Día de alegría, de fe y de esperanza el que nos regalas en este jueves vocacional y amanecer mariano, porque podemos honrar a Nuestra Madre Santísima. Permítenos hoy, Señor, que nuestra oración vaya dirigida a ella y ante todo a seguir su ejemplo de obediencia, humildad y sencillez.
María, tú guardaste ese profundo silencio que permite escuchar la voz de Dios y por eso eres la “llena de gracia”. En tu silencio y en tu amor, hoy también nosotros queremos tener tu silencio para escuchar las mismas palabras que el ángel te dirigió.
Tú nos invitas a navegar en ese mar inmenso del silencio interior y dejarnos guiar por la vida del Señor. Él tranquiliza nuestros temores, nos comparte los proyectos de su corazón, acalla nuestras dudas y nos involucra en su misión de amor. Gracias, Madre, por enseñarnos a cumplir la voluntad del Padre Celestial, porque allí encontramos confianza en Él. Gracias por enseñarnos a esperar sin desesperar, a descubrir las huellas de su paso, a amar incondicionalmente y darnos sin reservas, así como tú lo hiciste. Escucharemos las palabras del ángel “el Señor está contigo” y nos sentiremos profundamente acompañados. Que en humildad y sencillez sigamos y continuemos el camino de la vida con renovadas esperanzas, permitiéndonos sentir la alegría de creer que “para Dios nada hay imposible”. Que cada Avemaría que digamos en este día, en ese silencio interior, nos sirva para decir: “hágase en mí, según tu palabra". Gracias, Madre, por tu amor y tu ternura, por tu auxilio y protección. Que tu intercesión sea para cumplir tus palabras: "HACED LO QUE ÉL OS DIGA”.
Feliz y testimonial jueves.

