Culminamos una semana de arduos trabajos y de bonitas satisfacciones, en medio de desencantos para algunos y de alegrías para otros. Pero con corazón agradecido la hemos colocado en tus manos. Gracias Señor por tu bondad. ¡Último día para celebrar tu Pascua de Resurrección! Gracias, Señor, porque ha sido una fiesta tan importante para nosotros que le dedicamos siete semanas enteras. ¡Tú has resucitado! ¡Tú vives Señor! ¡Tu amor es más fuerte que la muerte, que el pecado, que la injusticia, que el dolor! La esperanza del Reino ya no es un sueño inalcanzable sino una realidad que podemos y debemos construir aquí y ahora. Todos los sueños de fraternidad y solidaridad son posibles desde tu resurrección. Pero eso no significa que la vida siga teniendo todavía sus limitaciones; hay que saber contar con ellas, forman parte de este camino de la vida que todos debemos andar. Tu resurrección no nos libera del compromiso por la justicia y la fraternidad y el amor. Y ese compromiso se tiene que reflejar en nuestra vida concreta. Parte de ese compromiso es liberarnos también de esas dificultades que a veces están demasiado presentes en nuestro corazón (envidias, egoísmos, violencia, odios, negativismo...).
Como María y los apóstoles en la víspera del primer Pentecostés, ayúdanos a permanecer reunidos en oración.
Que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros, para que seamos creyentes entusiastas y testigos fieles de tu Evangelio.
Que nuestra manera de vivir dé testimonio claro que Tú eres nuestra luz y nuestra vida, haznos un solo corazón y una sola alma. Que nuestro amor, preocupación y cuidado de los unos por los otros exprese una fe fuerte en Ti y demos testimonio de que Tú vives en medio de nosotros y de que estamos unidos.
Permítenos ir contigo en el viaje de nuestra vida, fuertes y confiados por medio del Espíritu Santo, para que sepamos construir tu reino de amor y justicia, y para que alcancemos nuestro destino de felicidad sin fin.
Abre nuestros corazones y nuestros sentimientos para que esperemos anhelantes la venida de tu promesa de amor, el Espíritu Santo con sus dones y sus frutos, y que Él transforme nuestras vidas y nuestras familias. Amén.
En la docilidad de nuestros corazones unidos en oración esperemos este nuevo Pentecostés que será felicidad para nosotros. Feliz y anhelante Pentecostés. Santo sábado para todos. Rosario de Aurora y Eucaristía por nuestros hermanos enfermos. Abrazos y bendiciones.
ORACIONES AL ESPÍRITU SANTO
Tú eres nuestro Consolador, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú, el dedo de la mano de Dios; Tú, el prometido del Padre; Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones; y, con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz, sé Tú mismo nuestro guía, y puestos bajo tu dirección, evitaremos todo lo nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y que, en Ti, Espíritu de entrambos, creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.
V. Envía tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. Oh, Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.
