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19-mar.-2026, jueves de la 4.ª semana de Cuaresma

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Solemnidad de san José | «Despertado José del sueño, hizo como el ángel le había mandado» (Mt 1,24).

Celebramos hoy la solemnidad de san José, hombre bueno a los ojos de Dios, cuya vida es un canto a la bondad, la humildad, la sencillez y la obediencia. José —modelo de hombre, de esposo y de padre— fue bueno con María, aceptó las explicaciones que Dios le dio y, llevado de su bondad, acogió a María y a Jesús, y los amó entrañablemente. Por eso, la fiesta de san José es un buen momento para preguntarnos por la bondad y por el lugar que esta ocupa en nuestra vida diaria. 

Señor, danos la fe de este hombre justo, para que siempre te escuchemos y te sirvamos en todo lo que nos pides, aun cuando no entendamos perfectamente a dónde nos llevas. Haz que —como san José— permanezcamos siempre cercanos e íntimos a tu amor, viviendo con calma, serenidad, prudencia, paciencia, obediencia y confianza, sobre todo en Dios. Como a José y María en el hogar de Nazaret, permite que con fe y amor podamos superar todos los obstáculos que se presentan en nuestro diario vivir. Por intercesión de San José, te pedimos que cuides y protejas a todas las personas que trabajan en la salud o en actividades parecidas. Amén. 

Un muy feliz y santo día para todos los “Josés”, para los esposos y padres, cuñados, sobrinos, primos y amigos. 

Palabra del Papa

Al final de aquella peregrinación, Jesús volvió a Nazaret y vivía sujeto a sus padres (cf. Lc 2,51). Esta imagen tiene también una buena enseñanza para nuestras familias. En efecto, la peregrinación no termina cuando se ha llegado a la meta del santuario, sino cuando se regresa a casa y se reanuda la vida de cada día, poniendo en práctica los frutos espirituales de la experiencia vivida. Sabemos lo que hizo Jesús aquella vez. En lugar de volver a casa con los suyos, se había quedado en el Templo de Jerusalén, causando una gran pena a María y José, que no lo encontraban. Por su «aventura», probablemente también Jesús tuvo que pedir disculpas a sus padres. El Evangelio no lo dice, pero creo que lo podemos suponer. La pregunta de María, además, manifiesta un cierto reproche, mostrando claramente la preocupación y angustia, suya y de José. Al regresar a casa, Jesús se unió estrechamente a ellos, para demostrar todo su afecto y obediencia. Estos momentos, que con el Señor se transforman en oportunidad de crecimiento, en ocasión para pedir perdón y recibirlo y de demostrar amor y obediencia, también forman parte de la peregrinación de la familia. (Homilía del papa Francisco, 27 de diciembre de 2015, Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José).

ORACIÓN A SAN JOSÉ DORMIDO 

Oh, san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte e inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.

Oh, san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.

¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí! Amén. 

ORACIÓN (cf. Lectio Divina: 19 de marzo de 2026)

Señor, Tú que viviste treinta años oculto en Nazaret, viviendo bajo la custodia de María y de José, ayúdame a imitar a José en su obediencia pronta y alegre. Que san José, a quien celebramos hoy como patrono de la Iglesia universal, de la familia y de la buena muerte, interceda por todos nosotros para que sepamos imitarle en el respeto, el cariño, el apoyo y el servicio que él vivió con Jesús y con María en Nazaret.

Reflexión (cf. Lectio Divina: 19 de marzo de 2026)

Las palabras de María a Jesús suenan como un reproche cariñoso: ¿Por qué has hecho esto con nosotros? Nosotros, que sólo pensamos en Ti y vivimos para Ti. Nosotros que no tenemos otra ocupación ni preocupación que la de atenderte, cuidarte, mimarte, estar siempre pendiente de Ti. ¿Tan mal lo estamos haciendo? Aquí descubrimos a María muy mujer y muy madre. «Tu padre y yo, angustiados, te buscábamos». “Tu padre y yo”, yo lo pondría en admiración: ¡tu padre y yo! 

A través de estas palabras de María se asoma uno al misterio de ternura que envolvió la vida de María y José. Cuando alguien se acercaba al taller de José y preguntaba por su esposa, ¿qué respondería José? “María es un encanto de mujer, María es un cielo para mí. Es una mujer tan maravillosa que yo no la merezco. Es demasiado para mí”. Pero cuando alguna vecina se asomaba a casa de María y preguntaba por José ¿Qué diría María? “José es un esposo tan bueno, tan dulce, tan servicial, tan trabajador, y tan delicado y atento conmigo que, con sólo pronunciar su nombre, me lleno de emoción. Él es callado, silencioso. Es como si llevara dentro un jardín interior.  Sólo es feliz viéndonos felices a Jesús y a mí”. Angustiados. Si para unos padres perder a un hijo es como enfermar, para José y María, perder a este Hijo era morir. Los dos se mueren a chorros y no comen, ni beben, ni descansan hasta que lo encuentran. Hay algo que no hacen: echarse la culpa el uno al otro.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.