NATIVIDAD DEL SEÑOR - Misa de media noche (Diciembre 24 de 2021)
MONICIÓN DE ENTRADA:
¡Feliz Navidad, hermanos y hermanas! Estamos reunidos en el Señor en esta Noche Buena. Las tinieblas afuera pueden simbolizar la vida sin Cristo. Pero nuestra Iglesia ahora brillante y festiva, nos recuerda que Cristo ES LA LUZ y está con nosotros. Que esta noche de gracia traiga la Paz y la Alegría a todos los pueblos del mundo, especialmente al nuestro. Recibamos a los ministros de esta gran liturgia entonando con alegría el canto de entrada.
MONICIÓN PRIMERA LECTURA. Isaías 9, 1-3. 5-6
Un hijo se nos ha dado
El profeta Isaías nos viene a hablar sobre los tiempos de tinieblas, de miedo y de opresión. Pero vino un gran cambio por el nacimiento de un niño, que como luz en la noche iluminó como ninguna otra luz. Esta luz es Cristo, el Príncipe de Paz, nuestro Redentor. Escuchemos con atención, hermanos.
Lectura del libro de Isaías 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y en su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz».
Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre.
El celo del Señor del universo lo realizará.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Proclamad día tras día su victoria.
Cantad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena,
vitoreen os campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra,
regirá el orbe con justicia,
y los pueblos fidelidad.
Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.
MONICIÓN SEGUNDA LECTURA.De la carta de San Pablo a Tito 2, 11-14
Apareció la gracia de Dios para todos los seres humanos
Cristo se encarnó en el mundo para ser el mediador entre Dios y los hombres. El gran Apóstol Pablo nos exhorta a cooperar con las gracias del Señor hasta el retorno del gran Dios y Señor nuestro. Prestemos atención a este mensaje.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11-14
Querido hermano:
Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, el cual se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras.
Palabra de Dios.
MONICIÓN AL EVANGELIO. según San Lucas 2, 1-14
Hoy les ha nacido el Redentor
Esta tercera lectura es una narración maravillosa, por su sencillez. La grandeza del Imperio Romano termina en un pesebre. Los ángeles anuncian la Buena Nueva a los pastores, los pobres. Cristo, el Hijo de María, es la gloria del Padre. Nos ponemos de pie, pero antes de escuchar esta Buena Nueva, alabamos al Señor con el Aleluya.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 1-14
Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.
Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.
También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.
En aquella misma región unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.
El ángel les dijo:
«No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre».
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres buena voluntad».
Palabra del Señor.
ORACIONES DE LOS FIELES
- Por la Iglesia Universal y nuestra Iglesia local, para que sea luz del mundo y signo del amor de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos y los líderes de las comunidades: para que ellos anuncien la Buena Nueva con el ejemplo de sus vidas. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones, de manera particular, los nuestros: para que ellos se esfuercen en traer a su pueblo el mensaje de justicia y de paz. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren enfermedad, hambre y abandono: para que sean socorridos y encuentren consuelo en el Misterio del Nacimiento de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por las familias de nuestras comunidades: para que aprendan a recibir a Cristo, acogiéndolo en los pobres. Roguemos al Señor.
EXHORTACIÓN FINAL
Sabíamos, Señor, que eres bueno y que nos quieres bien; pero hoy lo demuestras palpablemente, una vez más, a tu estilo: con un optimismo a toda prueba y una entrega sin reservas. ¿Quién daría un céntimo por nosotros, tan ruines y ruinosos? Pero tú rompes todos los moldes y todos los cálculos; tú amas al hombre hasta hacerte uno más entre nosotros.
¡Gracias, Señor Jesús!
Has venido a tu casa, y queremos recibirte como tú lo mereces. Al celebrar tu nacimiento, concédenos renovar nuestra vieja y mezquina mentalidad para revestirnos de la nueva condición humana a tu imagen, la condición de hijos de Dios y hermanos de los hombres.
Amén
