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TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B (OCTUBRE 24 DE 2021)

DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos y hermanas. Nos encontramos reunidos en comunidad una vez más para celebrar nuestra fe. Pero este don no es algo solamente de palabras, sino que es un estilo de vida. Jesús caminaba poco a poco hacia Jerusalén, donde le espera la suerte trágica de los profetas, como Él ha predicho en tres ocasiones mientras va de camino con sus discípulos. Si seguimos a Cristo tenemos que llevar la cruz en pos de Él.

Entonemos con alegría el canto de entrada para empezar esta Eucaristía.

 

MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS

La primera lectura de este domingo es un canto a la alegría, exultación desbordante ante la vuelta triunfal a la Nueva Sion. Nadie está excluido, ni los lisiados o los impedidos como tampoco los ciegos. Yahvé será para el Pueblo un Padre. Escuchen con atención.

En la segunda lectura escucharemos una meditación sobre el sacerdocio de Cristo.

Él es el sumo sacerdote ya que no fue Él quien se dio esa dignidad, sino Dios que le llamó. Puesto que Él participó de la condición humana totalmente, conoce bien nuestras debilidades y miserias.

 En el Santo Evangelio Camino a Jerusalén Jesús curó al ciego Bartimeo. Este ciego oraba con insistencia, pidió la ayuda de Cristo y, a pesar de las dificultades, por la fe del suplicante se desencadena el favor divino. El ciego recobró la vista y seguía a Jesús.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías (31,7-9)

Así dice el Señor: «Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel. Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra. Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna. Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán. Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.»

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos (5,1-6)

Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo. Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,46-52)


En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»

El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»

Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
 

Palabra del Señor.

 

HOMILÍA

¿Qué quieres que haga por ti?

Esta interpelación ante un mundo que hace muchas cosas al margen de Dios llega a nuestros corazones para preguntarnos por nuestros anhelos: ¿Qué quiero que Jesús haga en mi vida, en mi familia, en mi comunidad?

Hoy, la sanación de un ciego nos invita a caminar con los ojos abiertos y el corazón disponible para sorprendernos ante una nueva forma de ser discípulos.

Realmente, por sus detalles simbólicos es un camino visionario de fe; una peregrinación a la Ciudad Santa, Jerusalén, recorrida junto ‘a’ o ‘con’ Jesús.

Hoy, Jesús se acerca a Bartimeo como Dios Padre cuida a su pueblo en el destierro. El consuelo de Jesús llena de alegría al ciego porque experimenta un nuevo Dios, un nuevo camino.

San Marcos nos presenta la escena de la curación de un ciego, Bartimeo, que se extiende a la posibilidad de sanar otras cegueras. Jesús es capaz de hacer del clamor de los humildes un canto de fe y esperanza. Así, Dios cambia el cautiverio en libertad, la soledad en comunión, las lágrimas en alegría (cf. Sal 125,6).

En este caso, un ciego se convierte en discípulo y nos marca también la pauta del ser discípulos.

Es un llamado a la corresponsabilidad, a escuchar y participar en la misión de la iglesia, en el mismo sentido del pedido que Jesús hace al padre ‘que todos sean uno’ (Jn 17,21).

 

ORACIÓN UNIVERSAL

A estas peticiones respondamos con fe:

“SEÑOR MANDA OBREROS A TU MIES”

  1. Para que la Iglesia siga siendo esa luz que saque al mundo de la ceguera espiritual. Oremos.
  2. Por los que ostentan cargos en el gobierno de nuestro país, para que sepan descubrir en el más desprotegido y necesitado una prioridad en sus proyectos. Oremos.
  3. Por los ciegos, cojos, minusválidos y todos aquellos que no pueden valerse por sí mismos, para que el mensaje de hoy ilumine sus vidas y les llene de esperanza y consuelo. Oremos.
  4. Por los migrantes, para que la fuerza y presencia de Dios les acompañen siempre y les proteja de todo peligro. Oremos.
  5. Por nosotros, para que también atendamos el mensaje del Evangelio de hoy, y nos levantemos para acudir al llamado de Dios. Oremos.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Te bendecimos, Padre, por el corazón compasivo de Cristo que en el oasis de Jericó tuvo lástima del ciego del camino,

imagen viva de la humanidad caída, necesitada de tu luz.

Hacemos nuestros, Señor, los gritos de su fe suplicante: nos circunda amenazante el desierto inhóspito de a increencia, al tiempo que nos atenazan nuestros miedos e inseguridades.

Haz, Señor, que tu palabra y tu amor despierten nuestra fe,

curando nuestra innata cegara, para poder verlo todo en la vida

con los ojos nuevos que nos da esa fe: los criterios de Jesús.

Así podremos seguirlo bajo el impulso y la fuerza de tu ternura,

como hombres y mujeres nuevos, renacidos por tu Espíritu.

Amén.