Las palabras de los Papas
Con la Ascensión sucedió algo nuevo y hermoso: Jesús ha llevado nuestra humanidad, nuestra carne al cielo - ¡es la primera vez! - es decir la ha llevado a Dios. Esa humanidad, que había tomado en la tierra, no se ha quedado aquí. Jesús resucitado no era un espíritu, no, tenía su cuerpo humano, la carne, los huesos, todo, y ahí, en Dios, estará para siempre. Podemos decir que desde el día de la Ascensión Dios mismo ha “cambiado”: ¡desde entonces ya no es solo espíritu, sino que por todo lo que nos ama lleva en sí nuestra misma carne, nuestra humanidad! El lugar que nos espera está indicado, nuestro destino está ahí. (…) ¿qué hace Jesús en el cielo? Él está por nosotros delante del Padre, le muestra continuamente nuestra humanidad, muestra las llagas. A mí me gusta pensar que Jesús, delante del Padre, reza así, enseñándole las llagas. “Esto es lo que he sufrido por los hombres: ¡haz algo!”. Le enseña el precio de la redención, y el Padre se conmueve. Esto es algo que me gusta pensar. Así reza Jesús. Él no nos ha dejado solos. De hecho, antes de ascender nos dijo, como dice el Evangelio hoy: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo» (Mt 28,20). (Francisco - Regina Caeli, 21 de mayo de 2023)
Oración
Gracias, Señor, por tu palabra salvadora. Cuántas veces me cuesta encontrarte, reconocerte. Señor, tú me llamas, tú vienes a buscarme. Que reconociéndote te alabe y te adore.
No me dejes caer en la tentación de ir en búsqueda de ídolos falsos. Sólo Tú, Señor, puedes salvar, puedes curar, puedes hacerlo con tu autoridad. Gracias por delegarme tu autoridad para salir en tu nombre bendito a anunciar a los pueblos tu misericordia, tu perdón, tu reconciliación con la humanidad. Que nunca me canse de enseñar a los demás, que no tenga miedo de proclamarte públicamente, aún en medio de esta sociedad que quiere relegarte a los rincones.
Quédate con nosotros, nuestra vida sin Ti no vale. Quédate hasta el fin del mundo y de la Historia como lo has prometido. Y que seamos nosotros los que continuemos con tu Historia de Salvación. Amén.
De este evangelio de san Mateo, en esta festividad de la Ascensión, sacamos tres ideas importantes:
1.– Jesús se va al cielo, pero se queda siempre con nosotros. Precisamente este evangelio de Mateo ha destacado esta presencia de Jesús con nosotros. Al principio nos habla de Jesús como «EMMANUEL». Su nombre, su esencia, es estar con nosotros. Sin nosotros Él ya no sería Él. Desde el misterio de la Encarnación Dios es Dios-con-nosotros. Y al final del evangelio nos dice que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Siendo esta presencia de Jesús tan arrolladora, ¿quién podrá decir que está solo? En aquel que pasa hambre y sed, está desnudo, está encarcelado, está enfermo…ahí está Él (Mt. 25). En la vida podemos experimentar la “amarga soledad”, sólo la soledad de los hombres, pero nunca la de Jesús. En este mundo podemos barruntar el cielo a través de la contemplación, pero no poseerlo.
Dios se comienza a comunicar al alma. Pero no acaba de comunicarse, sólo asoma. Por muy altas que sean las noticias que le dan de Dios en esta vida, no son más que lejanas asomadas. (San Juan de la Cruz. Cant. Espiritual 13,10.)
2.– El encanto de una despedida. En el evangelio de Lucas, aparece la ascensión al final de todo, como el epílogo final, como el broche de oro a este evangelio de la bondad y la ternura de Jesús. Pues bien, ahí aparece Jesús «levantando sus manos y bendiciéndolos» (Lc, 24,50). Esas manos de Jesús que se levantan por encima de la tierra para bendecirnos, es la mejor expresión de su cariño y de su ternura. El amor no se va; el amor se queda. Entre el cielo y la tierra ya no habrá un muro que nos separa sino un gran “espacio acogedor” que nos une con Dios para siempre. “Aquella solemne bendición de Jesús no era sólo para unos apóstoles en un momento preciso; era la bendición del Supremo Sacerdote que antes de entrar en el Sancta Sanctorum de la Jerusalén celeste, nos dejaba una bendición permanente para toda la Humanidad” (Benedicto XVI). Jesús “se va y se queda”. Porque se va al cielo, debemos mirar más cuál va a ser el final de nuestra vida: estar siempre con el Señor. El Señor, desde el cielo, debe ejercer sobre nosotros una fuerza de atracción, de seducción. Porque se queda, “no podemos quedarnos mirando al cielo” (1.ª lectura) El cielo se conquista en la tierra, en este mundo, siguiendo siempre el camino que Él nos marcó.
3.– La importancia de la Misión. «Id y haced discípulos a todos los pueblos». Lo que nos manda Jesús a todos sus seguidores es que “hagamos discípulos”. Después vendrá el bautizarles. Hacer discípulos es hacer seguidores de Jesús, coger el soplo, el aliento, el talante de Jesús La lectura asidua y meditada del evangelio nos hace cambiar de vida y nos capacita para la misión. Hoy día, más que nunca, la Iglesia necesita “testigos de la fe”, gente que nos hable de Jesús con alegría, con entusiasmo, con ilusión.
«¡Escuchen a Jesús!», dijo el Papa León. «Él viaja con nosotros, incluso hoy, para enseñarnos en esta ciudad la lógica del amor incondicional, de abandonar toda defensa que se convierte en ofensa». «Entremos en su luz para convertirnos en luz del mundo, comenzando por el barrio donde vivimos», dijo, porque «toda la vida de la parroquia y sus grupos existe para esto: es un servicio a la luz, un servicio a la alegría». (Papa León XIV 3-3-2026)