
¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? (Lucas 6, 39–45).
Muchas personas han sido educadas en un clima de optimismo y fe ciega en la eficacia de la ciencia. A lo largo de los años, ha ido penetrando en las personas la convicción de que la ciencia los irá rescatando poco a poco de la ignorancia, y la tecnología los irá liberando de las necesidades y miserias que les impiden alcanzar hoy la felicidad.
La ciencia sería, en este caso, la gran esperanza para la humanidad. Y, por el contrario, la religión no es sino un estorbo para el progreso humano, un obstáculo para la ciencia y el desarrollo de la humanidad.
Sin duda, la religión habría cumplido un papel importante y útil en la época anterior a la ciencia, cuando aquel hombre primitivo e ignorante necesitaba sentirse protegido por los dioses frente a las fuerzas desconocidas del cosmos.
Pero, en la medida en que la ciencia los vaya liberando de la ignorancia y de la miseria, la religión irá desapareciendo al quedar privada de verdadera utilidad. Así piensan numerosísimas personas en la actualidad.
Sin embargo, ya no se respira hoy en los ambientes científicos el optimismo de comienzos de siglo pasado. Cada vez se ve con más claridad que el progreso científico no debe confundirse con el desarrollo y crecimiento de la humanidad. La ciencia nos puede ofrecer soluciones técnicas para algunos problemas, pero no podemos esperar de la ciencia la solución del hombre como problema.
La razón es bastante clara. La ciencia es ciega. Carece de dirección. El progreso científico depende de la orientación que le imprima el mismo hombre que la guía.
De hecho, el progreso ha desarrollado la producción, la sociedad de consumo, la desigualdad e injusticia cada vez mayor entre los privilegiados y los marginados, entre los ricos y los pobres. ¿No necesita este progreso científico una dirección desde la fe en un Dios salvador del hombre? ¿No está pidiendo todo este desarrollo una orientación moral y religiosa que lo encauce hacia la construcción de una humanidad más justa, más fraterna y más libre?
Según el ejemplo gráfico de Jesús, cuando un ciego guía a otro ciego, corren el riesgo de caer los dos en el hoyo. Nosotros hemos caído ya en la espiral del crecimiento por el crecimiento, el desarrollo por el desarrollo, sin saber exactamente hacia dónde vamos.
Quizás la fe, lejos de desaparecer se haga más necesaria que nunca para guiar a una humanidad necesitada de luz y sentido.

