Pasar al contenido principal

5-feb.-2022 sábado de la 4. ª semana del Tiempo Ordinario

Gracias te damos, Señor, por tu infinito amor y tu generosa bondad. Gracias por esta mañana en que te podemos alabar.

Gracias te damos, Señor, por tu infinito amor y tu generosa bondad. Gracias por esta mañana en que te podemos alabar. Jesús, tú te preocupas por nosotros con un amor más profundo y tierno que el de una madre por su hijo a quien dio vida. Te haces particularmente cercano a los más necesitados: los débiles, los que sufren, los abandonados y los que no cuentan para nada. Ese es el amor que nos mostraste. Ese es el amor al que nos invitas para que nos amemos así unos a otros: un amor profundo, tierno, duradero, y sin miedo de manifestarse abiertamente. Un amor generoso para gastarlo en los demás. Un amor que sabe perdonar y reconciliarse en todos los momentos de la vida. Un amor que ama sin reservas y espera sin reservas. Y ahora, Señor, lo único que esperamos y te pedimos, que nos regales como a Salomón la docilidad de tu espíritu, para discernir entre el bien y el mal, la humildad para hacer las cosas según tu voluntad y la sencillez y disponibilidad que tuviste para los que “andaban como ovejas sin pastor”. Guárdanos en tu infinito amor y bajo la protección de tu Santísima Madre. Amén.

Como tradicionalmente lo ofrecemos: el Santo Rosario y la Eucaristía por las intenciones de cada uno de ustedes, nuestros enfermos y nuestras familias. En la semana que iniciaremos tendremos la alegría de celebrar a Nuestra Madre en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes. Acojámonos a Ella y vivamos la felicidad de ser sus hijos. Feliz fin de semana para todos. Hagamos el bien, amemos y sirvamos de corazón.

 Oración diaria.

Señor, gracias por animarme cada día a ejercer con alegría y fuerza mis funciones; aunque te confieso que también yo he sentido mi cuerpo fatigado. Quiero descansar en Ti. Renuévame y arranca de mí todo aquello que no me permite ver que primero existe la compasión antes que el descanso.

Solo Tú, Señor, entiendes el agotamiento físico al que me he visto sometido mientras atravieso distintos caminos de dificultades y agobios, pues también experimentaste la fatiga e invitaste a tus discípulos al descanso.

Ven, Dios mío, ten compasión de mí y dame un corazón manso y humilde como el tuyo, un corazón capaz de amar, perdonar y consolar. Tú eres mi escudo, oh, mi dulce amor, mi fuente de Gracias eternas. Confío en la fuerza de tu amor que todo lo sana y lo magnifica. Amén. (Qriswell J. Quero de Pérez)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, Pbro.