Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos por este nuevo día que nos regalas, Señor, para vivirlo en fe, en esperanza y en caridad. Tu palabra nos invita a reflexionar y reconocer que muchas veces somos como la oveja descarriada que se ha perdido o como la moneda extraviada. Es hermosa la imagen que nos presentas hoy, Señor, con la alegría del buen pastor que carga sobre sus hombros a la oveja perdida y la alegría de la mujer que ha encontrado su moneda extraviada; así es tu alegría, Señor, así eres tú, así son tus sentimientos por un solo pecador que se ha convertido. Más allá de la alegría que tú sientes, por encima de todo, nos invitas a reflexionar sobre nuestras actitudes, que muchas veces pueden ser actitudes farisaicas o de escribas, aquellos que murmuraban porque tú comías con los pecadores y compartías con ellos.
Tus parábolas de este día nos invitan a que aprendamos a imitar tu actitud de búsqueda y acogida de quienes ha fallado y, como tú, hacerles fácil el camino de vuelta; asimismo, alegrarnos y hacer fiesta cuando se han convertido. Ahora nos queda preguntarnos: ¿acogemos nosotros así a los demás cuando han fallado y se arrepienten? ¿les echamos en cara su falla una y otra vez?
Ayúdanos, Señor, y danos sabiduría para comprender nuestro deber de distinguir qué es lo importante y qué puede dejarse libremente a la conciencia de cada uno. Yo tengo que dar cuenta de mis actos y no meterme a fisgonear en lo que hacen los demás ni perder la paz porque haya diversidad de opiniones y costumbres, cosa que deberíamos considerar como una invitación a preocuparnos más bien por las necesidades de nuestros hermanos.
Bendícenos guárdanos y protégenos. Amén.
Feliz y solidario jueves vocacional.
