Por el camino que emprenderemos en este día, por ver un nuevo amanecer y por llenar nuestros corazones de esperanza y de paz, te damos gracias, Señor. Hoy queremos caminar para ir a nuestros hermanos a llevarles gozo y alegría una palabra de aliento y una obra de esperanza. Gracias, Señor, porque en esa palabra de este día encontramos la fidelidad que David le quiere expresar a Salomón «¡Ánimo, sé un hombre!» ─le dice─ un hombre para hacer las cosas según el querer y la voluntad de Dios, cumplir sus mandatos. Gracias, Señor, porque al meditar las palabras en el evangelio encontramos sentido a lo que tú nos propones. Hay que ir ligeros, no llevar lo que nos estorbe. Tú envías a tus discípulos de dos en dos. Quieres que vivan sin seguridad y sin poderes humanos, de modo que puedan ser testigos del evangelio, libres y creíbles para predicar, para llegar a la gente en la situación de su propia vida, sin ambigüedad alguna, y para ir a los pobres y liberarlos. ¡Ojalá hoy pudiéramos dar ese mismo testimonio!
Te pedimos hoy nos otorgues un espíritu de pobreza que nos haga libres y disponibles para liberar a todos los encarcelados por el pecado y las fuerzas del mal; para ir a los que están en soledad y tristeza y así logremos ser auténticos testigos te tu amor y tu palabra. Ayúdanos a despojarnos de aquellas alforjas inútiles que nos impiden la verdadera libertad. Que nuestros corazones sean el lugar de las alforjas donde llevamos tu presencia y tu misericordia. Envíanos como enviaste discípulos en el viaje cotidiano de nuestras vidas; así será un viaje en el que aprenderemos a viajar ligeros, llevando sólo lo más esencial, para entrar en la vida de los demás y mostrar tu rostro misericordioso. Amén.
Un muy santificado y vocacional jueves lleno de amor, testimonio, y misericordia. Los abrazos y los bendigo.
