Hoy con un corazón agradecido iniciamos nuestras labores después de este día dedicado a nuestra Madre Celestial. Gracias, Señor, porque hemos encontrado el oasis de esperanza, de fe, de unidad y de caridad. Ahora retomaremos nuestras actividades en tu santo nombre, pero antes queremos meditar tu palabra. Señor, tú no abandonas a los que confiamos en ti. Tómanos de la mano cuando tengamos miedo, ayúdanos cuando te llamemos a voz en grito, porque tenemos experiencia de que somos débiles e impotentes para establecer tu reino de justicia y amor.
Ven, Señor, para que sigas siendo nuestro Señor y Salvador. Te pedimos nos concedas ser lo bastante humildes, no para buscar nuestros caminos tercos y egoístas, sino para estar abiertos a ti y a nuestros hermanos y confiar en ti. A nosotros también nos dice El Padre Celestial hoy: «Yo, el Señor tu Dios, agarro con cariño tu mano derecha y te digo, “No temas, que te voy a ayudar”». Permítenos ser conscientes de tu cuidado cariñoso por todos nosotros y, acercándonos a tu nacimiento en nuestros corazones, tener la seguridad de tu auxilio y protección. Que en este día nos hagas generosos, solidarios y compasivos con nuestros hermanos, porque tenemos la seguridad que tu caminarás con nosotros.
Al celebrar hoy a san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, te pedimos que este hombre humilde nos ayude a comprender que hay que mirar con los ojos del corazón, tener nuestro pensamiento puesto en ti, pero ante todo que tenemos que mirar como tú nos miras y como Nuestra Madre lo miró: con ojos de amor, con ojos de compasión, con ojos de ternura. Amén.
Bendecido y vocacional jueves.
