Alabamos y bendecimos tu nombre, Señor, y te damos gracias por el don de la vida. Guíanos e ilumínanos para que hoy podamos realizar tu mandato de amor y de servicio en nuestros hermanos. Ayúdanos a mantenernos en unidad, que es tu mayor anhelo, aunque a veces el mayor obstáculo somos nosotros mismos porque queremos que los demás sigan nuestro camino, imponemos a los demás nuestros criterios y puntos de vista, etc. Tú eres el único que nos puedes porque eres nuestro modelo, nuestro Señor y nuestro guía. Tú nos unes en una misma fe, en un mismo amor y en un mismo sentir. Y nos has dicho que esta es una tarea para toda la vida.
¿Igual que la primera comunidad de Jerusalén, no podemos ser, en Ti una sola mente y un solo corazón? Danos, Señor, la fortaleza y la certeza que caminas a nuestro lado y danos humildad y sencillez para acercarnos a nuestros hermanos y cumplir tu voluntad: «que todos sean uno, como tú y yo Padre». Que tengamos un sólo corazón, un sólo espíritu y un mismo sentir, por medio del amor «que no es envidioso, no hace alardes de sí mismo, no es egoísta y no procede con bajeza, y al contrario el amor Cree sin reservas, espera sin reservas y soporta sin reservas» (1Co 13, 1-13).
Feliz y unido martes para todos. Colmados de bendiciones y de la presencia del Señor.
Palabra del Papa
No se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio. Jesús dice a los judíos: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy yo». En el desierto ha sido por tanto elevado el pecado, pero es un pecado que busca la salvación, porque se cura allí. El que es elevado es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo. El cristianismo no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para sobrevivir, para ser educados, para hacer las paces. Estas son las consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada en la Cruz, una persona que se aniquiló a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto ha sido elevado el pecado, aquí que se ha elevado Dios, hecho hombre y hecho pecado por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí. No se entiende el cristianismo sin comprender esta profunda humillación del Hijo de Dios, que se humilló a sí mismo convirtiéndose en siervo hasta la muerte y muerte de cruz, para servir”. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 8 de abril de 2014, en Santa Marta).
Oración
Amado Señor, que mis obras agraden a tus ojos, que cuando me pierda en la desolación recuerde que tú eres mi única salvación, que bajo el amparo de María me fortalezca y no desfallezca para continuar a tu encuentro, que tu palabra me saque de las tinieblas del temor, de lo oculto, de lo que se esconde y toque lo más profundo para que siempre elija lo verdadero, sea claro, abierto, transparente y sin miedo me muestre al mundo porque Tú me vas transformado.
Meditación https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-14-de-abril-de-2026
Me encanta la palabra de Jesús a Nicodemo: ¿Tú eres maestro y no sabes? Los judíos, maestros de Israel, se pasan todo el día leyendo la Ley, estudiándola, comunicándola a los demás. Son Maestros. Pero maestros de una sabiduría humana. En contraposición, Jesús se mete en el grupo de los que, iluminados por el Espíritu Santo, “dan testimonio de lo que han visto”. No son maestros, son “testigos”. Son viajeros de Dios. Más que hablar de Dios, “cuentan” lo que Dios ha hecho en sus vidas. Hoy más que nunca la Iglesia necesita hombres y mujeres con “experiencia de Dios”. El mundo necesita gente que diga lo que es capaz de hacer Dios cuando irrumpe en el corazón de una persona: la cambia, la ilumina, la fortalece, la hace buena y sensible a los problemas de los demás. Santa Teresa nos dice:”Yo no hablaré nada que no lo haya experimentado”. Y experimentar la palabra es gustarla, saborearla, profundizarla y ponerla en práctica. Nosotros tenemos palabras, pero Él tiene LA PALABRA. Y la Palabra está clavada en lo alto de la Cruz. Ahí deberán de dirigirse nuestras miradas. “Me amó y se entregó por mí”. (Gal. 2,20) Jesús sólo le pide al discípulo, que se fie de él y se abra al misterio. Él es la verdadera medicina que nos salva.
Dice el Papa León XIV: Con el ejemplo de María y de los discípulos de Emaús, también nosotros estamos llamados a salir al encuentro de cualquiera que tenga necesidad de recuperar el don de la fe y de saberse amado por Dios y por la comunidad cristiana (Homilía en el Santuario de la Virgen de Loreto, 10-XII-2023).
