Hoy nos levantamos, Señor, con una certeza grande de iniciar un nuevo caminar en medio de este descanso gracias, Señor, porque tenemos la certeza de saber nos protegidos y amados por Ti. Confiamos en tu poder que nos levanta cuando caemos, en tu fuerza que nos motiva a dar lo mejor. que nos permite salir adelante cuando nuestras fuerzas sean débiles. Gracias, Señor, por hacer posible que esa confianza sea el motor que nos mueva en nuestro diario vivir. Hoy tu palabra nos motiva para vivir en la plenitud de la fortaleza; tu profeta Isaías nos invita a tener valor a no tener miedo porque tú llegas con poder, con esperanza y eres nuestro consuelo. Hoy queremos llegar a ti, Señor, como aquel sordomudo que fue llevado a tu presencia. Te pedían que lo curaras y tú hiciste algo muchísimo más grande que la simple curación porque pusiste los dedos en el oído y con la saliva le tocaste la lengua. Dichoso aquel hombre que recibió muchísimo más de ti que una simple imposición de manos. Hoy queremos, Señor, que tus santos dedos toquen nuestros sordos oídos para poder escuchar el clamor de nuestros hermanos que se encuentran en soledad y tristeza queremos que tu saliva nos ayude a que nuestras palabras sean de fe, de esperanza y de caridad. Como discípulos tuyos queremos tener los oídos abiertos para escuchar y los labios prontos para hablar; los oídos y para escuchar tanto al Padre, como a Ti y a nuestros hermanos sin hacernos sordos. Gracias, Señor, por todo lo que nos concedes y nos concederás. Nuestras palabras también sean: “todo lo has hecho bien”. Amén.
Feliz Domingo.
