Gracias te damos, Señor, por tu infinito amor y tu generosa bondad. Gracias por esta mañana en que te podemos alabar. Jesús, tú te preocupas por nosotros con un amor más profundo y tierno que el de una madre por su hijo a quien dio vida. Te haces particularmente cercano a los más necesitados: los débiles, los que sufren, los abandonados y los que no cuentan para nada. Ese es el amor que nos mostraste. Ese es el amor al que nos invitas para que nos amemos así unos a otros: un amor profundo, tierno, duradero, y sin miedo de manifestarse abiertamente. Un amor generoso para gastarlo en los demás. Un amor que sabe perdonar y reconciliarse en todos los momentos de la vida. Un amor que ama sin reservas y espera sin reservas. Y ahora, Señor, lo único que esperamos y te pedimos, que nos regales como a Salomón la docilidad de tu espíritu, para discernir entre el bien y el mal, la humildad para hacer las cosas según tu voluntad y la sencillez y disponibilidad que tuviste para los que “andaban como ovejas sin pastor”. Guárdanos en tu infinito amor y bajo la protección de tu Santísima Madre. Amén.
Como tradicionalmente lo ofrecemos: el Santo Rosario y la Eucaristía por las intenciones de cada uno de ustedes, nuestros enfermos y nuestras familias. En la semana que iniciaremos tendremos la alegría de celebrar a Nuestra Madre en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes. Acojámonos a Ella y vivamos la felicidad de ser sus hijos. Feliz fin de semana para todos. Hagamos el bien, amemos y sirvamos de corazón.
