En el alegre despertar de una nueva semana que nace para cada uno de nosotros tenemos que darte gracias por el don de la vida por despertarnos en un nuevo amanecer, y habiendo recobrado fuerzas para afrontar las labores cotidianas, que, según tu voluntad, tú nos regalarás.
Gracias, Señor, por regalarnos en tu palabra una reflexión tan hermosa, una lección de amor para Nicodemo y hoy para nosotros. La figura de Nicodemo nos puede orientar mediante los siguientes interrogantes: ¿Cómo reconocer las insatisfacciones, las búsquedas, las intuiciones que nos ponen en camino, aunque sea un poco a tientas? ¿Qué signos a nuestro alrededor indican que Dios está allí, aunque se encuentren en ámbitos novedosos? ¿Qué pasos dar, aún en la noche, para encontrarnos contigo y que nos desafía siempre a un nuevo nacimiento?
Señor, aunque nuestra respuesta para ti sea en medio de la noche, aunque tengamos miedo, debemos sentir la necesidad de lanzarnos hacia ti y asumir todo aquello que nuestro Padre celestial nos envía de lo alto. Concédenos la fuerza para saber permanecer en ti. Nuestra semana sea llena del cumplimiento de tu voluntad y la del Padre celestial. Danos la ocasión de sentir tu bendición en cada una de nuestras obras y acciones de esta semana puestos en tus manos. Bendícenos guárdanos y protégenos. Amén.
Un muy feliz y santo. Inicio de semana y un buen lunes de buenas actividades y obras.
Meditación del papa Francisco
El ‘renacer de lo Alto’, renacer del Espíritu, dio vida al primer núcleo de los primeros cristianos, cuando ‘aún no se llamaban así’. Tenían un solo corazón y una sola alma. Una comunidad en paz. Esto significa que en esa comunidad no había lugar para el chismorreo, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones. El amor cubría todo. Para calificar una comunidad cristiana sobre esto, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? ¿En esa comunidad hay disputas entre ellos por el poder? ¿Disputas de envidia? ¿Hay chismorreo? No están en el camino de Jesucristo. Esta peculiaridad es muy importante, muy importante, porque el demonio busca separarnos siempre. Es el padre de la división […] Y esto es lo que explicaba Jesús a Nicodemo: este nacer de lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del Espíritu. La Iglesia la hace el Espíritu. Espíritu hace unidad (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 29 de abril de 2014, en Santa Marta).
ORACIÓN
Señor, hoy me pides algo muy difícil: nacer de nuevo. Me pides que dé una vuelta a mi vida, que cambie mis viejos esquemas, viejas costumbres, viejas actitudes, viejos pecados. Me pides que no me deje guiar por mi viejo espíritu egoísta y me deje llevar por el Espíritu Santo. Todo esto no lo puedo hacer por mi cuenta: por eso te pido que me des tu Santo Espíritu. Amén.
REFLEXIÓN (cf. https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-13-de-abril-de-2026)
El Señor le pide a un viejo fariseo judío que nazca de nuevo. ¡Casi nada! El fariseo es precisamente el piadoso judío aferrado a las costumbres y tradiciones del pasado; las recuerda, las vive, las celebra, las predica. En eso emplea toda su vida. Y precisamente a él le pide el Señor que «nazca de nuevo». Y entiende tan mal estas palabras del Señor que las interpreta al pie de la letra… Jesús le habla de un nuevo nacimiento en el Espíritu. Juan, el evangelista de los “impactos de novedad”, nos habla de un “nuevo vino”, de un “nuevo templo”, de una “nueva agua”, de un “nuevo maná”, de una “nueva luz”, de una “nueva vida”. Los milagros de Jesús en Juan son “signos” de nuevas realidades. Precisamente, Jesús ha venido a hacer nuevas todas las cosas (Ap 21,5). El papa Francisco nos está invitando a cambiar, a no dejar las cosas como están, a no hacer las cosas simplemente porque “siempre se han hecho así”. Y, sobre todo, nos está invitando a «nacer de nuevo». En el salmo 2 se dice: «Tú eres mi hijo. Hoy te he engendrado». Eso mismo me lo dices hoy también a mí. Soy tu hijo, nacido de tu seno, vida de tus entrañas.
