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JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

POBRES

14 de Noviembre  "A los pobres los tendrán siempre con ustedes"

Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida
en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos
días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer
entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy
valioso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Ese gesto suscitó
gran asombro y dio lugar a dos interpretaciones diversas.

La primera fue la indignación de algunos de los
presentes, entre ellos los discípulos que,
considerando el valor del perfume —unos 300
denarios, equivalentes al salario anual de un
obrero— pensaron que habría sido mejor venderlo
y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio
de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta
opinión: «¿Por qué no se ha vendido este perfume
por trescientos denarios para darlos a los pobres?».
Y el evangelista señala: «Esto no lo dijo porque le
importaran los pobres, sino porque era ladrón y,
como tenía la bolsa del dinero en común, robaba
de lo que echaban en ella» (12,5-6). No es
casualidad que esta dura crítica salga de la boca
del traidor, es la prueba de que quienes no
reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de
Jesús y no pueden ser sus discípulos. A este
respecto, recordamos las contundentes palabras
de Orígenes: «Judas parecía preocuparse por los
pobres [...]. Si ahora todavía hay alguien que tiene
la bolsa de la Iglesia y habla a favor de los pobres
como Judas, pero luego toma lo que ponen dentro,
entonces, que tenga su parte junto a Judas»
(Comentario al Evangelio de Mateo, XI, 9).
La segunda interpretación la dio el propio Jesús y
permite captar el sentido profundo del gesto
realizado por la mujer. Él dijo: «¡Déjenla! ¿Por qué
la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo»
(Mc 14,6). Jesús sabía que su muerte estaba
cercana y vio en ese gesto la anticipación de la
unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto
en el sepulcro. Esta visión va más allá
de cualquier expectativa de los comensales. Jesús
les recuerda que el primer pobre es Él, el más
pobre entre los pobres, porque los representa a
todos. Y es también en nombre de los pobres, de
las personas solas, marginadas y discriminadas, que
el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer.
Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la
única que comprendió el estado de ánimo del
Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por
esto a representar a todo el universo femenino que
a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá
violencia, inauguró la significativa presencia de las
mujeres que participan en el momento culminante
de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y
sepultura, y su aparición como Resucitado. Las
mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas
al margen de los puestos de responsabilidad, en las
páginas de los Evangelios son, en cambio,
protagonistas en la historia de la revelación. Y es
elocuente la expresión final de Jesús, que asoció a
esta mujer a la gran misión evangelizadora: «Les
aseguro que, para honrar su memoria, en cualquier
parte del mundo donde se proclame la Buena
Noticia se contará lo que ella acaba de hacer
conmigo»

(Mc 14,9).
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A los pobres los tendrán siempre con ustedes