Iniciamos de semana con un nuevo amanecer que tomamos llenos de agradecimiento ,con ánimos renovados y deseos de servicio desinteresado hacia nuestros hermanos. Ahora, Señor, es tiempo de reflexión y de bendición, para valorarnos en las personas que amamos y saber lo que representamos para los que nos rodean. Fortalécenos para que nuestros días sean de fraternidad y solidaridad, comprendiendo que tu palabra nos ilumina y nos guía a ser tu santa voluntad; en coincidencia, Isaías nos regala palabras de aliento y esperanza: «un cielo nuevo y una tierra nueva»: un nuevo aliento y una nueva forma de valorar nuestra vida y la de los demás. Ayúdanos, Señor, a creer en tu palabra y a confiar en tu presencia, como funcionario real. Danos el don de la paciencia y concédenos que nuestras obras y actitudes sean en bien de nuestros hermanos para que al final de la semana le demos gracias por todo lo que habrás hecho por cada uno de nosotros, porque confiamos en ti, esperamos en ti, y nos acogemos a ti. Amén.
Un muy feliz lunes, lleno de fe y optimismo.
PALABRA DEL PAPA
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto» (v. 29). ¿Y quiénes eran los que habían creído sin ver? Otros discípulos, otros hombres y mujeres de Jerusalén que, aun no habiendo encontrado a Jesús Resucitado, creyeron por el testimonio de los Apóstoles y de las mujeres. Esta es una palabra muy importante sobre la fe; podemos llamarla la bienaventuranza de la fe. Bienaventurados los que no han visto y han creído: ¡Ésta es la bienaventuranza de la fe! En todo tiempo y en todo lugar son bienaventurados aquellos que, a través de la Palabra de Dios, proclamada en la Iglesia y testimoniada por los cristianos, creen que Jesucristo es el amor de Dios encarnado, la Misericordia encarnada. ¡Y esto vale para cada uno de nosotros! (Papa Francisco, Ángelus 7 de abril de 2013).
ORACIÓN
Señor, en este día quiero rezar para que me des fe, mucha fe, una fe personal, como aquel funcionario del rey que, a pesar de no ser judío, creyó en tu palabra. Todos los días tu palabra pasa por mis manos, por mis labios, por mis oídos. Pero ¿Pasa también por mi corazón? Y, al entrar en mi corazón, ¿cambia mi vida? Haz, Señor, que yo ponga hoy una buena tierra donde germine tu Palabra y dé el ciento por uno.
Reflexión
Jesús, que ha venido en primer lugar a salvar a los de su pueblo, su raza, parece que se recrea presentándonos a “otros” como modelos de fe. Se ha encontrado con la Samaritana y ahora con un pagano, funcionario del rey. Y no es que no encuentre fe entre los judíos, pero no la fe que Él busca. Entre los judíos hay una fe tradicional, cansada, ritualista, legalista. Es una fe que más habla de muerte que de vida. La fe de los judíos es agua de pozo; y Jesús busca agua viva, de manantial. La fe de los judíos es fe de “milagros espectaculares” y Cristo busca una fe de “signos de vida”. Un judío no hubiera creído sin ver. Y este pagano se fía de la palabra de Jesús. Es lógico que nos preguntemos: ¿Cómo es nuestra fe? ¿Me fío de la palabra de Dios? ¿Creo en la fuerza de la palabra de Dios para convertirme y hacerme de nuevo? ¿La fe me ayuda a ser amable, cariñoso, solidario, servicial? Y, sobre todo, ¿vivo mi fe con alegría? Si vivo con amargura, mi fe está muerta. Es imposible creer en Cristo Resucitado y estar habitualmente triste. Y es imposible creer en Cristo Resucitado y vivir sin esperanza. Tengo fe, pero ¿qué tipo de fe es la mía?

