En tus manos de Padre bueno ponemos este nuevo día que nos concedes y que quieres que lo vivamos en amor y solidaridad. Guía nuestros pasos y protégenos. Presérvanos de todo mal; guarda en tu amor y bondad a todos los que amamos; bendícenos en nuestras obras y palabras. Gracias porque podremos iniciar esta jornada en la alegría de saber que contamos con tu auxilio y protección. Tú nos enseñas que en la vida hay cosas esenciales y cosas secundarias, y que éstas nos pueden desviar de lo que es verdaderamente importante y dan sentido a la vida. Algunas veces desviamos el camino que tú nos señalas, porque nos apegamos a lo antiguo o aquello que no tiene sentido. Pero, ¿es eso lo más importante en nuestra vida? Si fuera así seriamos como los fariseos cuyos preceptos y normas son “tradición de los antiguos”. Perdónanos las ocasiones en que pretendemos olvidarnos de las cosas esenciales, obsesionarnos por las cosas secundarias y no ver más allá. Tu vida fue de cosas sencillas y fundamentales: la amistad, la solidaridad, la justicia, la misericordia, el compartir, el trabajo de cada día, la simplicidad en el vestir y comer, el descanso. Hoy debemos recordar tus palabras que nos dicen “que del corazón del hombre sale lo bueno y lo malo”; que tenemos la capacidad de escoger qué tanta bondad llevamos en el corazón.
Concédenos que nosotros, los mensajeros y maestros de tu Buena Noticia, seamos uno con nuestros hermanos y nos entreguemos en amor y servicio los unos a los otros.
Te honramos, Señor, no solo con los labios sino con el corazón y los sentimientos. Feliz martes, bendecidos en el amor.
ORACIÓN
Ayúdame Señor, a encontrar fuerzas en tu amor, a encontrarme contigo, para que serenes mi alma y apagues toda esa perturbación que turba mis sentidos.
Quiero hacer de tu Palabra parte de mi vida, que rija mis decisiones para así desprenderme de todo deseo malsano que mancha mi alma.
Dame, amado mío, el don de ser coherente, lleno de compasión para ser vigilante primero de mis propias acciones. Perdona mis faltas y libérame de las heridas que pude haberme causado, para así conseguir una verdadera vida saludable a tu lado. Que sea tu Misericordia lo que mueva mi corazón. Amén. (Autor: Qriswell J. Quero de Pérez)
