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9-feb.-2022 miércoles de la 5. ª semana del Tiempo Ordinario

Hoy nos permites contemplar la grandeza de tu amor.

Hoy nos permites contemplar la grandeza de tu amor. Hemos despertado y nuestro corazón se alegra por el nuevo día, que esperamos esté inspirado en tu bondad y misericordia. Ponemos en tus manos nuestras actividades, nuestras familias, nuestros amigos y todas las personas que hoy compartirán nuestras vidas. Vamos bendecidos alegres y optimistas a iniciar muestra jornada y lo hacemos en tu nombre. Tú comenzaste tu enseñanza diciendo: “Escuchadme y entended”. Escuchar es el gran mandato: Sólo desde la escucha entendemos y comprendemos tu mensaje, porque con los oídos oímos, pero con el corazón escuchamos y entendemos. Del corazón brotan las buenas o malas acciones. El corazón es la fuente del bien y del mal. Tú afirmas “nada de lo que entra en el hombre puede hacerlo impuro”.  Lo que sale de él sí.

Hoy queremos que las actitudes de nuestro corazón sean las buenas obras y acciones hacia nuestros hermanos. Que nuestros ojos vean la bondad de nuestro prójimo, nuestras manos se extiendan para ayudar, nuestros pies vayan al encuentro del desamparado y solitario, pero ante todo que de nuestros corazones sólo salgan buenas obras y acciones y te honremos y glorifiquemos de corazón y con el corazón. A ti te alabamos y te bendecimos.

Hagamos el bien y no hagamos lo que no queremos para nosotros. Feliz y fructífero miércoles lleno de buenas obras y acciones, hechas y realizadas con el corazón.

ORACIÓN

Señor, Tú eres un Dios de amor, siempre estás atento a las necesidades y súplicas de tus hijos, pues eres Bueno y tu misericordia alcanza para todos. Levanto la mirada al cielo vislumbrando las nuevas acciones que vienen sobre mi vida y el aprendizaje que me dejarás en cada una de ellas.

Te amo Señor, y confío en tu providencia, en tu poder que renueva mis fuerzas gastadas y me da el impulso para alcanzar los sueños que me proponga. Dame un corazón noble pero valiente, que sepa enfrentar cada prueba con dignidad.

Te ruego, amado mío, que mi fe crezca y me haga digno de ver las maravillas de tu Reino. Te suplico que me mantengas en tus Divinas manos y me alimentes con el pan de tu Palabra, de tu amor, de esa compasión que acoge y de tu perdón liberador. Tú conoces mis planes y todo lo que quiero lograr, es por ello que, con tu compañía, podré sonreír al verlos levantados en victoria en tu Nombre. Amén. (Autor: Qriswell J. Quero de Pérez)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, Pbro.