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17-may.-2026, domingo de la 7.ª semana de Pascua (Ascensión del Señor)

desde la Ascensión Dios mismo ha “cambiado”: ¡desde entonces ya no es solo espíritu, sino que por todo lo que nos ama lleva en sí nuestra misma carne, nuestra humanidad!

Qué mañana tan especial en este domingo en que saludamos tu ascensión y nos llenamos de esperanza en tu promesa del Espíritu Santo. Que nos dé a todos– la gracia y la sabiduría para comprender lo que Dios Padre ha hecho con cada uno de nosotros. Porque tu resurrección no es sólo un acontecimiento tuyo, sino que es de todos nosotros. Hemos resucitado contigo al hombre nuevo y en esta nueva etapa nos llenas de esperanza porque la Ascensión no es un tiempo de tristeza porque nos quedamos solos. Las palabras de los ángeles a tus discípulos se dirigen hoy a nosotros y nos alientan a todos: «¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?» Hemos de seguir adelante con lo que nos has encomendado: amar y servir, confiar y esperar, ya que la misión nos urge a todos. 

¡Hay mucho que hacer! ¿Cómo he vivido el tiempo de Pascua? ¿Ha traído algún cambio en mi vida la celebración de tu resurrección? ¿Cómo puedo compartir la riqueza de la gracia que he recibido en Ti con los que me rodean? Ahora te pedimos, Señor, que iniciemos con alegría y optimismo este tiempo de espera por Pentecostés, porque el Espíritu Santo nos iluminará y nos guiará. Hoy te damos gracias nuevamente por todo lo que hemos recibido de ti, como lo recibieron los discípulos. Ellos tuvieron “el mejor Maestro” que ha habido en el mundo; habían vivido continuamente contigo durante los últimos años, siendo testigos de todos tus signos y milagros, de todas tus lecciones, de toda tu manera de vivir. Sin embargo, a pesar de todo, nunca comprendían apenas nada, tenían que preguntarte el significado de las parábolas más transparentes. ¡Cuántas dificultades encontraron para creer en tu resurrección y qué lentos fueron para rendirse ante la evidencia! Que, bendecidos y protegidos en tu amor, no miremos únicamente hacia el Cielo, sino miremos de frente con optimismo y con fe, porque la esperanza y la fortaleza nos viene de ti.

Hoy podríamos preguntarnos: ¿cuál sería la actitud de los discípulos ante tus palabras tus obras y tu ascensión? 

Un muy feliz y esperanzador domingo. Abrazos y bendiciones en este prolongado descanso. 

Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo»

Las palabras de los Papas

Con la Ascensión sucedió algo nuevo y hermoso: Jesús ha llevado nuestra humanidad, nuestra carne al cielo - ¡es la primera vez! - es decir la ha llevado a Dios. Esa humanidad, que había tomado en la tierra, no se ha quedado aquí. Jesús resucitado no era un espíritu, no, tenía su cuerpo humano, la carne, los huesos, todo, y ahí, en Dios, estará para siempre. Podemos decir que desde el día de la Ascensión Dios mismo ha “cambiado”: ¡desde entonces ya no es solo espíritu, sino que por todo lo que nos ama lleva en sí nuestra misma carne, nuestra humanidad! El lugar que nos espera está indicado, nuestro destino está ahí.  (…) ¿qué hace Jesús en el cielo? Él está por nosotros delante del Padre, le muestra continuamente nuestra humanidad, muestra las llagas. A mí me gusta pensar que Jesús, delante del Padre, reza así, enseñándole las llagas. “Esto es lo que he sufrido por los hombres: ¡haz algo!”. Le enseña el precio de la redención, y el Padre se conmueve. Esto es algo que me gusta pensar. Así reza Jesús. Él no nos ha dejado solos. De hecho, antes de ascender nos dijo, como dice el Evangelio hoy: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo» (Mt 28,20). (Francisco - Regina Caeli, 21 de mayo de 2023)

Oración 

Gracias, Señor, por tu palabra salvadora. Cuántas veces me cuesta encontrarte, reconocerte. Señor, tú me llamas, tú vienes a buscarme. Que reconociéndote te alabe y te adore.

No me dejes caer en la tentación de ir en búsqueda de ídolos falsos. Sólo Tú, Señor, puedes salvar, puedes curar, puedes hacerlo con tu autoridad. Gracias por delegarme tu autoridad para salir en tu nombre bendito a anunciar a los pueblos tu misericordia, tu perdón, tu reconciliación con la humanidad. Que nunca me canse de enseñar a los demás, que no tenga miedo de proclamarte públicamente, aún en medio de esta sociedad que quiere relegarte a los rincones. 

Quédate con nosotros, nuestra vida sin Ti no vale. Quédate hasta el fin del mundo y de la Historia como lo has prometido. Y que seamos nosotros los que continuemos con tu Historia de Salvación. Amén.

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/ascension-del-senor-17-de-mayo-de-2026

De este evangelio de san Mateo, en esta festividad de la Ascensión, sacamos tres ideas importantes:

1.– Jesús se va al cielo, pero se queda siempre con nosotros. Precisamente este evangelio de Mateo ha destacado esta presencia de Jesús con nosotros. Al principio nos habla de Jesús como «EMMANUEL». Su nombre, su esencia, es estar con nosotros. Sin nosotros Él ya no sería Él. Desde el misterio de la Encarnación Dios es Dios-con-nosotros.  Y al final del evangelio nos dice que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Siendo esta presencia de Jesús tan arrolladora, ¿quién podrá decir que está solo? En aquel que pasa hambre y sed, está desnudo, está encarcelado, está enfermo…ahí está Él (Mt. 25). En la vida podemos experimentar la “amarga soledad”, sólo la soledad de los hombres, pero nunca la de Jesús. En este mundo podemos barruntar el cielo a través de la contemplación, pero no poseerlo.

Dios se comienza a comunicar al alma. Pero no acaba de comunicarse, sólo asoma. Por muy altas que sean las noticias que le dan de Dios en esta vida, no son más que lejanas asomadas. (San Juan de la Cruz. Cant. Espiritual 13,10.)

2.– El encanto de una despedida. En el evangelio de Lucas, aparece la ascensión al final de todo, como el epílogo final, como el broche de oro a este evangelio de la bondad y la ternura de Jesús. Pues bien, ahí aparece Jesús «levantando sus manos y bendiciéndolos» (Lc, 24,50). Esas manos de Jesús que se levantan por encima de la tierra para bendecirnos, es la mejor expresión de su cariño y de su ternura. El amor no se va; el amor se queda. Entre el cielo y la tierra ya no habrá un muro que nos separa sino un gran “espacio acogedor” que nos une con Dios para siempre. “Aquella solemne bendición de Jesús no era sólo para unos apóstoles en un momento preciso; era la bendición del Supremo Sacerdote que antes de entrar en el Sancta Sanctorum de la Jerusalén celeste, nos dejaba una bendición permanente para toda la Humanidad” (Benedicto XVI). Jesús “se va y se queda”. Porque se va al cielo, debemos mirar más cuál va a ser el final de nuestra vida: estar siempre con el Señor. El Señor, desde el cielo, debe ejercer sobre nosotros una fuerza de atracción, de seducción. Porque se queda, “no podemos quedarnos mirando al cielo” (1.ª lectura) El cielo se conquista en la tierra, en este mundo, siguiendo siempre el camino que Él nos marcó.

3.– La importancia de la Misión. «Id y haced discípulos a todos los pueblos». Lo que nos manda Jesús a todos sus seguidores es que “hagamos discípulos”. Después vendrá el bautizarles. Hacer discípulos es hacer seguidores de Jesús, coger el soplo, el aliento, el talante de Jesús La lectura asidua y meditada del evangelio nos hace cambiar de vida y nos capacita para la misión. Hoy día, más que nunca, la Iglesia necesita “testigos de la fe”, gente que nos hable de Jesús con alegría, con entusiasmo, con ilusión.

«¡Escuchen a Jesús!», dijo el Papa León. «Él viaja con nosotros, incluso hoy, para enseñarnos en esta ciudad la lógica del amor incondicional, de abandonar toda defensa que se convierte en ofensa». «Entremos en su luz para convertirnos en luz del mundo, comenzando por el barrio donde vivimos», dijo, porque «toda la vida de la parroquia y sus grupos existe para esto: es un servicio a la luz, un servicio a la alegría». (Papa León XIV 3-3-2026)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.