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Domingo 2º del Tiempo Adviento Domingo 05 de diciembre de 2021

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"Voz del que grita en el desierto: Preparen el camino del Señor...". (Lucas 3, 1–6).

Dentro de cada uno de nosotros hay un mundo interior casi inexplorado que muchas personas no llegan siquiera a sospechar. Viven sólo desde fuera. Ignoran lo que se oculta en el fondo de su ser. No es el mundo de los sentimientos o los afectos. No. No es tampoco el campo de la sicología o la psiquiatría. Es un universo más profundo y misterioso. Se llama vida interior. Se llama vida espiritual. Se llama el “Sí-mismo”, es decir, lo más íntimo de mí ser habitado por lo divino: ¡Dios en mí!

De ese mundo nace la pregunta más simple y elemental del ser humano: ¿Quién soy yo? Pero, antes de que hayamos comenzado a contestar algo, las preguntas siguen brotando sin cesar: ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy en la vida? ¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? ¿De qué sirve todo esto? ¿En qué terminará todo esto?

Muchas personas no tienen hoy tiempo ni humor para hacerse estas preguntas. Otras no quieren oír tales interrogantes y cuestiones. En todo caso, serían para esas pocas personas extrañas dedicadas a elaborar disquisiciones y estudios metafísicos que a nada conducen. Entonces, dicen que hay que ser más realistas y pragmáticos. Tener los pies en el suelo. Además, estamos muy ocupados. Siempre tenemos algo que hacer. Hay que trabajar, relacionarse con los amigos, estar pendientes de las redes, desplazarse de una parte a otra. No tenemos un minuto libre para esas preguntas tan abstractas.

Además, indudablemente, para adentramos en ese mundo de “las preguntas últimas” de la vida, se necesita una cierta calma y silencio. La agitación, las prisas o el exceso de actividad impiden al ser humano escucharse hacia adentro. Nos hace falta todos los días un buen rato de inactividad para adentramos descalzos, en soledad y silencio, en nuestro mundo interior.

Algunas personas se preguntan qué podrían hacer para encontrase con Dios. Algunas me preguntan por algún “buen libro” que pudiera despertar su fe. Sin duda, todo puede ayudar. Pero no olvidemos que hacia Dios se parte siempre desde dentro, no desde fuera. Se trata de una búsqueda y un peregrinaje interior.

Tal vez, la mejor manera de escuchar las palabras de Juan Bautista y ”preparar el camino del Señor” sea hacer silencio en nosotros, silencio, silencio, escuchar esas preguntas sencillas pero profundas que brotan desde nuestro interior y estar más atentos al Misterio que nos envuelve y penetra por todas partes ... y esperar, esperar, espera ... avivar la esperanza...!

Recordemos la célebre invitación de san Anselmo: ”Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales, entra un instante en ti mismo, lejos de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su Presencia”.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez