Nuevo amanecer y un fin de semana para descansar y retomar fuerzas para seguir en el camino de la vida, amando y sirviendo gracias, Señor, por un nuevo día, lleno de salud y bienestar.
Hoy celebramos la festividad de san Marcos, evangelista, y te damos gracias porque por medio de las lecturas nos muestras cómo debe ser un discípulo tuyo: tener sentimientos de humildad y sencillez, inclinarse bajo la mano poderosa del Padre celestial, descargar en Ti todo nuestro agobio, ser sobrios, estar despiertos para poder combatir al enemigo, trabajar por el Reino y hacerlo con alegría y sobre todo confiar en ti. Pero sabemos, Señor, que no todo es alegría y que tenemos momentos difíciles que tenemos que superar poniéndonos en tus manos. Debemos llevar la buena noticia de tu resurrección a nuestros hermanos, sin esperar que nadie nos felicite ni nos diga lo buenos que somos, esto queda entre nosotros y Tú. Que no seamos nosotros los que hagamos acepción de personas y tratemos a todos por igual. Sea cual sea nuestro camino, tenemos la seguridad que tú sostienes e inspiras a los que eliges y envías. Lo dice la Carta de Pedro: «Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá». Dichosos nosotros, que reconocemos lo que tú obras en nuestras vidas, pero ante todo que nos llamas para que prestemos nuestra voz a tu Palabra.
Feliz y santo fin de semana
Palabra del Papa
Parece de verdad demasiado audaz el encargo que Jesús confía a un pequeño grupo de hombres sencillos y sin grandes capacidades intelectuales. Sin embargo, esta reducida compañía, irrelevante frente a las grandes potencias del mundo, es invitada a llevar el mensaje de amor y de misericordia de Jesús a cada rincón de la tierra. Pero este proyecto de Dios puede ser realizado solo con la fuerza que Dios mismo concede a los apóstoles. (…) Así que esta misión pudo realizarse y los apóstoles iniciaron esta obra, que después fue continuada por sus sucesores. La misión confiada por Jesús a los apóstoles ha proseguido a través de los siglos, y prosigue todavía hoy: requiere la colaboración de todos nosotros. Cada uno, en efecto, por el bautismo que ha recibido está habilitado por su parte para anunciar el Evangelio. (…) En este itinerario encontramos a Cristo mismo en nuestros hermanos, especialmente en los más pobres, en aquellos que sufren en carne propia la dura y mortificante experiencia de las viejas y nuevas pobrezas. Como al inicio Cristo Resucitado envió a sus discípulos con la fuerza del Espíritu Santo, así hoy Él nos envía a todos nosotros, con la misma fuerza, para poner signos concretos y visibles de esperanza. (Papa Francisco, Regina Caeli, 13 de mayo de 2018)
ORACIÓN
Señor, en esta fiesta de san Marcos, evangelista, me llamas a dedicarme a predicar tu Evangelio. ¡Qué privilegio el poder contribuir en la extensión de tu Reino! Para lograrlo, necesito aumentar mi fe y mi caridad; por ello te pido que esta oración sea el medio más eficaz para fortalecer mi convicción de ser un auténtico discípulo y misionero de tu amor.
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-25-de-abril-de-2026
El evangelio de Marcos se abre con una pregunta sumamente interesante: ¿Quién es éste? ¿Y esta doctrina nueva? ¿Qué está pasando aquí? La pregunta es provocada por la persona de Jesús. Lo que hace y lo que dice, en perfecta armonía, cautiva, sorprende. Nada que ver con la doctrina gastada, repetida, de los fariseos. Lo peor que nos puede pasar a los viejos cristianos es que la rutina, la incoherencia, la falta de testimonio personal, haya hecho que mueran las preguntas. Y si no hay preguntas no puede haber respuestas. Nos sucede aquello que nos advirtió el poeta Antonio Machado: “Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber. Lo peor es que no sabemos para qué sirve la sed”. Esa sed de infinito, de trascendencia, de ir “más allá” de la mundanidad, se ha acabado. Estamos bien en este mundo, en esta tierra, en nuestras pequeñas satisfacciones humanas, y ya no necesitamos más. Ni estamos dispuestos a escuchar otras voces distintas, ni aceptar otras alternativas. Ese hombre del Génesis, hecho a “imagen y semejanza de Dios” ha convertido a Dios en “imagen y semejanza del hombre”, es decir, en un ídolo de barro. ¿Qué hacer? Tratar de “mostrar” con nuestro testimonio que este barro del cual está hecho el hombre, tiene un “soplo divino” que nadie le podrá arrebatar porque es su íntimo y profundo ADN. Sólo aquel que viva el estilo de vida de Jesús, puede levantar preguntas. Y las preguntas que interesan al mundo de hoy no son de carácter teórico: “dinos lo que tú sabes de Dios”. Eso no interesa. Pero pueden interesar las de tipo práctico: “dinos a qué sabe Dios”. Dinos qué sucede cuando Dios irrumpe en tu vida. Dinos por qué estás siempre alegre; por qué no te hundes ante el sufrimiento; por qué avanzas sereno y tranquilo hacia la muerte. Antes de hablar a los hombres hay que hablar con Dios.
“Antes de permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma sedienta, con el fin de dar lo que hubiere bebido y esparcir aquello de que la haya llenado”. (San Agustín. Sobre doctrina cristiana, 1,4).
