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CUARTO DOMINGO ORDINARIO - CICLO C (ENERO 30 DE 2022)

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos, sean bienvenidos a la casa de Dios para celebrar juntos la Santa Misa dominical.

En el IV domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos sigue instruyendo y hoy nos trae un mensaje universal de salvación. Dios envía mensajeros a «todas las naciones» y ese mensaje llega hoy a nosotros.

Dispuestos a escuchar la voz de Dios, comencemos esta celebración cantando juntos. De pie.

 

MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS

Una cosa une a los protagonistas de las lecturas de este domingo: Jeremías y Jesús aparecen como profetas rechazados. Jeremías es nombrado por el Señor profeta de las naciones, y su anuncio será mal recibido por las clases dirigentes del pueblo. Jesús presenta su misión para todos comparándose con Elías y Eliseo, dos grandes profetas de la tradición judía, consciente de que no es bien acogido por los suyos. Atentos escuchemos cada lectura.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías (1,4-5.17-19):

Entonces Yavé me dirigió la palabra:
«Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones.
Tú cíñete los lomos:
prepárate para decirles todo lo que yo te mande.
No les tengas miedo,
o seré yo quien te intimide.
Desde ahora te convierto en plaza fuerte,
en columna de hierro y muralla de bronce,
frente a todo el país:
frente a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y al pueblo de la tierra.
Lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte
—oráculo del Señor—».

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre.
Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído y sálvame.

 

Mi boca contará tu salvación, Señor.

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa.

 

Mi boca contará tu salvación, Señor.

Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías.

 

Mi boca contará tu salvación, Señor.

Mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación,
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.

Mi boca contará tu salvación, Señor.
 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,31–13,13):

Hermanos:

Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente.

Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.

Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.

Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría.

El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca.

Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará.
Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios.

En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio segun san Lucas (4,21-30)


En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga:

«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

Y decían:

«¿No es este el hijo de José?».

Pero Jesús les dijo:

«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

Y añadió:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor.

 

HOMILIA

Estamos ya en el cuarto domingo del tiempo ordinario, pero las lecturas de hoy si las hemos escuchado con atención, tienen muy poco de ordinarias, cada una de ellas es un verdadero toque de atención para nosotros, y sobre todo el trozo de la primera carta de San Pablo a los Corintios. Lectura que se ha convertido en un canto y en una descripción perfecta de lo que es y de lo que significa el auténtico amor. Palabra, por otra parte, tan usada y tan manoseada en ocasiones que corremos el peligro de ya no saber lo que queremos decir con ella.

El amor es el mandamiento fundamental del cristiano, creados a imagen y semejanza de un Dios que es amor, también nosotros lo somos, ya que esta realidad no es como un apéndice, o algo añadido que podamos tenerlo o no, si no, que si nos falta nuestra dimensión de creyentes en Jesús estará esencialmente incompleta. Cuando esta dimensión no aparece lo suficiente en nuestra conducta, podemos decir que nos falta la vida, la energía, el sentido de lo que hacemos. Aquel dicho del filósofo del siglo XVI “pienso luego existo”, tan decisivo para la historia de la humanidad se tendría que convertir para nosotros los cristianos en “amo luego existo”.

Este amor, no es algo que se sustente en el aire, que esté por encima de nosotros, que se quede sólo en palabras, no, si ese amor quiere ser auténtico, debe fundamentalmente ser servicial, el servicio tiene una inmensa red de posibilidades y hasta se puede decir que toda la vida humana es una sucesión continuada de servicios a prestar. El cumplimiento del deber, el trabajo, la convivencia, el estudio, la investigación, la enseñanza, la política, la promoción humana y religiosa son servicios fundamentales que entre todos hemos de prestar al mundo. Pero, a pesar de que en nuestra vida intentemos hacerlo todo más allá de lo que es la propia satisfacción personal, hay un servicio en el que el Maestro nos dio una lección increíble y que nos pidió que nosotros hiciéramos lo mismo, fue cuando lavó los pies a sus discípulos y entre ellos incluso estaba el que lo iba a entregar, es el servicio a los más pobres, a los marginados, a los enfermos, a los deprimidos, a los que no tienen nada ni incluso afecto, por eso nosotros cada domingo nos acordamos de ellos porque el día que no lo hagamos no estaremos siendo fieles al Señor.

Cuando uno lee o reflexiona un poco sobre la lectura de la carta a los cristianos de Corinto (una ciudad portuaria de la antigua Grecia), se da cuenta de lo lejos que está de cumplir la exigencia de ese mensaje, “ya podría yo tener fe para mover montañas, que, si no tengo amor, no soy nada”. Mi fe que la mayoría de las veces es vacilante, dudosa. “Ya podría repartir en limosnas todo lo que tengo: si no tengo amor de nada me sirve”. O sea que puedo estar haciendo obras de caridad generosas, muy generosas y no tener amor. El amor está por encima de las obras de caridad. “El amor es paciente, amable, no es envidioso, no lleva cuentas del mal”. Cuanto camino nos queda por recorrer en lo que dice relación a vivir este mensaje.

El evangelio, por su parte, sigue presentándonos a Jesús al comienzo de su vida pública. Él es el esperado, el que tenía que venir, el evangelista se preocupa por darnos detalles concretos, como para confirmarnos su existencia. Y nos presenta el choque de Jesús con sus paisanos, los que lo conocían de siempre. Jesús aprovecha la ocasión para recriminarles su falta de confianza, ellos que lo han conocido desde pequeño, que conocían a su familia, que lo habían tenido tan cerca, ellos que son elegidos no han sabido responder a esa predilección por parte de Dios. Esto mismo nos puede pasar a nosotros, cristianos de siempre, cristianos de toda la vida. Que esta advertencia de Jesús nos anime a tomarnos más en serio nuestra fe y a ser un poco más fieles en el cumplimiento de sus exigencias.

Terminamos nuestra reflexión pidiendo los unos por los otros, especialmente por aquel que más lo necesite, y siguiendo el consejo que hoy hemos recibido hacemos presente y manifestamos nuestro amor a aquellos que menos tienen. Le pedimos al Señor que nos ayude a convencernos de la realidad de este mensaje.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Oremos a Dios que desde nuestro Bautismo nos ha consagrado como profetas de su Reino y pidámosle que nos conceda predicar con nuestras vidas el mandamiento del amor.

  1. Por los que han recibido la misión a anunciar el Evangelio, para que lo anuncien sin temor, denunciando el pecado, llamando a la esperanza, consolando e iluminando. Roguemos al Señor.
  2. Por los que cumplen la ardua tarea de educar a los demás, para que enseñen con autoridad, con coherencia, con la palabra y el testimonio de vida. Roguemos al Señor.
  3. Por aquellos a quienes les cuesta reconocer la palabra de Dios en la envoltura de la palabra humana, para que sepan aceptarla con fe y humildad. Roguemos al Señor.
  4. Por los que sufren física o moralmente, por los que son rechazados por su forma de ser, de pensar o por su fe, para que encuentren en nosotros el amor y la acogida que Dios les brinda. Roguemos al Señor.
  5. Para que la esperanza de la resurrección anime a los que ven cercana la hora de su muerte y se encienda en ellos el deseo de ver a Dios. Roguemos al Señor.
  6. Por nosotros, para que no rechacemos la palabra de Dios que nos interpela, incluso cuando contradice nuestra manera de pensar y de vivir. Roguemos al Señor.
  7. Para que los que estamos celebrando nuestra fe en a la mesa el Señor vivamos nuestra vocación profética con audacia y caridad sincera. Roguemos al Señor.

 

EXHORTACIÓN FINAL

Hoy, Señor, nuestra plegaria es de humilde conversión.

Porque hemos confinado tu palabra a la medida estrecha

de nuestra rutina y cálculos mezquinos, ¡Señor, ten piedad!

Porque has venido a nuestra comunidad y te hemos rechazado

silenciando la voz de tus profetas, ¡Cristo, ten piedad!

Porque te hemos encerrado en nombres vacíos de significado,

sin dejarnos interpelar por tu Espíritu, ¡Señor, ten piedad!

Oh, Señor, Dios nuestro, sorprendente en tus venidas,

no permitas que apaguemos tu Espíritu dentro de nosotros.

Convierte nuestros corazones a tu amor y al de los hermanos,

y manténnos siempre despiertos en la alabanza de tu nombre.

Amén.