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21-abr.-2026, martes de la 3.ª semana de Pascua

Jesús se revela como el pan, es decir lo esencial, lo necesario para la vida de cada día, sin Él no funciona. No un pan entre muchos otros, sino el pan de la vida.

En tus manos de Padre bondadoso nos levantamos e iniciamos nuestra jornada dándote gracias por todo lo que nos regalas, lo necesario para emprenderla, ante todo lo más valioso: nuestra vida y tu presencia en nuestros corazones. Danos el valor de ponernos en tus manos en las pruebas de la vida, para que veamos tu gloria. Que tengamos hambre de lo bueno, lo bello y lo justo, para que encontremos la fortaleza que nos regalas a nuestros anhelos y esperanzas. 

Señor, tú eres nuestro pan, nuestro alimento, nuestra riqueza, el sentido de nuestras vidas, que nos acompañas en el camino de la vida. Que sigas nutriéndonos con el pan de tu Cuerpo, que nos da la verdadera vida y calma nuestra sed. Aumenta nuestra fe para que podamos responderte con generosidad y firmeza, especialmente en los momentos de mayor dificultad. Danos la confianza de Esteban y danos tu espíritu para saber defender tu causa y anunciar tu Nombre. Que miremos nuestras vidas con optimismo y pongamos nuestra mirada en ti. Gracias por ser el verdadero y único alimento que perdura y calma nuestras hambres. Amén. Un bendecido y fructífero martes de testimonio en el amor y el servicio. Amén.

Palabra del Papa

¿Qué significa pan de la vida? Para vivir se necesita el pan. Quien tiene hambre no pide comidas refinadas y caras, pide pan. Quien no tiene trabajo no pide sueldos altos, sino el “pan” de un empleo. Jesús se revela como el pan, es decir lo esencial, lo necesario para la vida de cada día, sin Él no funciona. No un pan entre muchos otros, sino el pan de la vida. En otras palabras, nosotros, sin Él, más que vivir, sobrevivimos: porque solo Él nos nutre el alma, solo Él nos perdona de ese mal que solos no conseguimos superar, solo Él nos hace sentir amados, aunque todos nos decepcionen, solo Él nos da la fuerza de amar, solo Él nos da la fuerza de perdonar en las dificultades, solo Él da al corazón esa paz que busca, solo Él da la vida para siempre cuando la vida aquí en la tierra se acaba. Es el pan esencial de la vida. (Papa Francisco, Ángelus, 8 de agosto de 2021

ORACIÓN 

Gracias, Señor, por este rato tan agradable que he pasado contigo. Es para mí lo mejor del día. Te agradezco tu fuerza para conquistar los corazones. También un día a mí me cautivaste y sigo cautivado por Ti. No te cambiaría por nadie. Siempre que intento disfrutar de la vida sin contar contigo, siempre me queda un dejo de tristeza y soledad. En cambio, cuando yo disfruto contigo me siento más libre para disfrutar de todo. Gracias, Señor.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-21-de-abril-de-2026 

Jesús se manifiesta en este evangelio como el «pan de la vida». No se trata de un pan material, ni siquiera del pan de maná que había dado el Padre a los judíos hambrientos en el desierto. Nos promete un pan que da vida, pero no una simple vida humana para prolongar nuestros años. Dice el Gran Inquisidor: “El pan te asegura el éxito y el hombre se inclina ante quien se lo da; pero si otro se adueña de su conciencia, el hombre desdeñará incluso tu pan para seguir a quien ha cautivado su razón” (Dostoyevsky).  Jesús aquí nos habla de un pan que da vida en plenitud. Un pan que “sacia”, un pan que nos satisface, que nos llena por dentro el corazón.  En realidad, un pan que nos hace ya aquí y ahora plenamente felices. El comer con gozo este pan, en la gran mesa de la fraternidad, es la mejor garantía del Banquete Celestial. Este pan ya gustado y saboreado en esta vida, nos asegura la fiesta definitiva de Dios Padre con todos sus hijos en la gran mesa del Reino eterno. Dado el ambiente tan poco religioso que estamos viviendo en esta sociedad secularizada, cada vez se hace más difícil el creer. En realidad, nadie puede creer en el más allá si ese “más allá” no se ha hace presente, de alguna manera, en el “más acá”. Por eso, el Concilio Vaticano II, nos dice muy bien en la Constitución de Liturgia: «En la liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos»” (SC 8).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.