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24-oct.-sábado de la 29.ª semana del T. O.

El dueño representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es un símbolo de la humanidad indiferente y árida.

Nuestro agradecimiento sincero, porque al despertar, nuestro primer pensamiento va dirigido a Ti, que eres fuente de amor, de bondad y misericordia; te damos gracias por la semana que culminamos y en la que hemos encontrado muchísimas satisfacciones, más que frustraciones. Iniciar nuestro camino de este día meditando tu palabra es un aliciente más para hacer tu voluntad. Es alentador para nosotros oír que —seamos o no conocidos e influyentes, tanto si nuestros talentos son muchos como si son pocos— todos somos importantes para ti y tú nos necesitas para construir tu cuerpo que es la Iglesia.  Gracias por esta confianza que nos das. Haznos capaces de construir unidad y comunidad por medio de las gracias y dones con los que tú nos enriqueces. Gracias por todos los beneficios, especialmente porque nos conoces y sabes dónde vamos dando más frutos de amor. 

Hoy en la parábola de la higuera nos regalas otra lección de amor, de conversión y de paciencia. Tú afirmas que las desgracias no son un castigo divino sino una invitación a la conversión. Los que te escuchamos somos invitados a hacer penitencia. Los males son signos de nuestra fragilidad humana y los acontecimientos tienen que llevarnos a una conversión personal. Es necesario trabajar para nuestra propia conversión y ser pacientes con nuestros hermanos. En la Parábola de la higuera estéril tenemos un elemento que apreciar de los signos de los tiempos: la paciencia de Dios. La higuera se seca y el viñador quiere cortarla al no encontrar frutos en ella; para él es una cuestión de urgencia, pero el cuidador compartiendo la vida dura de los cultivadores nos presenta un símbolo de Dios hacia nosotros: es la de la paciencia. Perdona las veces en que caemos en desesperos y no nos llenamos de tu paciencia para ver los acontecimientos futuros que tú siempre nos regalas. Danos la gracia de esperar y confiar en Ti, de cavar alrededor de los acontecimientos que secan nuestras ilusiones y de abonar con fe y esperanza nuestras vidas para que demos los frutos que Tu anhelas y esperas de cada uno de nosotros. En Ti esperamos y a tu infinito amor y misericordia confiamos. Amén. 

Un muy feliz y paciente fin de semana. 

PALABRA DEL PAPA

Jesús narra la parábola de la higuera estéril.  (…)  ¿Qué representan los personajes de esta parábola? El dueño representa a Dios Padre y el viñador es la imagen de Jesús, mientras que la higuera es un símbolo de la humanidad indiferente y árida. Jesús intercede ante el Padre en favor de la humanidad ―y lo hace siempre― y le pide que espere y le conceda un poco más de tiempo para que los frutos del amor y la justicia broten en ella. La higuera de la parábola que el dueño quiere erradicar representa una existencia estéril, incapaz de dar, incapaz de hacer el bien. Es un símbolo de quien vive para sí mismo, sacio y tranquilo, replegado en su comodidad, incapaz de dirigir su mirada y su corazón a aquellos que están cerca de él en un estado de sufrimiento, pobreza y malestar. A esta actitud de egoísmo y esterilidad espiritual se contrapone el gran amor del viñador por la higuera: hace esperar al dueño, tiene paciencia, sabe esperar, le dedica su tiempo y su trabajo. Promete al dueño que prestará una atención especial a ese árbol desafortunado. Y esta similitud del viñador manifiesta la misericordia de Dios, que nos deja un tiempo para la conversión. Todos necesitamos convertirnos, dar un paso adelante, y la paciencia de Dios, la misericordia, nos acompaña en esto. A pesar de la esterilidad, que a veces marca nuestra existencia, Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y avanzar por el camino del bien.  (Francisco - Ángelus, 24 de marzo de 2019)

Dios tiene paciencia y nos ofrece la posibilidad de cambiar y avanzar por el camino del bien
ORACIÓN 

Jesús, sé que me has plantado en un lugar privilegiado, rodeado de bendiciones, familia y muchas oportunidades para hacer el bien, pero confieso que muchas veces me he quedado estancado en mis comodidades. No permitas que la rutina me robe el sentido de urgencia por amarte más cada día que pasa. Riega mi vida con el agua viva de tu misericordia para que brote en mí un amor que sirva de alimento para los que caminan a mi lado. Amén.

Reflexión 

Todavía hoy hay mucha gente que piensa que todos los males son castigos de Dios, por su mala vida. ¡Os digo que no! Nos debe quedar muy claro que uno no es malo porque las cosas le salgan mal ni bueno porque todo le sonríe. Esta manera de ver las cosas ha sido superada por Jesús. 

Le llevaron a Jesús un ciego de nacimiento. Le preguntan: «Maestro, ¿Quién ha pecado? ¿El o sus padres, para que naciera ciego?» Y Jesús contesta: «Ni él ni sus padres» (Jn 9, 3). Pensar que Dios está en el cielo apuntando nuestros errores para echárnoslos a la cara, avergonzarnos y castigarnos en un momento oportuno, es una falsa imagen de Dios que debemos desterrarla para siempre. Lo que de verdad preocupa a Dios es nuestra conversión. Y la palabra que se usa es “metanoia” un cambio de mente, una distinta manera de pensar. Dios es ese viñador que, a pesar de que lleva tres años sin dar fruto, no arranca la higuera, sino que espera un año más.  ¿Para qué? Para regarla, cuidarla, abonarla. Dios nos anima a cambiar porque está convencido de que así y sólo así, podemos ser felices. Siendo unos criados holgazanes, despreocupados, desconfiados del dueño, no podemos madurar como personas.  El Señor tiene una enorme paciencia con nosotros y nunca se cansa de esperar. Sólo aquel que ama sabe esperar.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.