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23-may.-2026, sábado de la 7.ª semana de Pascua 

«¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22). Como diciendo: cuida de tu vida, de tu situación actual y no metas la nariz en la vida de los otros.

Esta mañana, en la que se inicia nuestro descanso de fin de semana, es momento propicio para darte gracias por todo lo realizado en nuestras labores cotidianas. 

Tu respuesta a la pregunta de Pedro respecto a la suerte del Discípulo amado: «Señor, y éste ¿qué?», tiene una respuesta sin equívocos: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme». Cada uno de nosotros está llamado a seguirte y con un proyecto de vida propio. Lo importante es el seguimiento de cada uno y no el destino que les toca a los demás. Tú tienes la libertad de enviarnos y a cada uno dar una misión específica.

No somos nosotros los que tenemos derecho a decirte lo que debes hacer. Lo más importante es testimoniar, como el Discípulo amado, nuestra experiencia profunda de encuentro contigo, es sentirnos como él, verdaderos «discípulos amados». La presencia del Espíritu Santo, don prometido por Ti, es la certeza de ese amor. Ayúdanos a cumplir nuestra misión de amar y de servir y haz que la prolonguemos en nuestros hermanos con verdaderos sentimientos de unidad. Hoy en la espera gozosa de un nuevo Pentecostés en nuestras vidas, danos los dones y los frutos de tu Espíritu Santo, para que sigamos siendo testigos de tu amor. 

Las palabras de los Papas

Este coloquio entre Jesús y Pedro contiene una enseñanza valiosa para todos los discípulos, para todos nosotros creyentes. (…) Empezando por la tentación —muy humana, sin duda, pero también muy insidiosa— de conservar nuestro protagonismo. Y a veces el protagonismo debe disminuir, debe abajarse, (…) Pero tendrás otra forma de expresarte, otra forma de participar en la familia, en la sociedad, en el grupo de los amigos. Y es la curiosidad que le viene a Pedro: “¿Y él?”, dice Pedro, viendo al discípulo amado que los seguía (cf. vv. 20-21). Meter la nariz en la vida de los otros. Pues, no. Jesús le dice: “¡Cállate!”. ¿Realmente tiene que estar en “mi” seguimiento? ¿Acaso debe ocupar “mi” espacio? ¿Será mi sucesor? Son preguntas que no sirven, que no ayudan. ¿Debe durar más que yo y tomar mi lugar? Y la respuesta de Jesús es franca e incluso áspera: «¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22). Como diciendo: cuida de tu vida, de tu situación actual y no metas la nariz en la vida de los otros. Tú sígueme. Esto sí, es importante: el seguimiento de Jesús, seguir a Jesús en la vida y en la muerte, en la salud y en la enfermedad, en la vida cuando es próspera con muchos éxitos y también en la vida difícil con tantos momentos duros de caída. Y cuando queremos meternos en la vida de los otros, Jesús responde: “¿A ti qué te importa? Tú sígueme”. Hermoso. (Francisco - Audiencia general, 22 de junio de 2022)

Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú, sígueme
ORACIÓN

Dios Padre, gracias por regalarnos la presencia de Jesús para hacer experiencia de tu compañía y de tu amor.

Jesucristo, gracias por caminar al lado de nuestra humanidad y enseñarnos con nuestras mismas palabras y actitudes lo importante de conocer al Padre.

Espíritu Santo, maestro de toda nuestra, vida enséñanos a descubrir a lo largo del tiempo lo verdaderamente importante, el amor de Dios que es Padre.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-23-de-mayo-de-2024-2 

Siempre he sentido una sana envidia por el evangelista Juan. Ha sido tan querido, tan agraciado por Jesús, que, en vez de nombrarse por su nombre, prefiere ser conocido por la experiencia de vida que ha mantenido con Él.  Este es el discípulo “a quien Jesús tanto quería”. Y prueba exquisita de ese amor fue el que, en la Cena, “reposó su cabeza sobre el pecho de Jesús”. Y ¿qué descubrió allí? Es algo que nunca podemos saber. Pero sí podemos adivinar. El evangelista nos dice que: «Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús y que, si se escribieran todas, no cabrían los libros en este mundo». ¿No nos está diciendo el evangelista que la vida tan rica y maravillosa de Jesús no puede encerrase en libros? Esto es muy importante a la hora de abordar un texto bíblico. No debo nunca situarme sobre él con idea de poseerlo y dominarlo a base de estudiarlo con minuciosidad. Debo dejarle a él el protagonismo y dejo que el mismo texto me hable, me sugiera, me interpele y me lance a nuevos horizontes. Y así la palabra de Dios me lleva a lo inabarcable, a lo desconocido, al Misterio.  Y de esta manera, la Palabra de Dios me hace crecer cada día. Por eso no debemos hablar sino lo que nos sugiere el Espíritu de verdad que está en nosotros. No demos un evangelio escrito, sino un evangelio vivido, gustado, hecho vida en nosotros.

Tú, que lo aclaras todo

Espíritu Santo, Tú me aclaras todo e iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal.

Tú me das el don Divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y en todos los instantes de mi vida estás conmigo.

Quiero —en este corto diálogo— agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material.

Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua. 

Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos.

Gracias, Dios mío.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.