En la alegre y esperanzadora mañana que nos regalas nos ponemos en tus manos y te damos gracias. Nos disponemos a emprender el camino a nuestras actividades cotidianas, pero antes nos colocamos en tu presencia y nos confiamos en tus manos; meditamos tu palabra y nos llenamos de fortaleza en la oración.
Hoy nos enseñas tus signos de señales esperanzadoras, no de señales negativas. La destrucción de Jerusalén y los signos de desastre en la naturaleza representan para nosotros las pruebas de la vida cotidiana y del difícil establecimiento del reino en medio de nosotros. Somos conscientes de que nosotros mismos también retrasamos este reino, por nuestro egoísmo, por nuestra hambre de poder, por todo el mal que nos infligimos los unos a los otros. Y, aun así, nuestros exiguos esfuerzos positivos ayudarán a acercar más tu salvación. Con tu ayuda podemos crecer en el amor, el perdón, la compasión, la justicia y la paz. Deberíamos mantener nuestras cabezas alzadas en esperanza. Somos tus hermanos y discípulos en marcha, que tratamos de llevar a cabo la tarea de modelar tu reino de amor y de paz. Cuando nos sintamos desalentados y con miedo, mantennos firmes caminando en esperanza. Haznos estar siempre vigilantes en oración para que percibamos los signos de tu venida. Camina con nosotros ahora en el camino que Tú mismo nos has trazado. Ayúdanos cuando estemos confundidos y desalentados, dinos con firmeza: «Levántense y alcen la cabeza, porque su salvación se acerca». Haznos gente de confianza y de esperanza, no de miedo ni de temor. Concédenos la gracia de tu esperanza para comprender que se acerca nuestra liberación.
Vamos terminando nuestro mes y nos alimentamos de ilusiones para poder comprender tus palabras: «se acerca nuestra liberación». Amén.
Un muy ilusionado y vocacional jueves. Abrazos y bendiciones.
PALABRA DEL PAPA
El Evangelio de la liturgia de hoy (…) nos habla de trastornos cósmicos y de angustia y miedo en la humanidad. En este contexto Jesús dirige a sus discípulos una palabra de esperanza: «Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación» (…) En efecto, muchos contemporáneos de Jesús, ante los eventos catastróficos que ven acaecer a su alrededor —persecuciones, conflictos, calamidades naturales—, son embargados por la angustia y creen que está por llegar el fin del mundo. Tienen el corazón pesado por el temor. Pero Jesús quiere liberarlos de las angustias presentes y de las falsas convicciones, indicando cómo estar prevenidos en el corazón, cómo leer los eventos a partir del proyecto de Dios, que actúa la salvación también dentro de las circunstancias más dramáticas de la historia. Por esto les sugiere dirigir la mirada hacia el Cielo para entender las cosas de la tierra: «levántense y alcen la cabeza» (v. 28). Es bello… «levántense y alcen la cabeza». (…) De hecho, puede pasar que las ansias, los miedos y los afanes por nuestra vida personal o por todo lo que hoy acontece en el mundo, pesen como rocas sobre nosotros y nos empujen al desánimo. Si las preocupaciones cargan al corazón y nos inducen a encerrarnos en nosotros mismos, Jesús nos invita en cambio a levantar la cabeza, a confiar en su amor que nos quiere salvar y que se hace cercano en cada situación de nuestra existencia, a hacerle espacio para volver a encontrar la esperanza. (Papa Francisco - Ángelus, 1° de diciembre de 2024)
Cf. Reflexión Evangelio escrita por P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo.
En este pasaje el Señor nos habla del final de los tiempos, y es que estamos en el final del año litúrgico, el cual… nos va llevando por la historia de la salvación; historia que concluirá con el inicio del reinado definitivo de Cristo sobre todo lo creado.
Sería hermoso poder decir que el Señor vendrá triunfante entre las nubes del cielo cuando su Reino esté instaurado en cada corazón; pero, la verdad es que Cristo, las Escrituras y los Padres de la Iglesia coinciden en afirmar que no será así —como lo describe el Apocalipsis—: “El Reino no se realizará mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal”.
Pero enfócate: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, todos los hombres y los más posibles. Por eso mueve cielo, mar y tierra para tocar nuestros corazones, por eso la Iglesia y los Sacramentos, por eso la creación y la redención por la cruz.
Pregunta:
¿Estoy preparado para reconocer la presencia de Dios en medio de las crisis?
Cita bíblica del día.
«No se turbe vuestro corazón ni se acobarde». (Juan 14,27).
