
Esta escena es considerada tradicionalmente como "la transfiguración de Jesús". No es posible reconstruir con certeza plena la experiencia que dio origen a este sorprendente relato. Sólo sabemos que los evangelistas le dan gran importancia pues, según su relato, es una experiencia que deja entrever algo de la verdadera identidad de Jesús: ¡Su divinidad!
En un primer momento, el relato destaca la transformación de su rostro y, aunque vienen a conversar con Jesús, Moisés y Elías, sólo el rostro de Jesús permanece transfigurado y resplandeciente en el centro de la escena.
Al parecer, los apóstoles Simón Pedro, Juan y Santiago, no captan el contenido profundo de lo que están viviendo, pues Simón Pedro dice a Jesús: ”Maestro, ¡qué bueno que estemos nosotros aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Coloca a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a los dos grandes personajes antiguos: Moisés y Elías. A cada uno su tienda. Jesús no ocupa todavía un lugar central y absoluto en su corazón.
La voz de Dios le va a corregir, revelando la verdadera identidad de Jesús: ”Éste es mi Hijo, mi Elegido, escúchenlo”, el que tiene el rostro transfigurado. No ha de ser confundido con los de Moisés o Elías, que están apagados. ”Escúchenlo”. A nadie más. Su Palabra es la única decisiva. Las demás nos han de llevar hasta él.
Es urgente recuperar entre nosotros la importancia decisiva que tuvo en sus comienzos la experiencia de escuchar en las primeras comunidades cristianas el relato de Jesús recogido en los evangelios. Estos cuatro escritos constituyen para los cristianos una obra única que no hemos de equiparar al resto de los otros libros bíblicos.
Los Evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina académica sobre Jesús. Tampoco biografías redactadas para informar con detalle sobre su trayectoria histórica. Son "relatos de conversión" que invitan al cambio, al seguimiento de Jesús y a la identificación con su proyecto. Por eso piden ser escuchados en actitud de conversión.

