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19-may.-2026, martes de la 7.ª semana de Pascua 

La oración nos abre a la confianza en Dios incluso en los momentos difíciles, nos ayuda a esperar contra todas las evidencias, nos sostiene en la batalla cotidiana.

Iniciamos este día y esta mañana que bondadosamente recibimos para darte gracias y ponernos en tus manos. Amanecemos en este segundo día de nuestra semana y comenzamos nuestras labores cotidianas confiando en que serán bendecidas por ti. 

Tenemos la ocasión de meditar tu palabra y encontrar en ella ilusiones y esperanzas para cumplir tu santa voluntad: Esta es la hora que nos anuncias y que recibimos llenos de confianza en ti; la hora del amor, de la reconciliación y el perdón, la hora de nuestra misión. Tú, Señor, llevaste a cabo la misión que te había encomendado el Padre y lo hiciste sin miedo y con toda fidelidad. Señor, danos un poco de tu sentido de misión. Danos la fuerza del Espíritu para proclamar tu palabra tal cual es, esperanzadora, reconciliadora, viva y exigente. 

Te damos gracias, Señor, porque en este día nos regalas la oración más hermosa de todas las oraciones. Nos regalas la oración nacida desde lo profundo de tu corazón, nos encomiendas al Padre en nuestras luchas, nuestras esperanzas y nuestros horizontes. Sabemos, Señor, que nos sigues guiando, protegiendo y que nos encomiendas al Padre en nuestras debilidades. No nos abandones y envíanos al Espíritu Santo que nos fortalezca y consuele en nuestras tribulaciones y debilidades. Hoy, al iniciar nuestra semana laboral, nos ponemos en tus manos y confiamos en tu misericordia para que todo lo hagamos a tu santo nombre. Bendícenos, guárdanos y protégenos. En ti confiamos y en ti esperamos. Amén.

Feliz inicio de semana, esperanzador y optimista martes para todos. 

PALABRA DEL PAPA

Antes que las palabras, (…) el Evangelio nos presenta una actitud de Jesús. El Evangelista dice que rezaba levantando «los ojos al cielo» (Jn 17,1). Son las horas finales de su vida, siente el peso de la angustia por la pasión que se acerca, advierte la oscuridad de la noche que está por caer sobre Él, se siente traicionado y abandonado; pero justo en ese momento, en ese preciso instante, Jesús levanta los ojos al cielo. Levanta la mirada hacia Dios. No baja la cabeza ante el mal, no se deja aplastar por el dolor ni se aísla en la amargura de quien está derrotado y decepcionado, sino que mira hacia lo alto. (…) La oración nos abre a la confianza en Dios incluso en los momentos difíciles, nos ayuda a esperar contra todas las evidencias, nos sostiene en la batalla cotidiana. No es una fuga, un modo de escapar de los problemas. Al contrario, es la única arma que tenemos para cuidar el amor y la esperanza en medio de tantas armas que siembran muerte. No es fácil alzar la mirada cuando estamos en medio del dolor, pero la fe nos ayuda a vencer la tentación de replegarnos en nosotros mismos. Tal vez quisiéramos protestar, expresar a gritos, incluso a Dios, nuestro sufrimiento. No debemos tener miedo, porque también esto es oración. (Francisco, Homilia en la Misa para los fieles del Myanmar residentes en Roma, 16 de mayo de 2021)

La oración nos abre a la confianza en Dios incluso en los momentos difíciles, nos ayuda a esperar [...]
ORACIÓN 

Señor, en este tiempo de oración no quiero pedirte nada material para mí ni para los míos. Mi pensamiento se centra sólo en Ti, en tus cosas, en las cosas de tu Padre. Y deseo, como Tú, la honra del Padre, la glorificación del Padre, el hacer todo en este día para agradarle, agradecerle, y tratar de conseguir que el Padre Dios pueda disfrutar un rato conmigo.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-19-de-mayo-de-2026

El tiempo y la hora. Todos tenemos el tiempo, pero Jesús, además del tiempo, tiene “su hora”. Nosotros podemos disponer del tiempo y, aunque la vida es corta, todavía nos queda tiempo para cansarnos, para aburrirnos y hasta para “perder inútilmente el tiempo”. A veces nos preguntan: “¿qué haces ahí?” Y contestamos: “aquí estoy matando el tiempo”. 

Jesús, además del tiempo, tiene “su hora”; y esta es muy importante en el evangelio de san Juan, ya que lo atraviesa desde el principio («No ha llegado mi hora» [2,4]) hasta el final («Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo» [17,1]). Para Jesús “su hora” era la hora de su muerte, resurrección y glorificación; la hora de la entrega total por amor. Esta hora ha dado sentido a todas sus horas y ha llenado de contenido su tiempo. Por eso, para Jesús no hay horas vacías ni horas aburridas ni horas muertas. Al morir, tomará entre sus manos el libro de su existencia y lo cerrará ante el Padre diciendo: “¡MISIÓN CUMPLIDA!” 

También me encantan estas palabras de Jesús al Padre: «Eran tuyos y Tú me los diste». Jesús nos ha visto a todas las personas como “regalos del Padre para Él”. Por eso nos ha amado tanto. Nos preguntamos: ¿Y qué pasaría en el mundo si cada uno de nosotros nos viéramos como un precioso regalo de nuestro Padre Dios?