentos observadores del tiempo en el que vivimos y a aprender a discernir todo lo que nos sucede. El estudio y la meditación en la enseñanza de la Palabra de Dios nos debe ayudar a poder dirigir de una mejor manera nuestra vida y observar esas señales en los acontecimientos que vivimos día con día.
La capacidad para poder entender las señales de los tiempos se da en la medida en que logramos tener una adecuada comunicación con Dios a través de la oración y la ayuda de una adecuada dirección espiritual. Jesús nos llama a aprovechar el tiempo, estar listos y preparados para la manifestación del Reino en nuestra vida. Dale prioridad a lo eterno, a la fe, al servicio; procura una madurez espiritual que te ayude a crecer y confiar en que la Palabra de Dios es firme, no falla y que no dejará de cumplirse.
Pregunta:
¿Estoy aprendiendo a reconocer los signos de la presencia de Dios en mi vida diaria?
Cita bíblica del día.
«Tu palabra es lámpara para mis pasos y luz en mi camino». (Salmo 119,105)
