Iniciamos este día y esta mañana que bondadosamente recibimos para darte gracias y ponernos en tus manos. Amanecemos en este segundo día de nuestra semana y comenzamos nuestras labores cotidianas confiando en que serán bendecidas por ti.
Tenemos la ocasión de meditar tu palabra y encontrar en ella ilusiones y esperanzas para cumplir tu santa voluntad: Esta es la hora que nos anuncias y que recibimos llenos de confianza en ti; la hora del amor, de la reconciliación y el perdón, la hora de nuestra misión. Tú, Señor, llevaste a cabo la misión que te había encomendado el Padre y lo hiciste sin miedo y con toda fidelidad. Señor, danos un poco de tu sentido de misión. Danos la fuerza del Espíritu para proclamar tu palabra tal cual es, esperanzadora, reconciliadora, viva y exigente.
Te damos gracias, Señor, porque en este día nos regalas la oración más hermosa de todas las oraciones. Nos regalas la oración nacida desde lo profundo de tu corazón, nos encomiendas al Padre en nuestras luchas, nuestras esperanzas y nuestros horizontes. Sabemos, Señor, que nos sigues guiando, protegiendo y que nos encomiendas al Padre en nuestras debilidades. No nos abandones y envíanos al Espíritu Santo que nos fortalezca y consuele en nuestras tribulaciones y debilidades. Hoy, al iniciar nuestra semana laboral, nos ponemos en tus manos y confiamos en tu misericordia para que todo lo hagamos a tu santo nombre. Bendícenos, guárdanos y protégenos. En ti confiamos y en ti esperamos. Amén.
Feliz inicio de semana, esperanzador y optimista martes para todos.
PALABRA DEL PAPA
Antes que las palabras, (…) el Evangelio nos presenta una actitud de Jesús. El Evangelista dice que rezaba levantando «los ojos al cielo» (Jn 17,1). Son las horas finales de su vida, siente el peso de la angustia por la pasión que se acerca, advierte la oscuridad de la noche que está por caer sobre Él, se siente traicionado y abandonado; pero justo en ese momento, en ese preciso instante, Jesús levanta los ojos al cielo. Levanta la mirada hacia Dios. No baja la cabeza ante el mal, no se deja aplastar por el dolor ni se aísla en la amargura de quien está derrotado y decepcionado, sino que mira hacia lo alto. (…) La oración nos abre a la confianza en Dios incluso en los momentos difíciles, nos ayuda a esperar contra todas las evidencias, nos sostiene en la batalla cotidiana. No es una fuga, un modo de escapar de los problemas. Al contrario, es la única arma que tenemos para cuidar el amor y la esperanza en medio de tantas armas que siembran muerte. No es fácil alzar la mirada cuando estamos en medio del dolor, pero la fe nos ayuda a vencer la tentación de replegarnos en nosotros mismos. Tal vez quisiéramos protestar, expresar a gritos, incluso a Dios, nuestro sufrimiento. No debemos tener miedo, porque también esto es oración. (Francisco, Homilia en la Misa para los fieles del Myanmar residentes en Roma, 16 de mayo de 2021)
