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25-mar.-2026, miércoles de la 5.ª semana de Cuaresma

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María instaura un vínculo de parentesco con Jesús antes aún de darle a luz: se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento en que acoge las palabras del Ángel

Gracias, Señor, porque en la fiesta de la Anunciación María nos muestra el camino de la obediencia y el cumplimiento de la Voluntad del Padre celestial. 
En tu mensaje hay dos protagonistas, la Virgen María y la palabra que transmite el ángel Gabriel. María en su sencillez está abierta a la voluntad de Dios. Y es la palabra, la que transforma, da seguridad y, sin forzar la libertad de María, la lleva a una aceptación gozosa de la voluntad del Padre. María responde: «que se cumpla en mí tu Palabra».  Por eso, ella ocupa un lugar tan especial, único, en los designios de Dios sobre la humanidad. El «sí» de María, en su humildad y sencillez, inaugura todos los “síes” de los que somos invitados a escuchar las palabras del Padre celestial y tu llamado.
María, después de escuchar, acoge las palabras que dan fruto en su interior, que no pasan como el viento, sino que se quedan y echan raíces en su corazón. Aprendamos de Nuestra Madre a vivir una acogida humilde del plan del Padre en nuestra vida. Que Ella nos enseñe a aceptar con amor los designios divinos y a no alejarnos de su presencia. 
Madre del amor y la ternura sabemos que en tu Hijo nos abrazas a todos los que somos sus discípulos. A Ti acudimos, Madre, cuando nos sentimos tentados, tristes o en peligro. A Ti Madre nos acogemos y, como nos dice el papa Francisco: “Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y, a veces, nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»”. Gracias, Madre, por tu amor y tu ternura. Gracias, Señor, por regalárnosla como nuestra Madre. Permite que sus palabras sean para nosotros un compromiso: «HACED LO QUE EL OS DIGA». 
Un muy feliz y mariano miércoles lleno del amor De Dios. 

Palabra del Papa

La voluntad de Dios es la ley suprema que establece la verdadera pertenencia a Él. María instaura un vínculo de parentesco con Jesús antes aún de darle a luz: se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento en que acoge las palabras del Ángel y dice: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Este “hágase» no es sólo aceptación, sino también apertura confiada al futuro. ¡Este «hágase» es esperanza! María es la madre de la esperanza, la imagen más expresiva de la esperanza cristiana. Toda su vida es un conjunto de actitudes de esperanza, comenzando por el «sí» en el momento de la anunciación. María no sabía cómo podría llegar a ser madre, pero confió totalmente (papa Francisco, 21 de noviembre de 2013).

ORACIÓN 

Madre y Reina de la Anunciación: a tu corazón de Madre entrego mi alma, mis pensamientos, recuerdos, imaginaciones, deseo y temores.
Recibe mi corazón que sea un solo palpitar con el tuyo, mi cuerpo con tus sentidos. Quiero mirarte, Madre, con gratitud.
Te entrego mi lengua, que en cada frase que pronuncie repita: “Soy todo tuyo”. Quiero pedirte más amor para el Santo Padre, para la Iglesia, para todos mis hermanos.
Madre bondadosa desde hoy quiero vivir contigo, que tú dirijas mis pasos y deseos y para eso al iniciar una acción me diré: ¿Cómo lo haría María?
Te entrego mi vida espiritual, que sea un vivir en el amor del Espíritu Santo para todos mis hermanos.
Amén.

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Oremos con un Avemaría por todas las personas que se encuentran enfermas. Dios haga llegar todos sus consuelos.

Reflexión Lectio Divina: 25 de marzo de 2026

Los que hemos tenido la suerte de estar en Tierra Santa, conservamos una emoción contenida al visitar la preciosa Basílica de Nazaret y, sobre todo, al hincar nuestras rodillas ante la gruta en la que, según la tradición, tuvo lugar el misterio de la Encarnación.  Nadie como san Bernardo ha sabido captar ese momento sublime. Dice así: “El ángel espera tu respuesta, Oh María. También nosotros estamos esperando. En tus manos está el precio de nuestro rescate: responde pronto, Oh Virgen. Pronuncia la palabra que el cielo, la tierra y hasta los infiernos esperan de ti.… Mira, es el deseo de todas las gentes el que está ahí fuera y llama a tu puerta…Levántate, corre, abre. Levántate con la fe, corre con tu afecto, abre con tu consentimiento”. El saludo del Ángel hace vislumbrar a María que Dios la quiere sencilla, humilde, servidora, alegre, cerca de la gente. María dijo sí. En la vida es bonito decir sí, estar disponibles a los requerimientos de los demás. Cuando dos jóvenes se dicen que sí en el amor, Dios les regala un Sacramento. Pero decir sí a una persona comporta un riesgo porque toda persona es un misterio. ¿Qué diremos de María que supo decir sí al Misterio de Dios? En varias ocasiones María no entendió a Dios. Pero no quiso abrir el misterio porque lo hubiera estropeado. Prefirió cargar con él durante toda la vida. Y fiarse plenamente de Dios.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.