DOMINGO DE PENTECOSTÉS (JUNIO 5 DE 2022)
MONICIÓN DE ENTRADA
Sean bienvenidos, queridos hermanos, a la gran fiesta de Pentecostés, que nos hará testigos, al igual que al grupo de los apóstoles, de la venida del Espíritu Santo.
«Pentecostés», en griego, significa «día quincuagésimo» o «cincuenta días después». El 50 es un número que ya los judíos tenían asimilado desde hace siglos como símbolo de plenitud: una semana de semanas, siete por siete más uno. Es cuando celebraban, después del Éxodo, la fiesta de la recolección agrícola y la alianza que sellaron con Yahvé en el monte Sinaí, guiados por Moisés, a los cincuenta días de su salida de Egipto.
Los cristianos celebramos hoy, después de la Pascua-Resurrección de Jesús, su donación del Espíritu a la comunidad apostólica precisamente a los cincuenta días. No como fiesta independiente, sino como culminación de la Pascua.
Que el Espíritu Santo nos mueva hoy a iniciar con gozo esta solemne celebración, cantando juntos…
MONICIÓN ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS
Como culmen de la Pascua se produce el envío del Espíritu Santo en Pentecostés. Y de ello hablan las lecturas que hoy hacemos, cada una desde su perspectiva. Tanto el evangelio como el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen su propia versión de este acontecimiento, resaltando diversos aspectos de un mismo misterio. Más allá de toda diferencia existe, no obstante, una coincidencia de fondo: en ambos casos se resalta que el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para que puedan continuar su misión. El salmo nos invita a entender este momento como una “nueva creación”, y Pablo, por su parte, nos recuerda que la acción del Espíritu se manifiesta de múltiples maneras, pero todas ellas son para el bien de la comunidad.
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11)
AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.
Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,3b-7.12-13)
Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.
Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.
Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequia,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23)
AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Palabra del Señor.
HOMILÍA
EL MISMO JESÚS QUE LES HA DEJADO PARA SUBIR AL CIELO VOLVERÁ COMO LE HAN VISTO MARCHARSE"
Lo que inició con cenizas un miércoles culmina hoy con fuego. Termina un ciclo que comenzó el Viernes Santo con la muerte y que nos condujo progresivamente a la vida, que hoy nos quiere motivar a vivir la novedad del Espíritu. Tenemos, al igual que los primeros discípulos, que aprender a decir “adiós” y permitir “ir” el pasado. Este proceso de permitir “partir” para vivir un nuevo “pentecostés” lo iniciamos, como nos motiva la Secuencia, a “repartir tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno”.
Las imágenes como “viento recio” y “lenguas de fuego” nos conducen poderosamente al aliento de Dios y a un Cristo quien ha “respirado” toda su existencia y amor sobre nosotros. El Espíritu nos motiva e impulsa a caminar juntos, a entendernos, a vivir unidos, aunque tengamos, diferencias y a construir- entre todos- un mundo que nos aleje del poder de “Babilonia y su torre”. Hoy recibimos, una vez más, un Espíritu unificador que nos hace uno en Cristo. No es un camino nada fácil como lo testimonia Pablo, pero sí nos abre la posibilidad a lo imprescindible: el amor.
Hoy nos dejamos tocar por el paso del amor que nos invita a saber vivir el sufrimiento y a crecer en la fuerza del Espíritu del Resucitado.
Hoy nos renovamos de nuevo en la experiencia amorosa del Resucitado que nos regala su Espíritu para que lo dejemos actuar en nosotros y, así, podamos sanar y ayudar un mundo necesitado de curación.
El tiempo pascual concluye en el quincuagésimo día, con el domingo de Pentecostés, conmemorativo de la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles (cfr. Hech 2, 1-4), de los comienzos de la Iglesia y del inicio de su misión a toda lengua, pueblo y nación. Es significativa la importancia que ha adquirido, especialmente en la catedral, pero también en las parroquias, la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia, que tiene el carácter de una oración intensa y perseverante de toda la comunidad cristiana, según el ejemplo de los Apóstoles reunidos en oración unánime con la Madre del Señor.
Exhortando a la oración y a la participación en la misión, el misterio de Pentecostés ilumina la piedad popular: también está "es una demostración continua de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia. Éste enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelentes que dan valor a la piedad cristiana. El mismo Espíritu ennoblece las numerosas y variadas formas de transmitir el mensaje cristiano según la cultura y las costumbres de cualquier lugar, en cualquier momento histórico".
Con fórmulas conocidas que vienen de la celebración de Pentecostés (Veni, creator Spiritus; Veni, Sancte Spiritus) o con breves súplicas (Emitte Spiritum tuum et creabuntur...), los fieles suelen invocar al Espíritu, sobre todo al comenzar una actividad o un trabajo, o en situaciones especiales de angustia. También el rosario, en el tercer misterio glorioso, invita a meditar en la efusión del Espíritu Santo. Los fieles, además, saben que han recibido, especialmente en la Confirmación, el Espíritu de sabiduría y de consejo que les guía en su existencia, el Espíritu de fortaleza y de luz que les ayuda a tomar las decisiones importantes y a afrontar las pruebas de la vida. Saben que su cuerpo, desde el día del Bautismo, es templo del Espíritu Santo, y que debe ser respetado y honrado, también en la muerte, y que en el último día la potencia del Espíritu lo hará resucitar.
Al tiempo que nos abre a la comunión con Dios en la oración, el Espíritu Santo nos mueve hacia el prójimo con sentimientos de encuentro, reconciliación, testimonio, deseos de justicia y de paz, renovación de la mente, verdadero progreso social e impulso misionero. Con este espíritu, la solemnidad de Pentecostés se celebra en algunas comunidades como "jornada de sacrificio por las misiones".
ORACIÓN DE LOS FIELES
Hermanos, dejémonos conducir por el espíritu de Dios y pidamos con confianza por nuestras necesidades. - A cada intención respondemos:
Escúchanos, Señor
- Por la Iglesia, comunidad de creyentes reunidos por el Espíritu Santo, para que fortalecida y conducida por el mismo Espíritu sea un signo para el mundo del Dios bueno y providente. Oremos.
- Por nuestro Arzobispo y Obispos Auxiliares, para que en su ministerio pastoral resplandezca el amor de Dios que busca la unidad de todos los creyentes. Oremos.
- Por nuestros gobernantes, para que, dejándose guiar por el Espíritu Santo, encuentren soluciones justas y equitativas a las dificultadas por las que atraviesa nuestra sociedad. Oremos.
- Por quienes se unen a la Cruz de Jesús, por medio del sufrimiento o el dolor, para que el Espíritu de Dios que mantuvo de pie junto a la Cruz a María Santísima, colme sus corazones y haga descubrir el sentido de su dolor. Oremos.
- Por nosotros, para que renovados por el Espíritu Santo nos abramos a la obra nueva que Él quiera realizar en nosotros mismos y así podamos ser espejos vivientes de Cristo. Oremos.
EXHORTACIÓN FINAL
Hoy te bendecimos, Padre, porque todos hemos sido bautizados
En Cristo y en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo,
En el que la diversidad de sus miembros no rompa la unidad.
Gracias, Señor, por la riqueza de carisma en tu Iglesia
Mediante las diversas vocaciones al seguimiento de Cristo:
En la vida apostólica, la teología, la catequesis, la enseñanza,
La educación de niños y jóvenes, la atención a los marginados,
La asistencia a los pobres, enfermos y ancianos abandonados.
En todos ellos se manifiesta tu Espíritu para el bien común.
¡Oh Espíritu divino, repuebla la faz de la tierra y renueva
Entre nosotros los prodigios de un nuevo Pentecostés!
Amén.
