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18-may.-2026, lunes de la 7.ª semana de Pascua 

por los caminos de la tribulación [...] siempre recordar [...] confiarse al Señor. Y Él nos responde con la paz [...] el Señor es Padre que nos ama mucho y nunca defrauda

Otro día más que nos regalas hoy, Señor; contemplamos un bello amanecer en el inicio de esta semana y lo recibimos descansando. Gracias, Señor, por el descanso de este día; gracias, Señor, por lo que hemos vivido en el día de ayer en este domingo especial en que tú nos has dejado esta huella tan bella en el corazón de cada uno de nosotros. Ascendiste al cielo y nosotros quedamos mirando solo para el cielo, sino mirando con un horizonte bello, un horizonte lleno de ilusiones y lleno de esperanzas. 

Tus mismas palabras nos incentivan, Señor, en todo momento para poder cumplir tu santa voluntad: «tened valor». Hoy sentimos que estás en nuestros corazones y nuestro valor se da en que iniciamos este caminar que lo hacemos en este descanso, pero reflexionando en tu palabra reflexionando en esta promesa grande. «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo».  Ascendiste al cielo al lado del Padre Celestial, pero no nos has dejado solos, simplemente es el premio de estar a la derecha del Padre. Permítenos, Señor, realizar las obras que nos permitirán ser testigos de tu amor. Que las fuerzas renovadoras de estos días sean motivo de felicidad y esperanza renovadora. Amén. 

Un muy feliz lunes de descanso. 

PALABRA DEL PAPA

Soportar, es más que tener paciencia, es llevar sobre los hombros, llevar el peso de las tribulaciones. También la vida del cristiano tiene momentos así. Pero Jesús nos dice: Tened valor en ese momento. Yo he vencido, también vosotros venceréis. Así, esta primera palabra nos ilumina para afrontar los momentos más difíciles de la vida, los momentos que nos hacen también sufrir. (…) confiar al Señor algo, confiar al Señor este momento difícil, confiarme a mí mismo al Señor, confiar al Señor a nuestros fieles; nosotros sacerdotes, obispos, confiar al Señor a nuestras familias, nuestros amigos. Es necesario saber decir al Señor: Cuida de estos, son los tuyos. Sin embargo, es una oración que no siempre hacemos: la oración de confianza. Es una bella oración cristiana la que reza: Señor te confío esto, llévalo tú adelante. Es la actitud de la confianza en el poder del Señor, también en la ternura del Señor que es Padre. (…) tres palabras: tribulación, confianza, paz. No hay que olvidar nunca que en la vida debemos ir por los caminos de la tribulación, porque es la ley de la vida; pero se debe siempre recordar, precisamente en esos momentos, de confiarse al Señor. Y Él nos responde con la paz. De hecho, el Señor es Padre que nos ama mucho y nunca defrauda. (Francisco, Homilía Santa Marta, 5 de mayo de 2015)

o estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/ascension-del-senor-17-de-mayo-de-2026

Jesús, en este evangelio, nos habla de soledad. Y hay dos tipos de soledad. La soledad normal, la que nos acompaña en algún momento de nuestra vida y la “soledad amarga”, la que no esperamos, la que proviene de aquellos que no están con nosotros cuando deberían estar. De esta ha participado el Señor cuando se queda sin la compañía de aquellos a quienes llamó “para que estuvieran con Él” (Mc. 3,14) y en el momento en que más los necesitaba lo han dejado solo. Y Jesús se siente solidario de tantas personas abandonadas por sus hijos, por sus nietos, por sus mejores amigos. Pero, en estas circunstancias, Jesús nos abre un camino de esperanza. ¡EL PADRE! A Jesús nunca le ha abandonado. Como hombre ha tenido “sensación” de abandono, pero en realidad siempre ha estado con Él. Incluso nos ha dicho que de ese Padre uno se puede fiar no sólo hasta la muerte sino hasta “más allá de la muerte”. La Resurrección es la gran respuesta del Padre a la pregunta de Jesús en la Cruz: ¿Por qué me has abandonado?

Pentecostés: Primer Día de la Novena por la Unción del Espíritu Santo

Acto diario de consagración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh, Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh, Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Oración por los Siete Dones del Espíritu

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. Oh, Dios, que con la luz del Espíritu Santo iluminas los corazones de tus fieles, concédenos que guiados por el mismo Espíritu, disfrutemos de lo que es recto y nos gocemos con su consuelo celestial.

1.- Ven, Espíritu Santo, por tu don Sabiduría, concédenos la gracia de apreciar y estimar los bienes del cielo y muéstranos los medios para alcanzarlos. Gloria

Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda ser lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que tema en cualquier modo disgustarlo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.